El Hijo De Un Autobusero Paquistaní Que Ha Puesto Londres A Sus Pies

En la casa de Sadiq Khan (Londres, 1970) apenas había hueco para nada. Nacido en el multirracial sur de Londres, él, sus ocho hermanos y sus padres, inmigrantes paquistaníes llegados a Londres poco antes de que Sadiq naciera, vivían en un piso de tres habitaciones. La madre era costurera y el padre trabajó 25 años como conductor de autobús. La vida de Sadiq sería distinta; un argumento de superación y progreso social en una de las ciudades más ricas y diversas del mundo.

Sadiq quería ser dentista. Eligió matemáticas y ciencias en el instituto, pero uno de sus profesores le recomendó estudiar derecho. El chico tenía habilidades para discutir, dijo. Él, apasionado de la serie La ley de Los Ángeles, se dejó convencer. Tras la universidad comenzó a trabajar como abogado de derechos humanos. Defendió, por ejemplo, a un estudiante que se decía discriminado por la Universidad de Oxford y a un hombre desarmado al que la policía tiroteó.

A Sadiq le iba bien. El derecho en Londres, incluso el humanitario, deja un holgado colchón económico. Se casó además con una abogada, también de origen paquistaní, con quien tuvo dos hijas, hoy adolescentes. Ya a mediados de los noventa, Sadiq empezó sin embargo a tener claro que no solo la abogacía le interesaba. Entró en política como concejal de un distrito londinense y por lo que parece, le cogió el gusto.

Sadiq Khan

En 2005 fue elegido diputado del partido laborista, aunque eso no le impidió criticar la política exterior de su compañero y entonces primer ministro Tony Blair. Tampoco dudó en levantar la voz para abordar las increíbles dificultades del terror islamista, lo que hizo que el semanario The Spectator lo nombrara parlamentario del año.

El siguiente líder laborista Gordon Brown lo nombró secretario de estado encargado de municipios y después de Transporte. Sadiq ganó popularidad cuando se negó a subirse el sueldo para dar ejemplo en tiempos de austeridad. Los laboristas perdieron al poco el poder, pero Sadiq continúo en la cúspide del partido. Seguía siendo diputado y además se convirtió en leal escudero del nuevo líder, Ed Milliband, cuya campaña dirigió.

Milliband, sin embargo, cayó en desgracia y los laboristas tuvieron que elegir a un nuevo líder. Y Sadiq volvió, otra vez, a estar al lado del caballo ganador. En 2015 fue uno de los 36 diputados que apoyó la nominación de Jeremy Corbyn, un líder muy controvertido y mucho más a la izquierda de lo que el partido laborista ha estado en los últimos veinte años.

Y en mayo del año pasado dio el paso. Dijo que se presentaría a alcalde de Londres. Logró ser el candidato de su partido, vencer a un conservador millonario y ser nombrado el primer alcalde musulmán de una gran ciudad occidental. La campaña fue tosca. Algunos conversadores acusaron a Sadiq de antisemita o de no ser suficientemente beligerante con el extremismo islámico.

Él apenas se inmutó. Y cuando la semana pasada juró el cargo en la catedral de Southwark en el centro de Londres invitó a representantes de todas las religiones. Su primer acto como alcalde fue además visitar el memorial del Holocausto.

Que Sadiq sea musulmán o paquistaní no llama la atención en Londres. Solo el 40% de los habitantes de la ciudad son lo que se puede denominar 'británicos blancos'. Muchos de los otros son extranjeros o británicos que, como Sadiq, son hijos de inmigrantes. Aun así, su elección ha desatado un aluvión de interés mediático. Y los hay que lo ven como un futuro líder a nivel nacional. Él de momento, pide tiempo y cautela. Es el momento en el que debe demostrar que puede volar solo.