Hablamos con barceloneses que nunca olvidarán dónde estaban el 17A a las 17 horas

La tarde del 17 de agosto será difícil de olvidar para todos, pero los barceloneses atesorarán las imágenes de la barbarie en sus retinas durante años. Algunos estaban disfrutando de sus vacaciones lejos de la capital catalana, pero muchos otros estaban paseando, en sus casas o trabajando. Todos tienen una historia, una visión de esta barbarie que, por desgracia, les acompañará siempre. Seis personas nos han contado dónde estaban y cómo vivieron esas horas de desconcierto y miedo pero también de solidaridad en una Barcelona que hoy llora a sus muertos y heridos.

Rocío, 28

Salimos a la puerta del trabajo y empezamos a ver a mucha gente corriendo desesperada, llorando y gritando, huyendo hacia la Diagonal. Muchas personas se paraban para decirnos que nos fuéramos, que habían oído que los atacantes habían huido y que iban armados. Nos entró mucho miedo porque inmediatamente pensamos que empezarían a matar gente entrando en los locales, como pasó en París. Podíamos irnos ipso facto o atrincheraramos allí y cerrar las puertas.

Así que yo decidí irme Rambla Catalunya hacia arriba y, al salir, una mujer que corría me dió con su cigarro en un ojo. Me quedé paralizada en medio de todo el caos, no podía ver nada y no sabía qué hacer, hasta que una señora me ayudó. "Sigue caminando de mi mano", me dijo. Me llevó al baño de una heladería, me lavó el ojo y me acompañó hasta la avenida Diagonal para coger un taxi. Todo el centro estaba lleno de taxis vacíos y con la luz apagada que se iban, estuvimos casi una hora esperando a encontrar uno que nos llevara, pero ninguno paraba. Fue un verdadero horror y era increíble ver a la gente parándose a hacer fotos en vez de correr o ayudar a otros.

Marc, 25

Por la mañana le había propuesto a mi novia que esa tarde fuéramos a pasear un rato al centro o por las playas. A tomar algo y a distraernos. Somos de los que nos ha tocado trabajar en agosto, así que queríamos salir de la rutina. Llegamos a casa sobre las cuatro de la tarde y nos pusimos a comer. Cuando terminamos nos llamó una amiga para ver si estábamos bien y nos contó qué estaba pasando. No nos despegamos de la televisión ni de Twitter hasta la hora de cenar. Ahora no paramos de abrazarnos cada rato y de pensar que podría habernos pasado cualquier cosa.

Sandra, 28

Trabajo en una empresa de taxis de un pueblo pegado a Barcelona y estaba sola en la centralita cuando sucedió todo. Me enteré porque me llamó un equipo de informativos de RTVE para pedirme transporte al centro, y desde entonces no pararon de sonar los teléfonos. Se colapsó todo y no pude salir del trabajo hasta las 12 de la noche, atendiendo llamadas y cubriendo cómo podíamos. Muchos taxis pararon el servicio porque no podían entrar ni salir de Barcelona por el tráfico, había muchísimo atasco. De 15 vehículos pasamos a ser cuatro y que intentaba ayudar a la gente por la calle gratis. He trabajado en el centro en Navidad y lo de ayer lo supera con creces: la gente estaba muy nerviosa y me pedía de todo. No me quiero ni imaginar cómo estaría el centro si yo estando aquí estaba así.

Arnau, 22

Estaba en casa de mi novia cuando me llamó su hermana y me contó lo que estaba pasando. Estaba muy nerviosa porque estaba intentando contactar con mi novia, que trabaja en una tienda de ropa en Paseo de Gràcia, pero no lo conseguía. Llamé a la tienda y me dijeron que estaban todas bien y que iban a cerrar y a quedarse allí hasta que todo se calmase. Yo trabajo en el FNAC que hay justo el inicio de La Rambla y me tocaba entrar al trabajo media hora después. Al colgar mi cuñada, llamé a un compañero de trabajo y me dijo que ni siquiera fuera, que habían cerrado las puertas y que había mucha gente dentro esperando hasta que la policía avisara. Todo esto podría haberme pillado en el centro y, de hecho, iba a compañar a mi novia al trabajo y quedarme a hacer un café en el Zurich, justo en La Rambla, antes de entrar. Suerte que no fui. Al saber que todo el mundo estaba bien me tranquilicé, pero ha sido una noche dura para todos.

Natalia, 27

Trabajo en una oficina en la zona de Vila Olímpica, no muy lejos de La Rambla, y estaba allí cuando pasó. Si no fuera por los amigos y familiares que empezaron a llamarme y escribirme preguntando si estaba bien no me habría enterado tan rápido de todo. Mis jefes decidieron que nos quedásemos todos allí unas horas, por si acaso. A las 19h nos fuimos yendo a casa en taxi. Por la tarde decidí ofrecer en Facebook mi casa por si alguien necesitaba refugio o ayuda. Lo hice porque en momentos así la gente tiene que permanecer unida y era lo mínimo que yo podía aportar. Vino a dormir un trabajador de un comercio del barrio que por los parones en las salidas de la ciudad no pudo volver a casa.

Eva, 26

Mi hermana me llamó para contarme lo que había pasado y pedirme si podía ir a buscarla al trabajo, en la zona de Marina. Cogí un taxi para acompañarla y que estuviera tranquila, pero por el camino nos desviaron hasta Plaza Urquinaona, no sé cómo, y me tuve que bajar porque no podía ir hacia otro lado. En la calle había mucha confusión, estaban desalojando a gente de El Corte Inglés y del metro. Era todo muy caótico entre helicópteros, gente gritando, la policía sujetando el cordón y procurando que las ambulancias llegaran hasta La Rambla.

Mis amigos y familiares llamaban todo el tiempo pero la mayoría de las veces se cortaba la línea y apenas podía decirles que estaba bien. Al final me encontré con mi hermana y volvimos en el metro. No pude contener el llanto porque no entendía nada, había muchísima tensión y tenía miedo. Yo soy donante, así que al llegar a mi barrio, Horta, me fui directa al Vall d'Hebron a donar sangre. Había mucha cola y salí a las once menos cuarto del hospital después de casi tres horas. Los médicos y las enfermeras no podían salir de allí porque la Ronda de Dalt estaba cortada, así que se quedaron a ayudar. Todavía hoy todo esto sigue pareciéndome imposible.