Es Bastante Grave Que El 82% De Las Mujeres En Política Haya Sufrido Violencia Psicológica

Solo hay que echar un rápido vistazo a los sillones del poder global para constatar que, en la mayoría de los casos, los puestos políticos y directivos más importantes están ocupados por hombres. Hay 194 países soberanos en el mundo, pero los liderados por mujeres no llegan a la veintena. En la lista de multimillonarios de Forbes hay que avanzar hasta más allá de la décima plaza para encontrar a la primera mujer. En España, más de lo mismo: Solo hay tres al frente de las grandes compañías del Ibex 35 y unas diez mujeres forman parte de la lista de las cien fortunas del país.

Visto así, parecería incluso paradójico que sea una mujer la que lleve más de diez años al frente de Alemania, país motor de Europa. O que, en menos de una semana, otra mujer pueda alcanzar por fin el cargo de presidenta de los Estados Unidos, el de mayor poder del mundo. De hecho, lo es. Porque lo habitual es que las mujeres queden apartadas de la primera línea de la acción política. Y lo que es peor: muchas de ellas sufren un auténtico calvario para desempeñar sus funciones en un mundo de hombres.

Lo demuestra un estudio que acaba de publicar la Unión Interparlamentaria (la organización internacional que aúna a los parlamentos) donde cerca del 82% de las parlamentarias encuestadas asegura haber sufrido violencia psicológica. Dentro de ese porcentaje, el 44,4% dice haber sido amenazada de muerte, con ser violada o con recibir una paliza, entre otras lindezas.

Pero eso no es todo: cerca del 22% de las que han participado en el estudio podrían haber sufrido violencia sexual, y más del 25%, violencia física. Esto no es comparable con la violencia que afecta a las mujeres en el mundo en general, pero es un dato más que demuestra que todavía queda mucho para que las cosas estén igualadas entre los dos sexos. Aunque ya hayan pasado más de 60 años de aquella Declaración Universal de los Derechos Humanos que apuntalaba el derecho al voto de la mujer y su participación en la vida política en igualdad de condiciones con el hombre.

Qué dice el estudio

Los especialistas de la Unión Interparlamentaria han hablado con 55 parlamentarias (de todas las edades) de 39 países diferentes.

Lo que cuentan algunas de ellas pone los pelos de punta: una parlamentaria de Asia dice que le envían datos de su hijo; "cuántos años tiene, a qué escuela va, en qué clase está, etc., amenazándome con secuestrarlo". Otra, subsahariana, explica que "una colega diputada me dijo que el presidente del Parlamento le había pedido relaciones sexuales. Como ella se había negado, nunca más le dio el derecho a tomar la palabra en el Parlamento". Y una europea cuenta que "una vez, durante cuatro días, recibí más de 500 amenazas de violación diarias en Twitter".

Los acosadores son compañeros de su propio partido, de partidos rivales y ciudadanos en general -a través de las redes-. Hasta miembros de sus propias familias. Y la cosa se pone especialmente fea si las mujeres pertenecen al partido de la oposición, a un partido minoritario o si tienen menos de 40 años.

¿Cuál es la consecuencia? Que, además de la presión que existe ya de por sí en la política, algunas mujeres se lo piensan mucho más a la hora de decidir si continuar o no con esa carrera, si repetir mandato, etc. Porque el acoso y los insultos les destroza la confianza en sí mismas, hace que les cueste más expresarse con libertad y les afecta hasta el punto de que algunas acaban temiendo por su vida y la de sus familiares.

Las que lo han sufrido

El caso de Dilma Rousseff, ex presidenta de Brasil, es un ejemplo. Más allá de las acusaciones de haber maquillado las cuentas públicas del país, mientras se debatían entre tirarla por la borda de la política o no, los ataques sexistas fueron bestiales. Pegatinas en los coches colocadas estratégicamente que la retrataban abierta de piernas, revistas tachándola de mujer 'histérica', periodistas que la animaban a erotizarse y otras salvajadas por el estilo.

Y, claro está, en España también ocurre. Que se lo pregunten a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona. "En una sociedad seria y sana, estaría limpiando suelos y no de alcaldesa de Barcelona", dijo sobre ella Óscar Bermán, concejal del PP en Palafolls. Y se quedó tan ancho. O a varias representantes de la CUP a las que les han llamado feas, putas y un poco de todo.

He visto las fotos, he pensado que hoy, siendo domingo, Anna Gabriel se habría "arreglado", pero veo que no. (Ahora ya me podéis insultar :)

6 mujeres feas han decidido el futuro de Catalunya. Qué manera más terrible de moriY qué decir de los míticos 'morritos' de Leire Pajín, miembro del PSOE"Cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a contar aquí", decía sobre ella, en 2010, el entonces alcalde popular de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva. Una manera muy ruin de intentar descalificar al adversario político.

Es cierto, no podemos olvidar que todos los políticos, sean del sexo que sean, por el hecho de ser personajes públicos, están más expuestos a sufrir amenazas y maltratos de este tipo. Eso nadie lo niega y hay que condenarlo también. Y es cierto también que cada vez hay más mujeres escalando hasta los puestos más altos de la política. Pero aún así, la violencia sexista contra las mujeres parlamentarias no ha cesado, ni mucho menos. Y hay que tomar medidas.