Soy gay, extranjero y me he casado con una española por papeles

Cada año centenares de homosexuales extranjeros contraen matrimonio con hombres y mujeres españolas para obtener los papeles

Miguel Ángel se casó por amor hace seis años. Pero debido a que es mexicano y su marido, Roberto, es español, las autoridades les sometieron a unos requisitos que ayudarían a descartar que su unión matrimonial fuera por conveniencia. Una cautela burocrática que parece no entender que el amor no tiene forma jurídica. En concreto, el Artículo 68 del Código Civil dice que “los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente”. Y, aunque alguno de estos puntos son más que cuestionables en las parejas de la actualidad, deben cumplirse al 100% y sin generar sospechas si el objetivo es un matrimonio de conveniencia. Esas y otras cientos de reglas más, a cada cual más absurda. 

“Uno de esos requisitos”, me cuenta entre risas Miguel Ángel que, en aquellos momentos, apenas tenía 26 años. “Fue someternos a una entrevista escrita de unas 100 preguntas. Tuvimos que responderlas cada uno en una mesa diferente del juzgado para impedir que nos ‛copiásemos'. Sí, como un examen. Las preguntas eran del tipo: ¿cuál es la comida favorita de su pareja?, ¿cuál es el último regalo que le hizo su pareja?, ¿cuál es el nombre de los suegros de sus cuñados? O ¿De qué color son las cortinas de cada cuarto de la casa?”, comenta. Un test en el que, seguramente, el 90% de las parejas suspenderían y no porque no se quieran, sino porque en muchas ocasiones son detalles minúsculos. 

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Y sí, a pesar de que parezca una encerrona, es completamente obligatorio: todas las parejas de diferente nacionalidad deben someterse a una entrevista individual y reservada con un funcionario del juzgado. Si la pareja no levanta sospechas, la boda podrá llevarse a cabo, pero el funcionario puede desestimar el matrimonio si considera que se está perpetrando un engaño.

Cuando aceptar tu sexualidad no es una opción

El 3 de julio del año 2005 se celebró el primer matrimonio gay en España. Ese mismo año se celebraron en España más de 1.200 matrimonios entre parejas del mismo sexo, así lo reflejan los datos el Instituto Nacional de Estadística (INE). Hoy en día, casi 13 años más tarde, puede decirse que ya han pasado por el altar varias decenas de miles de parejas homosexuales. Ahora bien, cuando hago una lectura de la actualidad y observo mi entorno más a fondo, descubro que la mayoría de las personas extranjeras que conozco que están intentando conseguir la nacionalidad son homosexuales. Algunos, como Miguel Ángel, han hecho un largo trabajo para que su familia acepte su sexualidad y así él consiguiera casarse con la persona que amaba.

João no tuvo esa suerte. Nacido en Brasil hace 29 años en una familia donde jamás aceptaron su homosexualidad, debió esconderse, ocultar su identidad y ser un ‘macho’, un hombre fuerte, serio y de gesto inquebrantable. Pero entonces viajó: llegó a España con una beca para bailar, encontró un entorno agradable, un grupo de amigos y, en definitiva, un nuevo hogar junto a Esther: su mejor amiga, compañera de piso y pareja de hecho (en los papeles). A pesar de que había logrado regularizarse, sus miedos aún existían y la apariencia de masculinidad reinaba en él. Su mayor pánico sigue siendo que su familia descubra que vino a Europa a poder vivir su sexualidad con libertad y que su aparente relación perfecta con Esther es de conveniencia.

Para el Doctor en psicología especializado en LGTB, Antonio Ortega López, lo de João es un caso arquetípico en muchos hombres homosexuales de países con sociedades conservadoras para experimentar una vida plena en Europa. "La razón principal por la que una persona esconde su orientación sexual es el conocimiento de la homofobia existente y el estigma social que conlleva ser homosexual en una sociedad que se da por normativa la heterosexualidad; el temor a ser rechazado por su entorno social o incluso familiar y también el hecho de pensar que no va a poder realizarse laboralmente al ser abiertamente homosexual”, apunta.

Algo muy parecido le sucedió a Sergey, que únicamente descubrió su homosexualidad al llegar a España y sentirse libre para estar con otros hombres. Al menos eso ha podido saber después de acudir a varias sesiones de psicoterapia: “Me daba asco de mí mismo pensar que me gustaban los hombres. Me rechazaba, me estaba autoengañando, por eso me casé con la que ahora es mi mujer”. Nacido en Rusia, se trasladó a Barcelona para realizar sus estudios, era “el típico tío guapo y ligón con el que querían estar todas las chicas”, así lo explica mientras recuerda. Cuando decidió que esta sería la ciudad donde pasaría el resto de su vida, tuvo que regularizar su situación “y entonces apareció Sofía” con la que tramitó todo para casarse, superó las preguntas y las revisiones. Sin embargo, ella no sabe que Sergey es gay y que la quiere mucho, pero como amiga. 

Tanto Sergey como João se unieron ante los ojos de la sociedad con mujeres para poder conseguir la nacionalidad española y para que, además, pudieran contarles a sus respectivas familias el lazo. Ortega López apunta que el hecho de que existan “hombres homosexuales casados con mujeres es mucho más frecuente de lo que la sociedad piensa, sobre todo hombres de una determinada edad que vivieron una época en el que ser homosexual estaba incluso perseguido” y puntualiza: “Están los que deciden vivir su homosexualidad aunque conozcan el estigma y rechazo de la sociedad y otros que para evitarlo deciden vivir una ‘vida heterosexual’”.

Nacionalidad española o la infinita espera por la legalidad

Después del casamiento que, por cierto, consiguieron ya que superaron el ‘examen’, los intereses profesionales de Miguel Ángel lo llevaron a comenzar a tramitar la nacionalidad española. Años más tarde fueron esos mismos intereses profesionales los que significaron la ruptura de su matrimonio con Roberto. Pero no. La ley dijo no, no, no. Que no se divorciara si su deseo era el de obtener la nacionalidad española. La ley ‛sugiere' que el hecho de estar unido en matrimonio con un español favorece la adquisición de la nacionalidad, pues el matrimonio demuestra un mayor vínculo con España, una mayor integración. Vamos, que da puntos. “Como si haber estudiado una carrera, trabajar y pagar mis impuestos en este país no generara vínculo importante”, dice Miguel Ángel cabizbajo.

Archivo personal

Beatriz Murillo es abogada especialista en extranjería e inmigración. Ella explica que la nacionalidad española a través del matrimonio es en realidad “una nacionalidad española por residencia. El matrimonio con un español solo altera el plazo de tiempo que se exige de residencia legal en España antes de poder solicitar la nacionalidad”. En la práctica esto supone que se acortan los plazos y por tanto se modifica el requisito temporal de residencia legal previa en España.

Para salir del riesgo de tener que pagar una multa de hasta 10.000 euros por un matrimonio de conveniencia muchas parejas optan por hacerse —justamente— parejas de hecho. La diferencia de esta unión frente al matrimonio es básicamente el tiempo de espera para conseguir la nacionalidad española. Tras un año de unión se puede comenzar a tramitar la nacionalidad española, mientras que en una pareja de hecho la espera está relacionada con el país de origen: “La norma general son 10 años, eso sería lo legal. La situación cambia si tienes condición de refugiado, en este caso la espera es de 5 años. Por el contrario, para personas de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal la espera es de 2 años”.

En el año 2016 se registraron 1.193 matrimonios entre homosexuales en España en los que al menos uno de los integrantes era extranjero: 414 entre mujeres y 779 entre hombres. Un número, según las estadísticas de años anteriores, bastante bajo ¿Podríamos sospechar, conociendo unos pocos casos, que muchos de los matrimonios heterosexuales registrados en el 2016 en el que al menos uno es extranjero están conformados por homosexuales que llevan una doble vida? Desde luego, viendo cómo se lo tienen que montar las parejas extranjeras, la respuesta parece no estar en los números oficiales. 

Archivo personal

Prueba de ello es que, según informó el diario El País, el pasado año una pareja residente en Murcia fue ‘atrapada’ por la policía en el interrogatorio para conseguir casarse por haber discrepado en el color de las sábanas y en el lugar que ocupaban en la cama para dormir. El Tribunal Superior consideró que la pareja se unía en matrimonio con el único objetivo de que el hombre, que es inmigrante, obtuviera la residencia. También resulta que fallaron sobre la hora en la que se levantaban.

El hombre declaró que sale de la cama a las 06.00 horas y que ella, cuando no trabaja, se levanta sobre las 11 o 12 del mediodía. La declaración de ella fue contraria: la mujer afirmó que el hombre se levanta a las 07.00 horas y que ella, cuando no trabaja, sale de la cama a las 09.00. Un ‘delito’ que les supuso 10.000 euros de multa y la imposibilidad de llevar a cabo sus planes de boda. Creo que, por las dudas, voy a aprenderme bien a qué hora se levanta mi pareja (sí, también soy extranjera) para cuando decidamos casarnos que, de momento, no es una opción en nuestras vidas.