La falsa sonrisa de los delfines oculta una triste realidad

Los delfines son adorables, los delfines son maravillosos, a todos nos gustan los delfines pero, ¿y a los delfines, les gustamos nosotros? Seguro que no tanto como para pasarse la vida encerrados en un acuario haciendo monerías para que aplaudamos. Pero a nosotros no nos importa, especialmente en España que es, de lejos, el país europeo con más delfines en cautividad. Se estima que hay 98, mientras que en el resto de Europa hay 183, y no contentos con eso todavía se está construyendo uno nuevo en Lanzarote si ong's como SosDelfines no consiguen impedirlo.

La condena de los delfines es su mandíbula, que hace que parezca que están siempre sonriendo. Esa falsa sonrisa oculta el sufrimiento que les produce haber sido separados de su familia (los delfines tienen una conciencia individual y también una social, de manada, por así decir) y tener que vivir en una piscina minúscula con desconocidos, completamente alejados de los estímulos que hallan en el océano. En cautividad, carecen completamente de meta, apenas pueden moverse, están fuera de su entorno y su familia y, además, se ven forzados a procrear y a separarse de sus crías.

Quien dice delfines, dice cetáceos en general, porque las orcas no es que vivan mejor el cautiverio que los delfines, y la tendencia, a nivel internacional, es a promulgar leyes para protegerles y garantizar su libertad. Por una parte, muchos países han prohibido los espectáculos y los entrenamientos circenses, ya que suponen un entrenamiento en que sufren hambre y violencia.

Por otro lado, la empresa Seaworld, que tiene varios parques temáticos relacionados con los animales marinos, ha dispuesto que no volverán a criarse orcas en cautividad y que, cuando mueran las que viven hoy por hoy en acuarios y zoológicos, no se capturarán más. Pero esta medida no es gratuita, han influido documentales tan impactantes como Black Fish, en el que se cuenta la historia de la orca Tilikum que se volvió violenta por el sufrimiento que le causaba el cautiverio y acabó matando a su cuidadora.

delfines codigo nuevo

Aparte de todos aquellos que defienden que los animales deberían tener los mismos derechos que las personas, ya que partimos de un prejuicio a la hora de considerarnos la 'especie superior', todo aquel que conoce algunas características de los cetáceos se ha sumado a estas quejas.

En The cove, el documental que muestra las horribles matanzas y capturas de delfines en Taiji, nos hablan de algunas de esas características. El antiguo entrenador de las cinco delfinas que dieron vida a Flipper, Rick O'Barry, cuenta cómo él acercaba la televisión a la orilla y las delfinas eran capaces de reconocerse en la pantalla. Vamos, que tienen consciencia de su propia identidad. 

También cuenta que Flipper fue la condena de los delfines. Una de las delfinas-Flipper acabó en un acuario y, después de mucho sufrimiento, decidió no volver a respirar. Los cetáceos controlan su respiración de forma activa, suben a la superficie cuando lo necesitan, y esta criatura decidió no subir más. Desde ese momento, Rick O'Barry se dedicó a luchar contra el cautiverio de los delfines. 

La cuestión que subyace a todo esto es qué nos convierte en personas. Algunos opinan que es la inteligencia, pero si así fuera, las personas con discapacidades intelectuales no podrían considerarse personas o bien deberíamos incluir a los cerdos, los simios o los cuervos dentro de esta categoría. Otros creen que es la capacidad de sentir emociones, pero la mayor parte de los mamíferos, muchas aves y todos los cetáceos sienten. Así que sólo nos queda creer que existe el alma o empezar a cambiar nuestra manera de considerar a los animales.

Tenemos mucho que aprender de los delfines, pero jamás podremos hacerlo si les arrebatamos la libertad. Otros países se han dado cuenta. ¿Cuándo nos daremos cuenta en España?

Para más información: sosdelfines.org