La explotación laboral de Oriente Medio que se quiere ocultar

Pensó que se trataba de su gran oportunidad. Un sueldo de los que no se cobran en España, trabajando de lo suyo y contratado por una gran multinacional. Por eso se embarcó en la aventura. Su madre intentó disuadirle, diciéndole que trabajar en un país tal lejano, con la de cosas que se oían en las noticias, podía ser peligroso. Pero él hizo las maletas y puso rumbo a Arabia Saudí. Inabensa, una filial de Abengoa, le había contratado como mecánico para trabajar en las obras del AVE Medina-La Meca, el mayor contrato de la historia obtenido por un consorcio español en el extranjero (6.700 millones de euros).

“Él nunca nos contaba demasiado. Sólo que las jornadas eran interminables, que llegaban a trabajar 12 y hasta 14 horas diarias. Pero nunca se quejaba, no quería preocupar a sus padres ni a su hermano”, cuenta a Código Nuevo uno de sus mejores amigos que ha preferido no dar su nombre. La semana pasada, dos hombres se presentaron en su casa de Jayena, un pequeño pueblo de Granada, con la peor de las noticias. El joven S.R.M., de 28 años, había fallecido en un accidente. La primera versión fue que le había caído encima una prensa hidráulica. Después se habló de una bobina de cable mal fijada o de un cable tensado que “le habría pillado”… Pero su familia sólo escuchó la primera frase.

“En la mañana del 3 de febrero se ha producido un accidente en Arabia Saudí, en el que ha fallecido un trabajador de la compañía. Dicho trabajador estaba desempeñando tareas de mantenimiento de la línea ferroviaria AVE Medina-La Meca”. Esta ha sido la respuesta de Abengoa al ser preguntada por Código Nuevo. Pero su amigo nos ha contado más: “los padres dijeron que querían viajar allí inmediatamente para velar a su hijo, pero los dos hombres les dijeron que no iban a poder. Al parecer, en Arabia Saudí era fiesta”. Por eso, según explican, el cuerpo del joven mecánico no podrá ser repatriado hasta, como pronto, la semana que viene.

Esto pone la incógnita en las condiciones de trabajo y de vida de los operarios que están ahora mismo construyendo los 450 kilómetros de alta velocidad en Arabia Saudí. "aunque él no contaba casi nada para no preocuparnos, sí sé que las condiciones eran durísimas. Hay que tener en cuenta que allí hace mucho calor, y que sólo si se pasa de 40 grados dejan de trabajar al aire libre. Pero trabajar con 39 también debe ser el infierno", asegura.

Parece que sólo cuando ocurren desgracias nos ponemos a pensar. ¿De verdad sabemos cómo es la vida de los españoles que trabajan en Arabia Saudí y en todos los países del Oriente Medio? Carlos López es de Avilés, y también trabajó en esa zona, aunque para otra gran compañía española. “Nos trataban como esclavos. Vivíamos recluidos en urbanizaciones aisladas y nuestra vida se reducía a ir de casa al trabajo y del trabajo a casa en autobuses fletados por la empresa”. Carlos recuerda que no tenían un comedor debidamente habilitado, tampoco duchas ni vestuarios. “A mí me despidieron fulminantemente por negarme a trabajar 12 horas. Un día, el jefe se me acercó y me amenazó con echarme, a lo que yo le contesté que me iba a ceñir a lo que había firmado en el contrato, que me obligaba a trabajar 10 horas. El tercer día que me ‘atreví’ a desobedecerlo, me despidió”, contaba Carlos López en 2014 a El Diario de Avilés.

Y eso que, según nos cuenta el íntimo amigo del fallecido, los trabajadores europeos están mejor considerados y tratados que los asiáticos: “En las obras del mundial de 2022 que se celebrará en Qatar han muerto ya 1.200 personas, la mayoría hindúes, nepalíes y paquistaníes, y aún se esperan 4.000 muertos más hasta que terminen las obras”. La Confederación Sindical Internacional habla, incluso, de semiesclavitud: “Un 90% de los obreros tiene el pasaporte retenido por los empleadores, un 20% cobran un sueldo diferente de lo prometido y un 21% no cobra en la fecha acordada”, aseguran en su informe ‘El caso en contra de Qatar’.

En el caso de las obras del AVE Medina-La Meca, este no es el primer fallecido. Se sabe al menos de otro, un paquistaní que murió faenando para otra subcontrata extrajera. Poco más se sabe al respecto. Y, aunque las críticas contra las condiciones de las bases en las que operan las empresas españolas del consorcio no son pocas, portavoces oficiales aseguran cumplir todas las normas y que, si bien son mejorables, las instalaciones son correctas.

Ahora la pregunta es: ¿debemos esperar a leer noticias como esta para interesarnos de verdad por los derechos de los trabajadores en el mundo? Abengoa “ha informado inmediatamente a las autoridades pertinentes y activado todas las medidas para atender a la familia y ofrecer toda la colaboración que sea necesaria”, como dicen en su comunicado, pero, ¿podrían ponerse más medidas para evitar estos accidentes? La información cae con cuentagotas, y el cuerpo del joven continúa en Arabia esperando… ¿a qué? ¿A que terminen las fiestas del país? ¿Y por qué casi ningún medio ha hablado de esto? Su amigo de la infancia ha volcado toda su frustración en una carta abierta, que termina con la frase: “cuando ya no te queda nada que perder, sólo te queda ganar, ir a por todas, y hacer que los responsables paguen, tanto por él como por todos los demás que persiguieron un sueño de papel”.

¿Debemos exigir más información a las empresas y a los Estados? Las preguntas quedan en el aire, con la esperanza de que esta muerte, al menos, sirva para remover conciencias.