Un experto en crimen organizado nos explica a qué se dedican las bandas que operan en España

Códigos secretos, jerarquías pétreas, armas y violencia. Esbirros que hacen el trabajo sucio y líderes que coordinan desde la sombra. Palizas y asesinatos, extorsiones. Soplones, confidentes. Venganzas. Y dinero, mucho dinero negro, oculto, ilegal. El cine y la televisión han creado una imagen oscura de las bandas de crimen organizado. Los Soprano, CSI, Uno de los nuestros, El Padrino, etc. La ficción se ha ocupado de recrear los usos y costumbres de los grupos que se mueven al margen de la ley, pero tal vez la realidad sea todavía, si cabe, más sórdida y cruda.

En España operan, según los datos oficiales, 400 bandas de las más de 3.600 identificadas en Europa. La mayoría se dedican al narcotráfico, al contrabando de joyas y falsificaciones y al blanqueo masivo de capitales. Pero ya no pueden ser entendidas como bandas independientes que pelean por hacerse con el poder; estos grupos criminales operan ahora como grandes multinacionales del crimen y llegan a establecer lazos de colaboración entre ellas.

Las Naciones Unidas y el Consejo de Europa las definen como entidades formadas por varias personas con funciones repartidas, con una estructura interna y que tienen continuidad en el tiempo. Pero, ¿cómo son realmente las bandas que trabajan al margen de la ley en nuestras ciudades? El reflejo del cine, ¿es fiel a la realidad? Un experto en delincuencia nos ayuda a contestar a estas y a otras preguntas.

El mapa del crimen organizado en España

“Todos estos grupos funcionan como máquinas bien engrasadas. Igual que cualquier empresa, se dedican a la comercialización de bienes y servicios, solo que en este caso son ilegales”, comenta el doctor por la Universidad de Salamanca, profesor de Derecho Penal y experto en crimen organizado, Eduardo Fabián Caparros, que conoce bien las entretelas de estas organizaciones. En su opinión, el crimen es tan antiguo como el hombre pero el verdadero origen del crimen organizado en España se remonta a los tiempos del estraperlo. “Era un mercado ilegal de productos cuando estos estaban restringidos. Pero el tiempo avanzó y, por ejemplo, del contrabando de tabaco se pasó al de la cocaína y otras drogas”, asegura.

Entonces, ¿a qué se dedican las principales bandas de crimen organizado que trabajan en España? La mayoría de ellas se centran, según el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, en el narcotráfico, aunque también son relevantes las dedicadas a los robos con fuerza, las estafas y las especializadas en la trata de seres humanos con fines sexuales. Para Fabián Caparrós, son las tres grandes operaciones ilegales que gozan de especial importancia: “las bandas nacionales y latinoamericanas se dedican, efectivamente, al narcotráfico, igual que las del medio oriente –los colombianos, la coca; los marroquíes, el hachís y los turcos, la heroína–, mientras que las orientales se centran en la falsificación y contrabando de objetos y en controlar los flujos de dinero”.

El primer gran grupo encuentra en España un escenario ideal. “Seguimos siendo el portaaviones de Europa, el punto perfecto para recibir la droga internacional y para distribuirla hacia el resto de países europeos”, explica el profesor. Por eso, no es extraño encontrar titulares relacionados con la desarticulación de redes de contrabandistas o con la detención de grandes capos que viven plácidamente en la Costa del Sol. Tampoco es un secreto que los grupos criminales chinos ostentan el poder mundial de la falsificación de objetos de todo tipo. No en vano, el 77% de las falsificaciones que se incautan en España proceden de ese país y, de nuevo, nuestro país es el mejor trampolín para introducir las mercancías fraudulentas al resto de Europa.

“Los líderes de estas bandas saben bien lo que hacen, y por eso instalan sus centros en las grandes capitales y en la costa, donde hay negocio. Funcionan porque se las acoge, y se aprovechan de que la colaboración policial entre países es, en ocasiones, tremendamente complicada, y todavía lo es más si pensamos en las aplicaciones que las nuevas tecnologías brindan a la ilegalidad. Porque, ¿quién le pone coto al bit-coin?”, sentencia el experto.

Nuevos tiempos también para el crimen

La tercera de las grandes patas de las bandas organizadas es la del blanqueo masivo de capitales. Basta con recordar algún ejemplo como la ‘Operación Emperador’. Esta trama blanqueó entre 200 y 300 millones al año, alcanzando la cifra de los 1.200 millones en tan solo cuatro años. Los tres clanes implicados, formados en su inmensa mayoría por ciudadanos chinos y con Gao Ping a la cabeza, obtenían dinero mediante infracciones cometidas en España.

Uno de los principales escollos con los que se enfrentan ahora estas redes criminales es el mecanismo para poder blanquear el dinero, especialmente en un tiempo en el que ya nadie opera con metálico. Por eso, se urden complejas tramas para introducir enormes cifras en el circuito legal. Es el nuevo gran negocio de estas multinacionales del crimen organizado. El profesor Fabián Caparrós explica uno de los muchos métodos utilizados:

“Se utilizan las llamadas redes de jabaladares, una forma de ‘mover’ grandes sumas de dinero sin cambiarlo de lugar. El mecanismo es simple: imaginemos que queremos llevar cinco millones de dólares de San Francisco a Hong Kong. Me reuniré con un contacto en Estados Unidos, al que le pediré que inicie la operación, diciéndole que una persona irá a buscar esa suma en mi nombre al lugar de destino en China. Él me dará, por ejemplo, medio naipe –o una contraseña secreta–  y hablará con otro contacto de su red criminal en Hong Kong, avisándole de que alguien, con ese medio naipe, irá a retirar el dinero. Ambos contrabandistas se intercambiarán la otra mitad del naipe y, finalmente, cuando nuestro contacto acuda al lugar de destino, se comprobará si ambas mitades del naipe coinciden. Todo a cambio de una suculenta comisión, por supuesto. Se logrará así haber ‘movido’ cinco millones de dólares cuando lo único que ha cambiado de lugar son los dos pedazos de una carta”.

Unos últimos apuntes

¿El terrorismo se integra, entonces, en esta categoría? El profesor afirma que no: “Los terroristas no tienen los mismos objetivos; aunque sí buscan conseguir dinero, ellos lo invierten en actos del subversión política, no en su propio enriquecimiento. Por eso, conviene separar”. Pero sí establece un paralelismo con otra realidad con la que estamos bien familiarizados. “La corrupción sí puede considerarse crimen organizado. ¿Qué es la influencia pública sino un servicio ilegal que se intercambia por dinero, por sobornos?”, reflexiona, y añade: “La Administración Pública es la entidad más jerarquizada que existe, y aquel que se sirve de sus herramientas para ‘traficar’ con influencias es, sin duda, un criminal”.

Lo innegable es que, si bien las estadísticas solo sirven para dar una imagen aproximada, el crimen organizado mueve sumas de dinero que “superan con creces el presupuesto total de muchísimos países del mundo”, confirma el profesor. Por eso, la lucha contra ellos se implementa de forma más taxativa día a día. Para finalizar y a modo de reflexión, Fabián Caparrós abre un catálogo de dudas que, hoy por hoy, todavía no tienen respuesta: “¿Estamos implementando una política criminal adecuada?, ¿por qué el cannabis es delito y no lo es el alcohol y el tabaco?, ¿cómo podemos lograr que la colaboración entre países sea más fluida?”.

Como hemos visto, la historia se ha encargado de demostrar que el crimen es algo inherente al ser humano. Desde tiempos inmemoriales, se ha matado, extorsionado y coaccionado para conseguir réditos económicos. Resulta duro admitirlo, pero la conclusión obligatoria es que, mientras exista el hombre, existirá el crimen organizado.