Educación Y Aburrimiento: La Realidad De Por Qué Hay Cada Vez Más Jóvenes Desmotivados

"¿De qué coño me va a servir esto?" es la clásica pregunta nos hemos hecho todos alguna vez durante nuestra etapa de estudiantes. Y era en serio, hasta con cierta ira y unas pequeñas pero inocentes ganas de hacerle daño a alguien. Porque cuando tienes 16 años te importa bastante poco que el peso atómico del Antimonio sea 121,75, especialmente si a ti lo que te gusta es la literatura, o los videojuegos, o no tienes ni idea de lo que te gusta (pero estás seguro de que eso, no).

En la universidad queda un poco la sensación de que si la carrera durase dos años en vez de cuatro saldrías igual de preparado y sin tantos problemas de salud a causa de los nervios. Pero ya te entra otra duda: "¿Realmente será el sistema educativo que nos llena la cabeza de cosas inútiles, o es que yo soy incapaz de entender la finalidad de todo esto que me enseñan?".

He aquí el quid de la cuestión. Tal vez el problema no sea que la mayoría de lo que nos enseñan solo nos vaya a servir para ganar al Trivial, sino que no nos han explicado cómo utilizar toda la información que nos dan. No nos dicen que las matemáticas pueden servir para analizar la poesía; que la literatura es clave para entender la historia; o que la geometría básica da sentido la mayoría de cosas que nos rodean. ¿¿Pero, cómo?? El modelo de enseñanza tradicional consiste en información, más información, un poco más de información, y cuando ya te han dado toda la información que consideran necesaria, te hacen un examen, te ponen nota y a buscarte la vida. Monótono, lineal, poco efectivo: aburrido.

Éxito, estudio, universidad, código nuevo

Esto se traduce en que nuestro sistema de enseñanza crea jóvenes desmotivados. Incluso entre aquellos que van a la universidad hay muchos que lo hacen apáticos, como si lo hicieran porque creen que lo tienen que hacer, no porque quieran. Y así no es raro que por lo general la OCDE nos ponga finos cuando hace balance de la educación mundial. Lo jodido es que ya cuando escuchamos que España da pena en el informe PISA nos parece hasta normal. A ese punto hemos llegado, al "bueno, esto es lo que hay".

Tampoco usemos este ránking como referencia absoluta, porque los países que lo encabezan también tienen sus cosillas que no molan nada. Singapur, Japón o Corea del Sur están al frente de la clasificación gracias a un modelo que apuesta mucho más por lo práctico, pero también por tener a los niños en un régimen escolar estricto y con horarios que pueden superar las 12 horas diarias. La exigencia es tal que en Singapur a los 12 años se debe pasar un examen cuya nota marcará el futuro académico del estudiante, cerrándole prácticamente todas las puertas de una buena educación secundaria y ya no digamos superior.

Pero más cerca hay ejemplos menos radicales y también muy eficientes, como Finlandia. De hecho el país nórdico tiene una curiosidad: sus estudiantes de primaria son los que tienen menos horas lectivas anuales del mundo. La mayoría están en la guardería hasta los 5 años y no empiezan la primaria hasta los 7. ¿Cómo cojones se explica entonces que a los 15 estén entre los más preparados del planeta? Con un sistema educativo que fomenta la relación entre profesores, familia y alumnos y que no califica a los alumnos hasta quinto curso.

Éxito, estudio, universidad, código nuevo

No descubrimos nada si decimos que un profesor motivado es vital para mantener motivados a los estudiantes, y en España -al menos por mi experiencia personal- la gran mayoría de profesores son todo lo contrario. En Finlandia los profesores están en formación continua y el mismo maestro está con los mismos niños los seis primeros años, creando un vínculo que refuerza a todos los alumnos. El resultado de esto es que el abandono de la educación obligatoria no llega al 10%, mientras que en nuestro país más o menos uno de cada tres jóvenes no acaba la secundaria. Y lo más gracioso: en Finlandia la universidad es gratuita.

Algunos países europeos están empezando a seguir este modelo, pero ello implica invertir en educación y aquí somos más de recortar, así que está difícil el tema. Esto es lo que hay.

Crédito de la imagen: Eduardo Acierno