Disney, no queremos más Bellas, por favor

Disney, no más Bellas. Lo digo por muy Emma Watson que sea y por mucho que intentes parchear lo que, en el fondo, sabes que es la historia de un síndrome de Estocolmo con tendencias zoofílicas. Te hablo de eso que acabas de estrenar, ese zombie al que llamas La bella y la bestia. No te esfuerces en vano: un personaje femenino fuerte es mucho más que coger una princesa boba y empoderarla con calzador.

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Disney, has creado un monstruo. Y no me refiero a esa alfombra con cuernos que aparece en la película: hablo del mamotreto cultural —y fuente de jugosos dividendos— que son las ‘princesas Disney’.  Una categoría de pensamiento que según Kiara M. Hill, autora del estudio "Fabricando una princesa Disney", se aplica a mujeres "hermosas, jóvenes y blancas que viven en tierras exóticas e irreconocibles". Sí, sí, lo sabemos. Con los años has ido luchando contra el estereotipo racista, pero —como también pasa en Vaiana cuando la chica repite una y otra vez que ella solo es "la hija del jefe de la aldea" una princesa no deja de ser una princesa solo por decirlo.

En el fondo ya lo sabes. Bella no deja de ser un estereotipo por mucho que le arrojes a la cara elementos de empoderamiento. Al menos, no si lo haces tan toscamente como en esta película. Disney, da hasta penita ver cómo se esfuerza Hermione por compaginar su militancia feminista con ese esquema tuyo tan rígido. Difícilmente el hecho de que ame los libros, o que use cachivaches para ahorrarse el trabajo doméstico, hará de un estereotipo tan sobado —¡se llama "Bella", por el amor de Dios!— algo cool y moderno.

Así que no más Bellas. Ni más Cenicientas, ya que estamos. Por favor, para ya: no queremos que sigas vomitándonos a la cara versiones malrolleras de clásicos animados. Deja en paz el pasado,  esas aguas estaban muy bien quietecitas. Maléfica no necesitaba un pasado y Kha estaba muy a gusto cuando era una simpática serpiente hipnotizadora en vez de un gusano pútrido y enorme hecho de unos y ceros.

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La nostalgia no es un valor en sí mismo, e incrustar toscamente elementos actuales a imaginarios vetustos no sirve. En vez de eso, ten cojones —u ovarios. Ten el valor de crear historias nuevas. Que sí, que algo has hecho en esa dirección: Zootrópolis ha sido una subversión interesante y refrescante de los animales parlanchines y en Frozen el núcleo de la historia ha pasado del amor romántico al amor fraterno. No todo está perdido, y por eso te pedimos que vuelvas a asumir con valentía tu papel de creador de mundos inspiradores. Esos que resuenan hoy y siempre. Esos que, desde luego, no se construyen volviendo a filmar con actores de carne y píxel. Queda dicho.

Un último apunte: aunque no queramos más Bellas a Disney le da igual. Para los próximos años hay anunciadas ya nuevas versiones de Mulan, Dumbo, Pinocho, Winnie The Pooh y la vaca sagrada, El rey león. Además, pretende explicar más orígenes innecesarios, como el de Cruella de Vil, el genio de Aladdin o Campanilla. Y, por supuesto, secuelas de MaléficaEl libro de la selva o un spin-off de Blancanieves centrado en su hermana, Rosa Roja. A este paso lo último que quedará por rodar será una nueva versión del primer corto de la compañía protagonizado por ratones de verdad.