Dejad De Culpar A Facebook De La Victoria Que Trump Se Ha Ganado Solo

Los medios más importantes del mundo como The Atlantic, The Guardian o New York Times han encontrado su cabeza de turco para justificar la victoria de Donald Trump. Consideran que Facebook ayudó a propagar mentiras, bulos y leyendas urbanas.

Se replica así uno de los argumentos más aceptados en los últimos días: Facebook es responsable de no controlar las mentiras que circulan por las redes diariamente. La exigencia es clara, el gigante azul tiene que convertirse en el gran filtro de la información mundial; Facebook tiene que ser el gran controlador del flujo de ideas, una especie de mega censor como no habríamos conocido nunca.

En una cesión de responsabilidades, se le pide a una plataforma de distribución que limite la libertad de expresión. Como la rata que, ante la visión del elefante, no sabe si morderle la pata o salir corriendo, los medios lanzan ideas esquizofrénicas sobre el papel de esta red social.

Este nuevo paradigma puede volverse como un bumerán contra los propios diarios. Por un lado, deja claro que han perdido todo control editorial sobre la población, al mismo tiempo, se eximen de la responsabilidad que hayan podido tener en la elección de Trump, pero en el mayor de los errores, desvían el foco del verdadero problema, la desconexión con la clase media blanca en el diálogo hegemónico cultural.

La perdida de influencia política es un hecho. Solo hay que ver como los militantes del PSOE seguían creyendo en Pedro Sánchez durante la noche de los cuchillos largos, mientras El País lanzaba frases incendiarias que lo tachaban de ser poco menos que un pirómano con una botella de gasolina en medio del Amazonas. New York Times mantuvo en su portada durante meses una estadística de las probabilidades que tenía cada candidato de ganar. A Hillary nunca la situaron por debajo del 85%. Aunque, en este caso, Facebook no habría podido entrar a la web del New York Times a cerrar la propagación de ese bulo.

Ni the Guardian, ni The Atlantic ni New York Times hablan de como en el verano de 2015 empezaron a tratar con cierta superioridad moral cómica, el discurso de Trump. Arianna Huffington sí que se pronunció sobre la necesidad de erradicar ese enfoque. Los verdaderos impulsores de la carrera política del magnate fueron los propios medios que ahora denuncian la mala praxis de la red social. Solo cuando la broma se convirtió en un monstruo de tres cabezas apelaron a su erradicación. Si ellos no hubiesen dado voz al rubio anciano, nunca habría copado todas las redes sociales. Trump no es la creación Frankestein de Zuckerberg, sino un meme de verano que se fue de madre.

Facebook está aprendiendo aquello de "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Cambió su política interna para no censurar fotos de madres dando de pecho a sus hijos, aceptó fotos de extrema violencia, pero icónicas, de la guerra de Vietnam, y ayer anunció que prohibirá la entrada al mercado de los anuncios a todos aquellos medios que propaguen falsedades. Nadie podrá decir que sigue siendo esa torre inflexible.

Las preguntas ahora son, ¿debe Facebook evitar el flujo libre de información entre personas? ¿Debe censurar aquello políticamente incorrecto?, y la más importante: ¿reaccionarán los medios tradicionales ante sus propios problemas o seguirán matando al pianista?