A Qué Se Dedica La ONU Además De A Pedir Felaciones A Cambio De Comida

No, uno ya no parece poder creer en nada. Ni siquiera en la ONU. Siria lleva cinco años inmersa en una guerra civil fratricida. Con cada vez más víctimas civiles, cada vez más muertos, más huérfanos, más atrapados bajo los escombros. Los que no huyen tienen la suerte echada y los que huyen llegan a países donde no son bienvenidos y casi sin esperanzas de volver a tener un hogar digno. ¿Y qué hace la ONU mientras? ¿Por qué nadie puede evitar que el ejército ruso ayude a cercar y bombardear civiles en Alepo?

La respuesta está probablemente en la propia organización interna de la ONU. Creada tras la segunda mundial, pretendía ser un foro de diálogo que evitara conflictos de mayor escala y ayudara a resolver los de menor. Las potencias aliadas que ganaron la guerra se reservaron, sin embargo, el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, así que China, Rusia, Estados Unidos, Francia y Reino Unido pueden paralizar la toma de casi cualquier decisión. Y eso tiene consecuencias.

Por ejemplo, Rusia es un aliado del gobierno sirio de Bachar el Asad, así que cualquier decisión que pase por apartar del poder al dictador que no ha dudado en emplear armas químicas contra su población, será vetada por las connivencias entre estos gobiernos. Y lo mismo si lo que se busca es luchar con más ahínco por los derechos humanos en China.

Cierto grado de dificultad a la hora de tomar decisiones es comprensible en una organización que engloba a 193 estados y dos observadores cada uno con su historia, su religión, sus grupos étnicos y sus intereses geoestratégicos. Y no solo cuesta llegar a acuerdos, sino que a la práctica hay pocos mecanismos de penalización para los países que se pasan por el forro las directivas de esta organización.

Para intentar hacer encaje de bolillos con toda esta amalgama, la ONU cuenta además con un cuerpo internacional de intervención, los denominados cascos azules. Sin embargo, la mayoría de las naciones no quiere que este cuerpo sea demasiado grande ni tenga demasiada libertad operativa porque temen que sea un juguete a merced de las potencias más importantes.

Así que los cascos azules no pueden intervenir directamente en combate salvo haber sido atacados directamente. Esta regla llevó por ejemplo a que cascos azules presenciaran sin mover un músculo matanzas como las de musulmanes bosnios a manos de nacionalistas serbios en Sbrenica durante la guerra de los Balcanes en los años 90.

Estos cascos azules, además, no son siempre trigo limpio. Varias misiones han sido acusadas de cometer abusos sexuales. El año pasado soldados franceses integrantes del grupo de la ONU fueron acusados de extorsionar sexualmente a mujeres en la República Centroafricana. Los soldados les exigían hacerles una felación a cambio de permitir el acceso a alimentos. Estos episodios están siendo investigados, pero todavía hace falta más dureza contra ellos. Sobre todo porque hacen que los ciudadanos pierdan la confianza en la capacidad de la ONU para resolver conflictos.

Sin embargo, aunque su capacidad se vea limitada, no es un organismo inútil. Por ejemplo, la aportación de los cascos azules españoles a la reconciliación entre comunidades bosnias musulmanas y croatas católicas en Mostar (Bosnia) ha sido considerada un factor fundamental para estabilizar la zona y lograr restaurar la confianza hacia las fuerzas de seguridad y de comunidades entre sí.

Además, la ONU es muchas cosas más cosas a parte de cascos azules y conflictos bélicos. Algunos de sus organismos como ACNUR, la agencia para refugiados, o UNIFEC, para la infancia, juegan papeles protagonistas en centenares de conflictos llegando allí dónde los gobiernos y la diplomacia no pueden o no quieren llegar. Naciones Unidas ha tenido un papel humanitario fundamental en zonas asoladas por la guerra y también a la hora de promover acciones contra el cambio climático o a favor de una agricultura sostenible.

Por supuesto que muchos de estos objetivos están a medias. Pero la ausencia de un foro internacional en el que los estados pueden interactuar con otros y respeten, al menos la mayoría de las veces, los límites impuestos por las reglas de juego y la buena vecindad sería mucho peor que la existencia de un organismo incompleto. La ONU no es perfecta, y hay que decirlo cuando la caga, pero un mundo sin ONU sería seguramente todavía más violento e injusto.