Lo que deberías aprender del caso del adolescente que murió por sobredosis de cafeína

Una café latte del Mc Donald's, un refresco grande de Mountain Dew y una bebida energética, todo ello en menos de dos horas. A pesar de que a sus 16 años pesaba algo más de 90 kilos, el corazón de Davis Allen Cripe no pudo aguantar la sobredosis de cafeína y se desplomó sin vida delante de sus compañeros del instituto Spring Hill High School, en Carolina del Sur (Estados Unidos).

Aunque ocurrió el mes pasado, esta semana los medios de comunicación de medio mundo no han dudado en anunciar que la cafeína, algunos hablaron directamente del café, había matado un joven totalmente sano. El autor de la autopsia, el forense del condado de Richland, Gary Watts, declaró a la agencia Reuters que el joven murió de un “paro cardiaco inducido por la cafeína que causó una probable arritmia”.

Sin embargo, el propio forense reconoció que “la cafeína no habría sido vista como un factor de muerte si no hubiera sido por los testigos que dijeron a los forenses lo que Cripe bebió antes de derrumbarse en clase”. De hecho, Watts aclaró que el chaval había ingerido una cantidad igual o superior de cafeína en otras ocasiones y sin ningún tipo de problema. Además, otro factor en contra de la primera versión es que no sufría ninguna cardiopatía.

En realidad el problema, según el forense, fue “la forma en que fue ingerida (la cafeína) durante un corto periodo de tiempo”. Entonces, la pregunta obligatoria es: ¿Realmente es tan peligroso el consumo de cafeína? ¿Tendríamos que comenzar a cortarnos con el café o hay otras bebidas implicadas? Para salir de toda duda contactamos con la doctora Esther López García, epidemióloga en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

En 2006, un estudio dirigido por la doctora demostró que el consumo de café no está asociado a un aumento del riesgo de enfermedades coronarias. Al enterarse de la noticia, puso inmediatamente en duda algunas de las informaciones que vincularon inmediatamente al café con la muerte de Cripe. “Es una información inexacta porque la evidencia científica ha demostrado que consumos de hasta seis tazas de café al día no aumenta el riesgo”.

Más que en el café, la atención de la especialista se centró automáticamente en las bebidas energéticas consumidas por el joven. “Parece que había tomado otro tipo de bebidas, con unas cantidades muchísimo más altas de cafeína. Hay artículos científicos en los que se ha detallado el efecto perjudicial de las bebidas energéticas y bebidas hechas con preparaciones con altas cantidades de cafeína: "Pure powdered caffeine products”, explica.

En este sentido, Esther advierte que “la FDA (Food and Drug Administration) americana dice que estos productos son potencialmente peligrosos y pueden comportar episodios adversos e incluso la muerte” y que “las personas con enfermedades coronarias no deberían consumirlas”. Por tanto, reconoce, “se desaconseja el consumo de bebidas energéticas con altas cantidades de cafeína”. No es para menos, una bebida energética de 500 ml puede tener hasta cuatro veces más cafeína que una taza grande de café. 

De hecho, países como Australia, Alemania (algunas regiones), Dinamarca, Francia, Islandia, Japón, Jordania, Noruega o Taiwán han prohibido algunas bebidas energéticas, en concreto la marca Red Bull aunque también otras, al considerarlas peligrosas para la salud. Así que a estas alturas más que alarmarte por la cantidad de cafés que te tomas en la facultad o en el curro, deberías preocuparte por este tipo de bebidas y que muchos toman como si fueran refrescos o, peor aún, mezcladas con alcohol.

“Un consumo moderado de café, lo que en España sería 3-4 tazas al día, no supone un riesgo para la salud”, resume la doctora. Así que, la próxima vez que suenen las alarmas por la cafeína, lo suyo sería analizar las evidencias antes de culpar directamente al café. No es lo mismo meterse dos o tres cortados a lo largo de una jornada laboral o un día de estudio, que un café, un refresco gigante y medio litro de bebida energética de una sentada. El ‘cómo’ y el ‘qué’ es tanto o más importante que el ‘cuánto’