‘Dear haters’, la brillante campaña contra los crímenes de odio y la discriminación

Pone el foco en el agresor y el entorno y no carga en la víctima la responsabilidad de denunciar los crímenes de odio

Queridos transofobos, homófobos, racistas: os vamos a denunciar”. Este es el mensaje que ha lanzado el gobierno y la policía de Escocia en una ambiciosa y brillante campaña contra todo tipo de discriminaciones, tanto por edad, raza o religión como orientaciones e identidades: “Escocia cree en la igualdad para todos. Nadie debería ser discriminado por su edad, discapacidad, género, identidad de género, raza, religión o orientación sexual”.

Un ejemplo del impacto que esperan conseguir con estos mensajes es el que dedican a favor de la diversidad religiosa. “Queridos intolerantes, solo creéis en la división. No queremos vuestro odio religioso en nuestros buses, en nuestras calles o comunidades. No queremos que escampéis vuestra intolerancia. O haciendo la vida de las personas más miserable. Quizá no creáis en el amor o el respeto, pero nosotros sí. Es por eso que si oímos vuestro odio, os vamos a denunciar. Fin del sermón. Firmado, Escocia”. Sencillamente brutal.

Estos mensajes, escritos en formato carta dirigidos a personas intolerantes, predican en contra del odio que sufren los diversos colectivos susceptibles de violencia social. La campaña, por lo tanto, está enfocada a visibilizar y reducir los crímenes de odio. Pero la novedad es que se culpa directamente a los agresores y se dirige a la sociedad escocesa. Es decir, resta la responsabilidad a la víctima, ella no es la única encargada de denunciar los crímenes si quiere que se haga justicia. Acusan al perpetuador, al agresor, y pide a todos que le denuncien. “Todos tenemos la responsabilidad de denunciar los crímenes de odio si los presenciamos”, aseguran.

Los crímenes de odio se traducen en muchas formas, pero siempre están dirigidos a colectivos minorizados. Los efectos en las víctimas son devastadores y pueden acabar en suicidio. “El 48% de los trans británicos se han intentado suicidar. No ‘pensado en’. Intentado”, explica Paris Lees, activista trans contra el discurso de odio. Así pues, los efectos  también destruyen las familias y comunidades de las víctimas, porque, por ejemplo, un suicidio en un entorno educativo por culpa del bullying y el odio rompe la comunidad, las familias y crea tensiones y conflictos muy graves. Por eso, esta campaña anima la participación de todos en la persecución del crimen, para evitarlo cuando se esté a tiempo y crear una sociedad más cohesionada, donde nadie sufra.

La policía remarca la necesidad de visibilizar los microcrímenes de odio, que quedan normalmente ignorados. “Hay muchas formas de odio sutiles. Burlarse de ropajes religiosos, molestar porque personas del mismo género se den las manos, perseguir online a identidades trans, desplazar, separar o, incluso, imitar personas con discapacidades…”, advierte. Si se frenan estas pequeñas discriminaciones, se puede evitar que se llegue a conflictos más grandes y profundos. Si, por el contrario, se da rienda suelta a este odio, será difícil frenar unas consecuencias más graves, porque se habrán normalizado las rutinas del odio.

A largo plazo, esta campaña quiere conseguir una igualdad real. Lo que se traduce en objetivos para mejorar la inclusión de los colectivos marginalizados. Por ejemplo, el Gobierno escocés quiere el 50/50 para 2020, es decir, que haya el mismo número de hombres y mujeres en puestos de dirección, instituciones y terceros sectores. También quiere adaptar la ciudad y la vida a personas con discapacidades, que suponen el 20% de la población escocesa, y crear una sociedad multicultural que permita la integración de todas las etnias, con el objetivo de que de cara al 2030 haya muchísima más presencia de personas racializadas en la vida pública. Unos objetivos ambiciosos que empiezan acabando con las microviolencias.