David Barrio: El Bombero Que Apaga Fuegos En Palencia Y Salva Vidas En Lesbos

La conciencia de David Barrio se removió, al igual que la nuestra, con la aparición de la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio que perdió vida en su odisea por llegar a Europa. Pero, a diferencia de tú y yo, él decidió dar un paso más. Tres meses después, en diciembre de 2015, se subió a un avión con destino a Lesbos (Grecia) empujado por el mismo ánimo que le llevó a convertirse a bombero: ayudar a la gente. “Llega un momento en que la pregunta no es por qué ir, es por qué quedarse en España”, asegura. Gracias a la comprensión de sus jefes del Parque de Bomberos de Palencia, que permitieron organizar los turnos, pudo preparar su mochila y empezar esta aventura que se acabó materializando en el proyecto la ONG G-Fire Bomberos de Castilla y León y le trajo alguna sorpresa más.

Al principio no sabía muy bien de qué le esperaba allí. “Tenía el tiempo y los conocimientos para poder ayudar, pero no sabía cómo hacerlo. Eso sí, tenía claro que si vas a ir para molestar, mejor que no vayas”. ¿Lo tenía planificado? Para nada, todo en su viaje fue improvisado.

Junto a tres de sus compañeros, con los que luego ha montado la ONG G-Fire —a la que se han sumado 60 bomberos de distintas ciudades de Castilla y León— compró un billete de avión a Atenas y desde allí tomó un ferry a Lesbos. Por entonces solo contaban, además de con sus ganas de colaborar, con un par de teléfonos de voluntarios de otras ONGs que ya estaban allí. Recuerda que, al desembarcar en la isla, le sobrecogió la imagen de decenas de refugiados andando por las calles “con los pies mojados, porque acababan de arribar a la costa”.

David también había llegado a un lugar que desconocía, pero había una gran diferencia: él iba a ayudar. Se acercó al campamento Pikpa: “Un chico nos dijo que se necesitaba gente de vigilancia en el castillo, y allí nos fuimos”. Después se sucedieron las guardias de 12 horas, de 11 de la noche a 11 de la mañana, para rescatar a los refugiados que iban a alcanzar la ‘tierra prometida’. Aparecían en el horizonte y la tensión se disparaba. “Cuando llegaban en las barcas, te abrazaban”, sonríe al comentarlo, pero “luego te preguntaban cuánto les quedaba para llegar a Alemania”. Para él son, sin duda, los momentos de mayor emoción.

El día a día de un bombero en Lesbos no es fácil. Las primeras veces que David fue a Grecia —ha estado ya en ocho ocasiones entre Lesbos e Idonemi— soportaba el frío y la humedad del invierno griego en las guardias nocturnas. Después, ir a dormir al apartamento, “que era un auténtico zulo”, comer algo y volver a empezar. Los días en los que las horas de vigilancia se reducían, ayudaba en el reparto de alimentos o la construcción de instalaciones eléctricas en los campos. Así, los 15 días que pasaban en la isla hasta que llegaba el siguiente grupo de bomberos, que tomaba el relevo.

Poco a poco, la situación se ha ido tranquilizando, tanto en la isla, donde ya no llegan de media 1.000 refugiados sirios al día, como en la organización de G-Fire. En su primera incursión en Grecia ni siquiera estaba constituida la ONG, por lo que todos los gastos corrían de su cuenta. Y prácticamente sigue siendo así, aunque han puesto en marcha iniciativas para recaudar fondos. Whatsapp ha sido su principal forma de gestión, tanto para conseguir dinero para costearse los viajes como para organizarse. “Creamos una lista de difusión en Whatsapp para pedir fondos y los amigos y la familia respondieron”, comenta este bombero de 34 años.

Aunque el dinero recaudado a través de la aplicación y de otras iniciativas, como la organización de conciertos, iba en principio destinado a pagar los billetes, las dietas, el alquiler del apartamento y del coche, G-Fire ha destinado prácticamente todos los fondos a cubrir necesidades de los refugiados. Y no han querido buscar más, porque “¿qué haces con el dinero? Si lo tienes, te lo tienes que gastar, y hay otras ONGs que saben mejor qué hacer y cómo utilizar los fondos. Nosotros necesitábamos material, no dinero”, apostilla David.

La guerra de Siria ha supuesto todo un reto para Europa, y ha dejado en entredicho nuestra solidaridad. El conflicto ha obligado a casi cinco millones de sirios a abandonar su país, con destino principal Turquía, según ACNUR, pero con el objetivo final de alcanzar diferentes países del viejo continente. Aunque la situación se ha tranquilizado tras el acuerdo de la Unión Europea con Turquía, no deja de ser dramática. “Al principio, los refugiados pasaban poco tiempo en los asentamientos que se han creado en Grecia, pero ahora hay gente que lleva 10 meses y aunque consigan salir, queda la incertidumbre de qué harán en el país de destino”, denuncia.

En su día a día en la isla griega que se ha convertido en la vergüenza de Europa, un bombero no para. Pero la rutina de un refugiado es distinta. “Tú te sientes útil, pero ellos no tienen nada que hacer. Levantarse, tomarse el triste desayuno que les dan, insistir en la oficina para ver qué pasa con tus papeles y ya. Y es gente que antes tenía una vida como tú. En Siria eran médicos, profesores, ingenieros…”, apunta con un punto de tristeza y también impotencia.

Sin embargo, su experiencia también le ha traído algo inesperado. “Te dicen que eres bueno y solidario por ir a Lesbos, pero vuelves con mucho más”, explica refiriéndose a lo enriquecedora que es la experiencia, pero, en su caso, es bastante literal, ya que en Lesbos conoció a su actual pareja. “Con la de gente que hay aquí y me tuve que ir tan lejos para conocer a mi chica”, bromea. Se trata de una voluntaria que le ha obligado “a aprender o mejorar el inglés”. Hasta en la miseria de un conflicto como el de los refugiados sirios se pueden dar situaciones que abren la puerta a la esperanza.