Tus datos pueden señalarte como un criminal aunque no lo seas

El filósofo Byung-Chul Han es uno de los pensadores más pesimistas sobre el futuro de nuestra libertad y más en tiempos de pandemia

¿Alguna vez te ha pasado eso de que estás hablando con alguien sobre algo en lo que estás pensando en comprar y que luego, al abrir el móvil, te salga un anuncio sobre eso mismo? En el fondo es un clásico, eso de que Google nos espía a todos, que Facebook sabe cómo nos comportamos y que le vende nuestros datos a las marcas para ofrecernos publicidad que pueda interesarnos. Nos hemos acostumbrado a bromear con eso y a no considerarlo demasiado grave ni preocupante. Ahora bien, ¿qué pasa cuando es el propio Estado el que reúne toda esa información?

Hacia una nueva forma de vigilancia

El Coronavirus ha hecho que entre en juego un modelo de vigilancia que, hasta ahora, no estaba tan presente en nuestras sociedades: la vigilancia digital. Países como Corea del Sur han utilizado el libre acceso de los gobiernos a los datos de los ciudadanos (localización, por ejemplo) para controlar la epidemia. Y ha resultado efectivo. Poco a poco, y en noticias aisladas, podemos ver cómo ese mismo modelo empieza a ganar presencia en nuestro país. El gobierno ya ha desarrollado una aplicación que permite la geolocalización de los usuarios y ha acordado con las principales compañías telefónicas del país una cesión de datos para poder analizar los patrones de movimiento de la población durante la pandemia. Byung-Chul Han, uno de los filósofos más populares de la actualidad, es de los más catastrofistas al respecto, avisando de que nos acercamos al dominio de los datos y a un nuevo modelo de control.

Ante esto no todo el mundo entiende por qué es tan importante proteger sus propios datos. ¿A quién le puede importar a qué hora comes, a quiénes vas a ir a ver y qué haces en tu tiempo libre siempre y cuando no sea ilegal? Y mucha gente dice eso de: “¿si no tienes nada que ocultar qué más te da que se sepa?”. Pero con el control de esos datos no se busca tanto ver tus delitos como saber quién eres. Byung-Chul Han dice que se trata de una nueva medida de control totalitaria. La forma más refinada de Gran Hermano. Es abrir la puerta a que te conozcan como ni siquiera tú mismx te conoces.

Lana, la moderadora de Too hot to handle, es un robot que registra datos

Un ejemplo de Big Data

En su ensayo Armas de destrucción matemática, Cathy O’Neil pone un ejemplo bastante claro y rápido de entender del peligro de los datos. En las ciudades de gran tamaño de Estados Unidos la mayoría de delitos se producen en los barrios marginales, y en ellos, la mayor parte de la población es de origen latino o afroamericano. Principalmente se trata de robos producidos por la pobreza, pero cuando todo esto se convierte en datos que tiene que interpretar un sistema que no entiende de contextos sociales, la conclusión es muy sencilla: los afroamericanos y los latinos cometen más robos.

Esta información pasa luego al departamento de la policía y allí elaboran una lista de perfiles tipo de personas a las que detener, cachear o vigilar. Estos datos hacen que se centren mucho más en los latinos y en los afroamericanos y, a la hora de parar a alguien, se fijarán primero en una persona marcada por los datos antes que en alguien de cualquier otra procedencia (caucásicos, asiáticos, lo que sea). ¿Y qué pasa aquí? Que el modelo se refuerza. Se ha creado un estigma y se ha buscado una confirmación del prejuicio. De repente da la sensación de que el crimen es cosa de afroamericanos y de latinos. Ese es el peligro de las nuevas tecnologías de la información y de los datos: que en ellas no existe contexto social, tan solo información pura. Ese es el perfecto ejemplo de cómo funciona el Big Data.

¿Y qué pasa con la información que aportan los datos? Que carece completamente de sentido. No te explica por qué nadie hace lo que hace en función de sus creencias, miedos, sentimientos o aportaciones. Por eso Byung-Chul dirá que el Big Data es “ciego ante el acontecimiento”, porque realmente la acción en sí no tiene valor más allá de que se pueda medir o cuantificar. Habla de cuánta gente hace algo, pero no de por qué lo hace. Esto provoca que las situaciones no se resuelvan. Tan solo entran en un círculo vicioso, como en el caso de la policía en los Estados Unidos.

Hacia la pérdida de libertad

¿Qué conclusiones hay tras esto? Para el filósofo, lo más inmediato es que pierdes tu libertad. El gobierno o las marcas sabrían cómo eres, dónde estás, qué haces y gracias a las nuevas tecnologías como el Big Data podrían predecir qué vas a hacer. Para Byung-Chul, la pérdida de la libertad que sufrimos hoy en día no es como la de otras épocas. No se trata de obligarte a escoger un camino u otro. No se trata de prohibir que hagas algo. Se trata de que, a partir de ahora y en base a tus datos, van a determinar quién eres y van a saber cómo te comportas. Antes de que lo sepas, que lo pienses o que lo decidas. Y lo terrible es que normalmente eres tú mismx quien acepta, voluntariamente, regalarles tus datos.

CN