Así De Cruel Es La Vida Cuando Intentas Montártelo Por Tu Cuenta

Procelosa, que significa “borrascosa, tormentosa, tempestuosa” es precisamente la palabra que mejor explica la existencia de esa nueva categoría del ser humano que, con el tiempo, deberá ser estudiada por la ciencia. Sí, esta es la asquerosa vida del autónomo y aquí hay unas cuantas leyes que marcan el infernal día a día del ‘cuentapropista’.

Darse de alta, el principio del fin

Ahí estás tú, como un lelo, con tu carpetilla y tus papeles, en la Seguridad Social. Tienes que empezar dándote de alta, y ahí empieza la yincana. De una ventanilla a otra, de una mesa a otra, y siempre, siempre, faltándote algún papel. Pero es la gestión inicial; si ya desesperas, estás jodido. Lo malo de verdad empieza cuando lo consigues.


A pagar, a pagar, a pagar

Da igual lo que factures, porque la cuota te la pasan igual. ¿Aportación progresiva? Já. Mola más que te sangren para construir las carreteras que jamás recorrerás para irte de vacaciones, porque nunca tendrás pasta. Y la cuota está domiciliada, pero las declaraciones del IVA y el IRPF te las tienes que hacer tú, con tus dos manitas, y con el programa PADRE o, mejor, MECAGOENTUPADRE. Tienes otra opción: pagar a un gestor para que te lo haga. ¿Ves? Pagar. Todo el día pagando.


“Ey, al menos eres tu propio jefe”

Ese es el mayor engaño. De ser tu propio jefe, nada; de hecho, ahora tienes tantos jefes como clientes, así que te ves lidiando con todos ellos al mismo tiempo, adaptándote a sus necesidades. Tanto si son de los que valoran tu trabajo como si son de los que se creen que pueden exigirte como si estuvieras en nómina.


La vida de monje de clausura

¿Que tus amigos se van de fin de semana a una casa rural? Tú a currar. ¿Que tu pareja te dice que coger un puente para ir a la playa? Tú a currar. ¿Que tu peña del fútbol se agarra un pedo de escándalo después del partido? Tú también. Pero, luego, a currar con resaca. Cada minuto cuenta para exprimirlo al máximo y poder alcanzar un sueldo relativamente digno a final de mes.


“Disculpa, no te puedo pagar. Tal vez el mes que viene”

Y te aguantas. No hay más. Porque puedes quemarle el coche a ese cliente, pero quedaría feo. Tienes que asumir que, tarde o temprano, te quedarás con cara de idiota mirando una factura que sabes que jamás convertirás en dinero.


No te puedes poner malo

Verás qué bien es trabajar con 38 y medio de fiebre. Podrías no trabajar pero, ¿a ti quién te remunera? El destino, que confiemos en que guarda grandes riquezas en el futuro. No obstante, de momento, ibuprofeno y a darle a la tecla aunque tengas una cara similar a esta:

sick codigo nuevo

Qué malo es trabajar en casa

Porque un día decides que, bah, para qué te vas a poner los vaqueros. Mejor en pijama, ¿no? De ahí pasas al “total, para quien me va a ver, qué más me da”. Y así  hasta que un día caes en la cuenta de que tal vez necesitas darte un agua por aquello de prevenir enfermedades. Y eso sin hablar de lo aburrido, triste y bajonero que es trabajar forever alone cada día de tu vida. 


¿Vacaciones pagadas?

¡Pues claro! QUE NO. Día no currado, día no cobrado. Mientras otros espera su merecido mes de vacaciones, esto para ti se convierte en una tortura. Bien porque tus clientes no dejan de hacerte encargos puntualmente o bien porque no puedes desconectar ni un minuto, lo que se termina traduciendo en que, de descanso, nada.

hahaha no

Escribo estas últimas líneas dejándome las retinas en la pantalla del ordenador, porque ya ha bajado al máximo el puto brightness ese para ahorrar batería. ¿Por qué? Porque las compañías del gas, el agua o la luz aprovechan las horas centrales del día, cuando se supone que la mayoría de las personas están en sus lugares de trabajo, para realizar reparaciones. Hace un rato han cortado la luz del edificio. Y ahora mi casa es como una cueva. Sin tele, sin teléfono, sin poder cargar el móvil y sin poderme echar una cervecita fresca, porque ya se han calentado. Hay que joderse.

Crédito de la imagen: Luis Mazon