Así se crean los bulos de internet y esto es lo que debes saber para que no te la cuelen

No, la cerveza Heineken no tiene zumo de paloma triturada. Los pobres animales no son succionados por una moledora de cereales en la planta sevillana de Cruzcampo (marca con la que se fusionó el año 2000). La firma se apresuró a desmentir este bulo que, en pocas horas, se hizo viral a través de WhatsApp, creando estupor entre los cerveceros por el asco que generaba la imagen en vídeo. En realidad, esa grabación correspondía a una planta panificadora de Kazán, en Rusia, y sirvió en su día para denunciar las violaciones sistemáticas de las normas sanitarias. Pero todos, o muchos, caímos en la mentira y sentimos cómo nuestro estómago se revolvía al pensar que esa cervecita que tan fresca había entrado el pasado fin de semana contaba con un ingrediente secreto y extremadamente desagradable. Por eso, para evitar futuros sustos, pedimos a dos expertos que nos expliquen cómo se crea un bulo, qué se persigue con su difusión y, sobre todo, cómo aprender a detectarlos para no caer en sus trampas.

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“Puede que los bulos sean uno de los mayores riesgos a los que los usuarios de internet se exponen actualmente”, asegura Fernando Blázquez, ingeniero informático y periodista. Por la combinación de sus profesiones, Blázquez está autorizado para hablar de estas mentiras virtuales desde los dos polos, el de la informática y el de la comunicación. “Estas falsedades están cubiertas por una capa de verosimilitud: personas supuestamente enfermas que piden dinero, comunicados de las fuerzas de seguridad, peticiones de colaboración en campañas… Y sus autores se aprovechan en la ignorancia e inocencia de la gente”, afirma.

Internet ha aportado a estas mentiras virales una potencialidad increíble. Miguel Pérez Subías es presidente de la Asociación de Usuarios de Internet y comenta que, si bien la Red no incita a que haya más o menos bulos que antes, “sí trae consigo una gran facilidad en su difusión, multiplicando su potencialidad y su persistencia”. Hace años, determinadas mentiras también lograban alcanzar altas cotas de popularidad, pero el hecho de ser transmitidas de boca en boca mermaban su capacidad viral. Muchos recordarán cómo sus madres les prohibían aceptar caramelos de desconocidos por “llevar droga” o cómo el amigo de un amigo aseguraba haber encontrado una jeringuilla usada en un asiento del cine. Pero, hoy, “los bulos se expanden como la pólvora y afectan de forma global; no son simplemente fraudes, son mucho más”, considera Blázquez.

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Y, ¿qué es exactamente lo que buscan los autores de estos mensajes? Existen tres vertientes: generar alarma social, obtener dinero o reafirmar sus ideales. Por eso, de vez en cuando saltan a los medios desmentidos de empresas que se ven atacadas por anónimos, como el caso de Heineken España. “Las compañías deben asumir un gasto extra para responder de forma rápida y eficaz desmintiendo unos rumores que, en ocasiones, son fomentados por su propia competencia”, afirma Blázquez. Y tampoco es extraño encontrar mensajes lanzados por las fuerzas de seguridad alertando sobre el último timo de un extranjero que ofrece compartir un premio de lotería o sobre el engaño de una noticia que afirma que, por ejemplo, España va a experimentar una ‘invasión’ de turistas musulmanes dispuestos a recuperar Al-Ándalus.

Porque el circuito de los bulos se ve hoy, gracias a internet, sobredimensionado hasta límites casi incomprensibles. Por eso, departamentos específicos de la Guardia Civil y la Policía Nacional trabajan para controlarlos y desmentirlos. Además, asociaciones como la de Miguel Pérez también se afanan por “promover el buen uso de la red y la correcta gestión de la privacidad, así como de garantizar el amparo de los usuarios y el mantenimiento de sus derechos fundamentales”, detalla el presidente.

Entonces, ¿cómo detectarlos?, ¿qué debemos hacer para no caer en la trampa? “El mejor consejo es aplicar el sentido común y pensar dos veces antes de darle al botón de ‘compartir’. También conviene ponerse en el lugar del otro y empatizar con el mal que se le puede llegar a ocasionar porque, ¿hubieras compartido el vídeo de las palomas si tu padre fuera el director general de Heineken?”, pregunta Pérez. En estos casos, más vale pasarse de desconfiado; siempre será mejor ir más allá del titular y no dejarse engañar por una foto o un vídeo atractivos, procurando verificar cuál es la fuente y repasando con detalle y frialdad aquello que se nos quiere ‘colar’. Por otro lado, y si el bulo esconde detrás un timo, “está bien atender a la URL del site: para aquellos que tienen reparos a la hora de introducir los datos de sus tarjetas en internet, un consejo sencillo es que jamás lo hagan en páginas en las que no aparezca al comienzo ‘https://’, ya que la –s nos indicará que la web es segura”, recomienda Blázquez.

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Por eso, la próxima vez que un amigo te envíe por WhatsApp una ‘exclusiva’ sorprendente, o cuando alguien te enseñe una foto de una operación policial que ha desarticulado una red de productores de plátanos infectados con VIH o cuando alguien te avise de que un grupo de extranjeros andan por ahí vendiendo casa por casa perfumes con burundanga, no te fíes. Y menos sabiendo que algunas páginas web como 12Minutos facilitan al extremo el proceso de crear mentiras de todo tipo. Sé más listo que ellos.