Claves Para Entender Qué Ha Pasado Con La Economía China

La crisis en la economía del gigante asiático nos tiene pendientes desde hace más de un mes: por su incidencia en las bolsas y mercados, por la propia economía china y los efectos que pueda tener en otros países…

Lo que no sabemos tan bien son los orígenes de esta crisis que amenaza con convertirse en un huracán si China no realiza las reestructuraciones de buena parte de su economía. El país que más crecía del mundo, que mayor renta ganaba y más vendía, muestra signos de debilidad, quizás encubierta por la enorme burbuja que guarda en su interior y que parece, ha estallado; atrás quedan las altas tasas de crecimiento y la gran cantidad de divisas conseguidas de la exportación.

Lo cierto es que lo que está sucediendo allí y que ha afectado bastante al resto de países tiene su origen en diversos desequilibrios no subsanados (o mal hechos) y que podrían desembocar en una verdadera tormenta financiera. Vamos a ver algunas de las cosas que han ocurrido:

Frenazo y estancamiento de la economía

Atrás quedan aquellas tasas de crecimiento del 9% y 11%, siendo actualmente del 7% (la menor en 25 años). La economía china sufre desconfianza por parte de los inversores internacionales, con una lenta liberalización económica en los sectores claves y la inacción del Partido Comunista chino. La ralentización de la economía en los últimos meses deja dudas acerca de si seguir invirtiendo y comprando al gigante asiático o derivar hacia otros mercados.


Crecimiento y clase media

El rápido crecimiento y la mejora de las condiciones en la población hasta conseguir una incipiente e imparable clase media han propiciado un incremento en los costes de producción. Por ello la productividad y las ventajas en costes han decaído considerablemente. Hay dudas acerca sobre la capacidad del país asiático para continuar produciendo a costes bajos, y además, los principales inversores en China salen del propio mercado interno, repartido entre millones de ahorradores chinos; al contrario de lo que ocurre en Occidente, donde la masa grande de inversores son institucionales.


El Yuan y la bolsa

El Yuan, la moneda oficial de China, ha estado durante décadas artificialmente sostenido por el Gobierno, es decir, que su valor real no respondía a criterios de mercado (libre fluctuación), debido en buena parte a las directrices del Gobierno de “una moneda barata para vender aún más”. Con el tiempo esto ha sido toda una burbuja de divisas y fuertes desequilibrios en la balanza comercial, lo que ha tenido una directa influencia en la bolsa china, fruto de la desconfianza de los mercados y de las (erróneas) medidas del Gobierno destinadas a “sujetar” la moneda y no dejar que se revalorizara. Con la devaluación del Yuan, muchos inversores perdieron multitud de millones y renunciaron a participar en la bolsa.


Las señales de debilidad de China, unidas a la cada vez más sonora burbuja inmobiliaria (y empresarial, en costes), hacen que cada vez haya más dudas acerca del futuro de este país, crecido de forma incontrolable y no adaptado aún a la dinámica de los mercados internacionales, ya que aún hoy día la economía sigue en buena parte planificada. Además, China deberá dar respuesta a los 1.300 millones de ciudadanos que cuentan cada vez con mayores necesidades de consumo, en un país donde las materias primas y la energía son claramente insuficientes.

Serán los próximos años los que indiquen si efectivamente estábamos ante el gigante dormido o meramente un monstruo con pies de barro.