El chip que Elon Musk quiere implantarnos en el cerebro es peor que Black Mirror

Un dispositivo que lee y escribe en tu cerebro. Por una parte, toca aplaudirlo como un hito de la tecnología. Por otra, reflexionemos: ¿queremos darle acceso a las empresas a nuestro propio cerebro?

Seguro que ya has leído sobre Link, el wereable para el cerebro que Elon Musk y Neuralink han desarrollado. En teoría, un dispositivo que se conecta al cerebro con microhilos y un implante, y que tiene la capacidad de resolver problemas mentales, de la espina dorsal y el sistema nervioso, además de leer el cerebro humano y enviarle señales (o “escribir impulsos” como lo están describiendo algunos medios).

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Ha confirmado que es posible con una demo en un evento en el que se ha hecho una lectura en directo del cerebro de un cerdo (muy parecido al humano). En esta demostración, la información recopilada por Link se enviaba al smartphone, que procesaba todo el contenido recibido (muchísimo) en nanosegundos y, a través de bluetooth, lo enviaba como un archivo reconocible por el teléfono. Obviamente, requiere que se cargue cada noche, ya que estará constantemente procesando información. Musk ha comparado este gadget con la típica pulsera que mide pulsaciones y se usa para el deporte. Simplemente, va al cerebro y tiene el tamaño de una moneda. Para colocárselo al humano, por supuesto, el proceso es más complicado que ponerse la pulsera en la muñeca, “aunque tampoco demasiado”, aseguró.

“Hay que realizar una incisión en el cráneo y colocarlo dentro. Todo esto lo hace un robot de forma automatizada y prometen que es un proceso de alrededor de una hora, sin anestesia general y con la posibilidad de dejar la clínica directamente después de la operación. Si en el futuro se quiere eliminar el implante o actualizarlo por uno mejor no habrá problemas, al menos eso es lo que prometen tras probarlo con cerdos. Comenta que, si está bien colocado, ni siquiera será doloroso o sangrará el paciente. Ni dolerá ni sangrará porque los electrodos que hay al final de los cables que se conectan directo al cerebro son tan minúsculos que no tocan los vasos sanguíneos”, explica el portal Xataka. Todavía no está preparado para ser distribuido en humanos, aunque ya tienen el visto bueno de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés), que regula, entre otros, estos dispositivos de salud. Así que es posible que pronto empiecen las pruebas y mejoras para usarlo en humanos y no en cerdos.

Neuralink

Y aunque parece una victoria de la ciencia y la tecnología (qué guay lo que podemos hacer, los pasos agigantados que damos en la investigación y tal), también da mucho miedo. Un objeto capaz, de leer todos los gigas de información que produce nuestro cerebro suena a Black Mirror. Si ya nuestros smartphones y algoritmos internos sirven para manipular nuestros deseos, necesidades, percepciones, y saben, más o menos, cómo somos y qué nos gusta, ¿qué no es capaz de hacer un objeto así, que sabe constantemente qué queremos, dónde estamos, cómo nos sentimos, cómo reacciona nuestro cerebro?

Estamos regalando toda nuestra lectura cerebral a una empresa. Imagínate que hay un filtrado o un hackeo masivo de estos datos. O que, directamente, Musk vende los datos a otras empresas. Tendrían toda la información de qué sucede en nuestro cerebro (alegría, felicidad, placer, terror, etc.) cuando interactúa con cualquier cosa. Se podría llevar al extremo el capitalismo y la publicidad personalizada, una especie de distopía orwelliana pero capitalista. Estaríamos a un paso de abrir las puertas de nuestros pensamientos, deseos y todo tipo de procesos mentales. Si ya existe gente conspiparanoica que teme al 5G, viendo los avances de estas tecnologías, probablemente sigan apareciendo más que crean que las grandes empresas conspiran para dominar su mente..

Por supuesto, este es solo un lado de la balanza. Musk ha prometido que este objeto serviría para ayudar a personas con diversas enfermedades neurológicas. Sin embargo, se ha mostrado opaco con qué tipo de información recoge el aparato y qué se haría con ella. Por supuesto, es probable que la información a cuentagotas es porque todavía queda mucha producción y diseño para crear un prototipo comercial de Link. Pero, mientras tanto, no está de más cuestionarnos un poco hasta qué punto estamos dispuestos que grandes empresas tengan control e información sobre nuestro propio cuerpo.