China construye una torre gigante para purificar el aire de sus ciudades

China es, oficialmente, el país más contaminante de todo el planeta. Su actividad industrial emite a la atmósfera alrededor del 28% del dióxido de carbono generado por el ser humano, el mismo gas que está acelerando el cambio climático a niveles aterradores. Y sus grandes ciudades sufren, lo vemos a menudo en fotografías que parecen salidas de películas futuristas, de ‘smog’ crónico, esa nube de polución que envuelve el aire y obliga a sus ciudadanos a caminar con mascarillas por las calles. Sin embargo, el gigante asiático parece decidido a cambiar esto. Primero, con el endurecimiento de los impuestos verdes sobre las fábricas contaminantes. Y ahora, con la construcción del purificador de aire más grande que existe.

Se trata de una torre experimental de más de 100 metros de altura y ha sido instalado en la ciudad de Xian, al norte del país. Unos invernaderos instalados alrededor de su base, y que cubren aproximadamente la mitad del tamaño de un campo de fútbol, absorben el aire contaminando. La energía solar calienta entonces este mismo aire, que se eleva a través de la gigantesca torre y pasa a través de múltiples filtros de limpieza. Y, aunque depende de la energía del sol, el sistema funciona también durante los meses más fríos debido a los revestimientos que permiten que el vidrio absorba la radiación solar de forma más eficiente.

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Ahora, el revolucionario invento está siendo sometido a estudio por el Instituto del Medio Ambiente de la Tierra de la Academia de Ciencias de China. El jefe de la investigación, Cao Junji, afirmó que "se han observado mejoras en la calidad del aire en un área de 10 kilómetros cuadrados en la ciudad durante los últimos meses" y que "la torre ha logrado producir más de 10 millones de metros cúbicos de aire limpio al día desde su puesta en marcha". De hecho, las estaciones de monitoreo de contaminación registraron una reducción promedio del 15% en las partículas PM 2,5 —las partículas finas en el smog consideradas más nocivas para la salud—.

Pero esta torre experimental de Xian no es más que una versión reducida de una torre ‘antismog’ mucho más grande que Cao y sus colegas esperan poder construir en otras grandes ciudades de China en el futuro, sobre todo en la hipercontaminada capital Pekín. La idea es necesaria y los resultados invitan al optimismo, pero el coste del proyecto continúa siendo un misterio. Aún así, poco importa: la salud del planeta y de quienes vivimos en ella no puede ni debe ser medida económicamente.