La Carta A Obama De Un Niño Norteamericano Que Quiere Un Hermano Refugiado

Querido presidente Obama,

¿Recuerdas al niño que fue recogido por una ambulancia en Siria?

¿Podrías, por favor, cogerlo y traerlo a nuestra casa?

Con estas palabras empieza la carta que Álex, un niño estadounidense de 6 años, envió, en una caligrafía cuidada y temblorosa, al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Le pedía que llevara a su casa a Omran Daqneesh, el niño sirio cuyas imágenes en una ambulancia tras un atentado en Alepo (Siria) dieron la vuelta al mundo. Quería que Obama lo trajera. Para que jugaran juntos, para que vivieran juntos, para que fuera su hermano.

Las palabras de Álex deberían avergonzar a todos los que reniegan de la acogida de refugiados. Porque él, apenas un crío, lo ve claro. Omran sufre y él no. Omran no tiene una casa y él sí. Omran no tiene juguetes y él y Catherine, su hermana, los tienen. O sea que las cosas tienen arreglo.

Aparca en el acceso para el coche y os estaremos esperando con banderas, flores y globos.

Le daremos una familia y será nuestro hermano. Catherine, mi hermana pequeña, cazará mariposas y luciérnagas para él.

Es difícil no conmoverse con la bondad de Álex. Porque sus padres acabarán teniéndole que explicar que Obama no va a traer a Omran. Que probablemente envíe ayuda, le dirán. Y Álex no lo entenderá porque su casa es grande y a él le gusta compartir su bici.

Las palabras de Álex las recitó Obama durante una cumbre sobre refugiados en Naciones Unidas. Allí los líderes se reunían una vez más para decidir qué se puede hacer, o más bien lo que ellos y sus electorados están dispuestos a hacer. Ayer se conocía que un estudio europeo muestra que la mayoría de la gente en el continente prefiere a refugiados que no sean musulmanes o estén en paro. Según la encuesta, los españoles son algo menos restrictivos que sus vecinos europeos a la hora de poner pegas. Solo el 4% no aceptaría a ningún refugiado, frente al 9% de media.

En la escuela tengo un amigo de Siria, Omar. Se lo presentaré y podemos jugar juntos.

Lo podemos invitar a las fiestas de cumpleaños y nos enseñará otro idioma. Nosotros le podemos enseñar inglés, como hicimos con mi amigo Aoto, de Japón.

En cualquier caso, España apenas ha acogido a algunos centenares de los refugiados llegados a Europa desde el año pasado. Es cierto que la mayoría prefiere ir a Alemania, adonde llegaron un millón, o Suecia; así que el gobierno tampoco está presionando para acoger. La propia Unión Europea firmó un acuerdo con el autoritario Recep Tayyip Erdogan para poder devolver a los refugiados a Turquía, desde donde cruzaban masivamente. Desde entonces, el flujo se ha reducido drásticamente.

En el resto del mundo las cosas tampoco pintan mucho mejor. Tras sufrir presiones, Australia decidió que desmantelaría un campo considerado inhumano por las ONG. Obama anunció que Estados Unidos acogería a unos 10.000 refugiados, aunque el clima no es el mejor con el republicano populista con vertientes xenofobas Donald Trump como candidato a las elecciones de noviembre. Incluso Canadá, pese a los amplios eslóganes a favor de los refugiados, apenas ha acogido a 25.000. En Líbano, un país de 4,4 millones de habitantes y una renta per cápita de 10.000 dólares (frente a los 50.000 de Canadá), hay más de un millón.

Por favor, dile que su hermano será Álex, un niño muy bueno. Como él.

Ya que no traerá juguetes y que no tiene juguetes, Catherine compartirá con él su conejo grande con rayas azules. Y yo compartiré mi bici y le enseñaré cómo montar en ella.

Con el tiempo el pequeño Álex también crecerá, se enfrentará a esta realidad y quién sabe si se volverá un cínico o un activista. Mientras, sus palabras aún nos ponen el corazón en un puño.

Le enseñaré a sumar y restar. Y olerá el brillo de labios de pingüino de Catherine, que es verde. Catherine no deja que nadie lo toque.

Muchas gracias. Me muero de ganas de que vengáis.

Alex, 6 años.