Carta abierta al tío que me mira el culo y me susurra "guapa" por la calle

Llega la primavera: las alergias, los cambios de temperatura, la chaquetita y, por supuesto, el típico tío que me babosea porque llevo unos jeans y no un hábito de monja. Sí, chaval, te escribo a ti. Y a usted señor. Y también al otro señor que me grita “vaya culo, yo te daba” desde su furgoneta. Y a su colega, que parece el marido perfecto y, sin embargo, es el perfecto acosador callejero. Las mujeres estamos hartas de tener que soportar comentarios sobre nuestro cuerpo y vestimenta cuando nos movemos por la calle, cuando como ciudadanas hacemos uso del espacio público. Es incómodo, invasivo y una forma de violencia. Por ello, me pregunto, ¿sois seres evolucionados o continuáis atrapados en el Pleistoceno?

La pregunta escuece. Pero no trato de ofender. Quiero reflexionar sobre esos comentarios sexuales e incluso tocamientos a las que las mujeres nos enfrentamos desde niñas en la calle por parte de hombres que creen que nuestros cuerpos les pertenecen. No es justo que nosotras tengamos que sentir miedo o incomodidad por hacer uso de nuestra libertad ni tampoco que nos traten como un escaparate si resultamos atractivas a un conocido o desconocido. No salimos a la calle para impresionarte, ser tu entretenimiento o tu porno gratuito. Parece que una mujer solamente es respetada en el espacio público cuando va acompañada de un hombre, lo cual resulta bastante rancio y para qué negarlo, machista.

No sé cuáles son las intenciones que se esconden detrás de lo que se ha llamado “cultura del piropo”, pero ya te digo yo que si el objetivo es seducir, el efecto es todo lo contrario. Provocáis la estampida, la indignación de la susodicha y hacéis un ridículo espantoso. Para colmo, os coronáis como seres con escasa actividad neuronal y ejemplo claro del antimorbo. ¿A alguno de vosotros le ha funcionado como estrategia de ligue eso de hacerle a una chica un “repasito” y acompañarlo de “guaaaapaaaa, vaya tetas… brrrr…?" No. ¿Entonces? Pasa, tío. En serio, te animo a que descubras que otras formas de masculinidad son posibles: más respetuosas con las mujeres, más honestas, más equitativas.

Prueba de ello lo encontramos en un curioso grupo de trabajadores de La Plata (Buenos Aires, Argentina), quienes han decidido renunciar al acoso callejero y sensibilizar a la sociedad, especialmente a otros hombres, sobre ello. ¿Y si les copias? El mundo está lleno de hombres buenos, que han rechazado el machismo más rancio y descubierto que el respeto y la solidaridad con las mujeres es un paso fundamental para crear una sociedad libre de violencias machistas.

De todas formas, si te resistes a desaprender esas actitudes tan tóxicas, puede que quizá el día de mañana te lleves una respuesta a tu medida. Las mujeres hemos dejado de quedarnos calladas ante esos piropos de contenido sexual que no pedimos: nos giramos, os increpamos y pedimos que repitáis el comentario de turno despacito. Así nos re-apropiamos del espacio público, sin pedirlo “por favor”. En el mejor de los casos, os disculpáis y asumís el error. En el peor, todavía hay varones que responden con amenazas y agregan un “qué te voy a decir yo a ti, puta guarra”. En fin…