Bruno Mars y Kendrick Lamar se coronan en la 60º edición de los Grammy

Entre tímidas referencias al escándalo sexual que golpea Hollywood y aireadas críticas al presidente Donald Trump, Bruno Mars se coronó como el nuevo rey del R&B en la 60º edición de los premios Grammy celebrada en el Madison Square Garden de Nueva York, la más orgullosamente negra y latina de su historia. La música bailonga y radiante del haiwaiano se impuso al rap de sus dos principales competidores, Kendrick Lamar y Jay Z, llevándose los seis premios a los que optaba, incluyendo los dos más importantes: álbum del año, por esa vuelta al R&B clásico que es 24K Magic, y canción del año por Thats What I Like, esa oda musical al erotismo que ni el mismísim Despacito pudo vencer en combate.

No obstante, Kendrick Lamar tampoco acabó mal la noche. El rapero salido de las calles de Compton se metió en el bolsillo cinco de los siete premios a los que estaba nominado, incluyendo mejor álbum de rap del año por DAMN y mejor canción de rap por Humble. Mientras tanto, y visiblemente decepcionado, el rapero Jay Z se volvió a casa sin ninguno de los ocho premios a los que optaba anoche. Fue el gran fracaso de una edición en la que no faltaron ocasiones para poner a caldo la actitud y política del presidente de los Estados Unidos. No en vano, ese mismo día se había producido una polémica entre Jay Z y Donald Trump, a lo que Lamar contestaba bajándose del escenario con un "¡Jay para presidente!".

Menos reivindicativo pero enormemente exitoso ha sido Divide, de Ed Sheeran, que triunfó como mejor álbum pop del año sobre las nominaciones de Kesha y Coldplay. Además, la famosísima y tres mil millones de veces reproducida en Youtube Shape of You se impuso a Million reasons de Lady Gaga y What about us de Pink como mejor interpretación vocal de 2017. Por su parte, la canadiense de 21 años Alessia Cara, conocida mundialmente por dar voz a Moana en How far I'll go, se llevó el preciadísimo título de mejor nueva artista en una categoría donde la ausencia de hombres blancos refleja que tanto el feminismo como el antirracismo comienzan a abrirse camino en los Estados Unidos por mucho que le pese a su presidente.