Borré mi perfil de Facebook durante una semana para comprobar si así era más feliz

¿Qué es Facebook? Una pregunta aparentemente sencilla. Facebook es una red social que sirve para estar conectado con tus amigos y conocidos y saber a qué dedican su tiempo, con qué se entretienen y cuáles son sus planes, e informarles a ellos de nuestros movimientos. Esta podría ser una definición adecuada y sencilla. Aunque, según las conclusiones del estudio llevado a cabo por The Happiness Research Institute, Facebook es también una herramienta que nos hace más infelices o que, en todo caso, disminuye nuestro nivel de satisfacción con la vida. Esa ha sido el veredicto tras llevar a cabo un experimento con 1.095 usuarios de todas las edades –entre 16 y 76 años-, a los que se les pidió que borrasen su perfil durante una semana.

Transcurrido ese tiempo, la mayoría aseguró haber aumentado sus niveles de concentración, haber fortalecido lazos y relaciones y haber recuperado también hábitos casi olvidados hoy día, como llamar por teléfono o quedar con amigos y familiares para tomar un café o una cerveza. En definitiva, según este ensayo, viajar a la era ‘pre-Facebook' hace que seamos más felices. ¿Realidad?, ¿pantomima? Ponemos en práctica este experimento para ver si es cierto que Facebook nos está minando sin que nos demos cuenta.

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Día 1

Comienza el juego. Borro la aplicación del móvil y bloqueo la página en Internet. Durante el día, me doy cuenta de que echo algo en falta, porque la inercia me lleva a buscar el icono del Facebook en mi móvil. Reconduzco mi afán por estar conectado hacia otras actividades. Todo va bien, no hay problema.


Día 2

La experiencia está siendo sencilla aunque, de nuevo, me sorprendo a mí mismo queriendo entrar en mi perfil antes incluso de salir de la cama. Nunca había reparado en ello, pero es la primera acción que llevo a cabo en el día. Recuerdo un artículo que escribí hace un tiempo y empiezo a pensar que, aunque no quisiera verlo, yo también estoy muy un poco enganchado.


Día 3

Quedo a tomar algo con mis amigos por la tarde y les cuento mi experiencia. Aunque me dicen que suena a tontería y al “enésimo estudio sin fundamento”, compruebo que ellos consultan su perfil en, como mínimo, un par de ocasiones a lo largo de la tarde. Eso me lleva a preguntarme: “¿yo hacía lo mismo y no me daba cuenta?”. Hay varios silencios incómodos mientras ellos consultan Facebook y yo bebo cerveza.


Día 4

A diferencia de los primeros días, comienzo a no echar de menos Facebook. No busco el icono por la mañana y no pienso en él en ningún momento del día. Está siendo sencillo.


Día 5

Es viernes y salgo por la noche. Sucede lo mismo que en mi cita para tomar unas cañas entre semana: mis amigos consultan su perfil en más de una ocasión. Una amiga –la típica que cuelga absolutamente TODO en su perfil- propone hacernos unas fotos, y me fijo en cómo desaparece los siguientes 5 minutos, más preocupada por compartir lo que está siendo “una estupenda noche de fiesta con los amigos” que por disfrutar directamente de nuestra compañía. El ritmo de consulta aumenta en general; todos están atentos a cuántos ‘me gusta’ consiguen con las fotos e incluso compiten entre ellos.


Día 6

Nada de Facebook. Soy consciente de que tendré muchas notificaciones en mi perfil, sobre todo generadas por la publicación de ayer, pero lo cierto es que no me importa.


Día 7

Fin del experimento. Ya soy ‘libre’ para descargármelo de nuevo y consultarlo. Aunque sin demasiado interés, lo hago, y lo cierto es que no encuentro en ello mucha satisfacción. Efectivamente, tengo varios comentarios e interacciones, y de nuevo se abren ante mí cientos de fotografías y publicaciones, aunque me siento un tanto abrumado y cierro la aplicación.

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Terminada la experiencia, toca reflexionar. Resulta difícil calcular cuántos minutos del día dedico a consultar mi perfil de Facebook, pero sí caigo en la cuenta de que todo ese tiempo, aunque tal vez no sea demasiado, lo he invertido en otras actividades. El estudio de The Happiness Research Institute es categórico: los voluntarios aseguraban sentirse más felices y sociablesYo no diría tanto.

Mi vida no ha variado demasiado; he seguido tomando cañas con mis amigos, saliendo el fin de semana, trabajando con la misma intensidad… Pero sí he caído en la cuenta de que, tal vez, dedicar tanto tiempo a conocer los planes y actividades de personas que, en realidad, no me interesan, es una pérdida de tiempo importante. También he comprobado cómo gente de mi círculo más cercano, con una edad y expectativas vitales similares a las mías, sienten la necesidad de proyectar una imagen idílica de su día a día. Porque, no nos engañemos, la fiesta del viernes estuvo bien, pero no fue ‘una noche inolvidable’, tal y como podía deducirse de la publicación de mi amiga.

Así, caigo en la cuenta de que el mundo recreado en uno de los últimos episodios de Black Mirror no está tan alejado de la realidad. En un mundo no mucho más tecnificado que el nuestro, la sociedad se rige únicamente por la cantidad de ‘likes’ logrados con tus publicaciones en una red social global similar a Facebook o Instagram, estableciendo estratos sociales y convirtiendo a los ciudadanos en auténticas máquinas regidas por la falsedad y el afán por agradar a toda costa.

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En definitiva:

¿Realicé mis tareas en menos tiempo? No creo que sea significativo, aunque es indudable que me he distraído mucho menos, cosa que me ha permitido ser más eficiente. ¿Fui más sociable durante ese tiempo? No soy un ‘tecno-adicto’ de manual y mi vida no gira en torno a las redes, pero sí pude enfrentarme a mis relaciones sociales con un ojo más crítico. ¿Soy ahora más feliz? Eso es mucho decir, aunque sí me he dado cuenta de que, tal vez, el grado de importancia concedido a Facebook era más del que merecía. Tecnoestrés, Nomofobia, Síndrome FOMO… Cada vez son más las patologías vinculadas al mal uso de redes sociales como esta. Es una semana, no pierdes nada por probar.