‘Bestia’: la agente secreta de Pinochet que entrenó a perros para violar a mujeres

Íngrid Felicitas Olderöck Bernhard que ha inspirado el cortometraje animado ‘Bestia’, fue una cruel agente del servicio secreto de la dictadura de Pinochet que entrenó perros para torturar y violar a mujeres

Lo peor de las dictaduras no es solamente la falta de derechos y libertades, sino las aberraciones y abusos que esconden. Asesinatos, violaciones, torturas, desapariciones forman parte del currículum de muchas dictaduras en todo el mundo. Sin embargo, lo que hace especialmente horrible a toda esa violencia por parte del Estado es que, al final, siempre es ejercida por personas y, si bien algunas solo cumplen con las terribles órdenes, hay otras que disfrutan cada vez que las aplican y que, peor aún, inventan maneras de hacerlas más horribles, insoportables, crueles e inhumanas.

Íngrid Felicitas Olderöck Bernhard fue una de estas personas sin humanidad. Durante años fue la agente más cruel de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), es decir, el servicio de represión creado por la dictadura del general chileno Augusto Pinochet tras el golpe que derrocó al presidente Salvador Allende en 1973. Ingrid, una exoficial de policía de origen alemán, se encargaba de la formación de las mujeres jóvenes que eran captadas por la DINA para la labor de espionaje y represión de enemigos políticos. Sin embargo, también fue la encargada de llevar a cabo las más horribles torturas en “La Venda Sexy”.

Es lo que hizo en aquella cada de dos pisos en la comuna de Macul lo que inspiró al director Hugo Covarrubias para su cortometraje animado “Bestia”, nominado al Oscar y basado en la vida de Olderöck. "Es un thriller psicológico sobre una mente siniestra”, ha explicado el cineasta chileno a BBC Mundo. ¿Y por qué la ‘Bestia’ te estarás preguntando? Por el aberrante método de tortura de esta mujer: entrenó a perros para violar a mujeres. En concreto, el director narra el caso de Volodia, un pastor alemán que había sido entrenado para este tipo de cruel tortura que dejaba secuelas imborrables en la mujeres (y hombres) que eran sometidxs a ella. 

Dos supervivientes de esta tortura, Beatriz Bataszew y Alejandra Holzapfel, relataron los abusos a los que las sometió Olderöck y cómo ella dirigía el animal mientras otros torturadores obligaban a las personas detenidas a adoptar posturas que facilitaran el abuso. Sin embargo, y a pesar de que las mujeres que sobrevivieron la señalaron como instigadora de las torturas y su nombre fue incluido en el primer informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, la ‘Bestia’ jamás fue sometida a ningún proceso judicial al acabar la dictadura. En su lugar, negó todas las acusaciones y se refugió en una discreta casa donde pretendió llevar una vida como una mujer tranquila y solitaria.

Pero no todo iba a ser tan tranquilo para ella. En 1981 miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) atacaron a Olderöck a la salida de su casa disparándole a quemarropa en la cabeza y el vientre. Sorprendentemente la exagente sobrevivió y utilizó el incidente para asegurar que la bala (que quedó alojada en su cabeza para siempre) le había causado amnesia y que la había llevado a olvidar el español (su idioma materno era el alemán). Ya en 1996, la periodista Nancy Guzman, autora del libro ‘Ingrid Olderöck, la mujer de los perros’, consiguió entrevistarla y conseguir su versión de los hechos, sin embargo, lo que descubrió resultó ser mucho más oscuro de lo que pensaba.

"Yo soy nazi desde pequeña, desde que aprendí que el mejor período que vivió Alemania fue cuando estuvieron los nazis en el poder, cuando había trabajo y tranquilidad y no había ladrones sinvergüenzas”, explicó la exagente a la periodista. Al parecer, su padre quien había emigrado a Chile desde Alemania a los 29 años de edad le había inculcado un odio irracional a todo lo que no encajara en los valores del nacionalsocialismo. "Era una mujer violenta, agresiva, que no tenía piedad”, explicó Guzmán en su libro sin creer, todavía, que guardaba tres pistolas en su domicilio: una siempre encima, otra en la mesita de noche y otra en el horno.

“Yo a usted la odio, odio a los pacifistas”, le decía una y otra vez Ingrid a la periodista después de colocar una de las pistolas sobre la mesa en la que conversaban. "Fue un personaje terrible dentro de un mundo de horror (…) Las sociedades tienen estos monstruos. Y estos monstruos no terminan con las dictaduras. Los monstruos están permanentemente en las sociedades”, reflexionaba la escritora. Finalmente, la ‘Bestia’ falleció sola en su casa debido a una hemorragia estomacal a los 57 años. Nunca se la juzgó ni pagó por sus atrocidades, pero el libro y el documental la mostraron como fue: un monstruo.