El Banksy De Siria Es Rebelde De Día Y Por La Noche Pinta Su Ciudad Con Mensajes Que Escuecen

En Damasco quedan pocas huellas de humanidad. La guerra lleva desde 2011 borrando todo rastro de lo que una vez fue una de las ciudades más antiguas del mundo. Cinco años de conflicto armado, que en occidente se traducen en “la mayor crisis de refugiados de la historia”. Porque el que puede huye de esa pesadilla, llenando de ausencia las calles que ahora ocupan escombros y ruinas. Entre los edificios vacíos y que apenas se mantienen en pie de uno de los suburbios más azotados por los bombardeos de la ciudad, sorprende ver un mural en una pared que nadie sabe por qué sigue ahí. En él, una niña se encarama a un montón de calaveras para alcanzar a dibujar una palabra: “esperanza”.

El autor es Abu Malik al Shami, un joven sirio de 22 años, y esta no es su única obra. Los escombros y los edificios sin vida son los protagonistas de sus murales, en los que ha llegado a recrear unas 30 escenas que escuecen. Su trabajo ha ido apareciendo repentinamente con mensajes cargados de contenido político, por eso muchos no han dudado en compararlo con el misterioso grafitero Banksy. Pero la realidad que retrata Abu es la que él vive cada día en lo que queda de su país en guerra. 

Sus obras pueden verse desde 2014 en múltiples lugares de la localidad de Daraya, a 10 kilómetros del centro de Damasco. Un año antes, en 2013, Shami se unió al Ejército Libre Sirio para luchar contra las Fuerzas Armadas Sirias y los militares leales al gobierno de Bashar Al Assad. Para ello, tuvo que trasladarse Daraya, escenario de la gran masacre de 2012 en la que murieron 300 personas en manos de las tropas gubernamentales. Fue allí donde conoció a otro artista llamado Majd, que lo animó a pasar sus trabajos del papel a las calles.

Primer mural de Shami
Primer mural de Shami

Pero en un país donde el alto al fuego parece un concepto de ciencia ficción y en el que sus barrios están cada vez más desolados, no es sencillo encontrar materiales ni lienzos en los que pintar. Por eso, a Shami, Madj y otros no les quedó más remedio que ser creativos también en su búsqueda. Entraron en lo que quedaba de una tienda de materiales artísticos y con el permiso del propietario rebuscaron entre los restos para hacerse con algunos pinceles y pinturas.

A pesar de que en las calles de Daraya reine el silencio, la ciudad en guerra no descansa. Desde las azoteas y ventanas sin cristales, cientos de ojos pueden estar al acecho, por eso Abu seleccionaba los momentos de mayor tranquilidad para pintar. Tras pasar el día combatiendo, se escabullía durante los amaneceres o las puestas de sol para hacer sus murales. A veces tenía que esperar al reposo de la noche y recurrir a la luna llena o a la luz de su móvil.

Pero ninguna precaución basta en medio de una guerra, y en 2015 Shami tuvo que ausentarse para recuperarse de una herida. Por si fuese poco, al año siguiente sufrió la pérdida de su amigo Majd, el que le empujó a pensar a lo grande entre escombros y ruinas. El pasado agosto no le quedó más remedio que abandonar la ciudad junto a cientos de personas y huir a Idlib, a 60 kilómetros de distancia de Alepo. Las tropas afines a Bashar Al Assad se habían hecho con Daraya.

Evacuación de Daraya / AP

Abu ha rellenado, y continúa haciéndolo en Idlib, esos espacios antes vivos con los recuerdos y memorias de la humanidad que se fue. Precisamente para no olvidar tomó fotos de los diferentes murales que pintó durante esos dos años en Daraya. Puede que sea la única forma que queda de rememorar lo que sucedió en sus calles.

El mural "no seas un peón", antes y después de un nuevo bombardeo