El asesino en serie que drogaba y violaba a jóvenes que conocía a través de Grindr

Anthony Walgate tenía 23 años y estaba estudiando en Londres para convertirse en diseñador de moda. En su vida se cruzó Stephen Port, un hombre que casi le doblaba la edad y que trabajaba como cocinero. Era homosexual, como él, y le gustaban los hombres con cara de niño. Quedaron una noche de verano del 2014. Port había contratado a Walgate como escort, algo de lo que el chico trabajaba ocasionalmente. De madrugada, el cuerpo del joven Walgate yacía sin vida en la calle. Le encontraron cerca del piso de Port, al este de Londres, con síntomas de haber consumido grandes cantidades de GHB, una droga cada vez más popular en ambientes de noche y habitual en las 'chemsex' - fiestas clandestinas con sexo y drogas-, con efectos similares al MDMA, que actúa sobre sistema nervioso y que te puede dejar inconsciente. También le llaman la droga de los violadores.

Fue el mismo Port quien llamó a la ambulancia, diciendo que había chico muerto al lado de su casa. Arrestaron a Port y, después de negar inicialmente cualquier relación con el fallecido, confesó que se había acostado con Walgate, pero que quien había querido consumir esa droga había sido el joven estudiante de diseño. Además, aseguró que se lo había encontrado muerto en la calle cuando él volvía de un turno de noche, de la cantina de una estación de autobuses donde trabajaba como chef.

Port pasó ocho meses en la cárcel en 2015 por obstruir el curso de la justicia, ya que su versión de los hechos había cambiado en varias declaraciones, pero el caso no se trató como un asesinato. Antes de cumplir toda la pena, el chef ya estaba libre, algo fatal para otros tres chicos más que tuvieron la mala suerte de conocerle.

Tres muertes más

Barbara Denham vivía en el este de Londres y solía sacar a pasear a su perro por las mañanas. Hacía siempre la misma ruta. Una mañana de verano, al pasar cerca del cementerio se encontró a un chico en el suelo, recostado contra la pared. Intentó despertarlo, pero el joven no reaccionaba. “Le toqué la mano y la mejilla y me aparté de golpe porque estaban completamente frías”, explicaba Denham para el medio británico Daily Mail. Aquel chico era Gabriel Kovari, un eslovaco de 22 años, homosexual, en el que también encontraron rastros de haber ingerido la droga GHB.

Un mes después, en el mismo lugar, también paseando a su perro, Denham se volvía a topar con otro cuerpo sin vida, esta vez el del británico Daniel Whitworth, novio de Kovari. El hombre, de 21 años, llevaba consigo una nota, que publicó el británico The Sun, en la que confesaba haber matado a su novio de sobredosis: “Nos lo estábamos pasando bien en casa de un colega y se me fue de las manos y le serví otro chupito de G [la droga GHB]. Sé que acabaré en la cárcel si lo confieso a la policía y no le puedo hacer eso a mi familia […] Por cierto, no culpéis al tío con el que estuve anoche, sólo tuvimos relaciones sexuales y después me fui, no sabe nada de lo que he hecho”. Terminaba escribiendo que se había tomado todo el GHB que le quedaba, mezclado con somníferos, para morir. Muy sutil.

Tres muertes en la misma zona, Barking, todos ellos con signos de haber consumido GHB, todos ellos homosexuales y jóvenes. Varios habían conocido al violador y asesino a través de Grindr, una aplicación para conocer a gente muy popular entre chicos gay y bisexuales.

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Pese a estas coincidencias, hizo falta que otro joven homosexual, Jack Taylor, muriera también por sobredosis a manos de Port para que la policía relacionara los casos con el asesino.

¿Homofobia policial?

Recientemente, Port ha sido por fin condenado a cadena perpetua por el asesinato y la violación de estos cuatro jóvenes. Se le detuvo por 22 ofensas a 11 hombres, por haberles drogado y violado. La policía está reexaminando 58 muertes más en Londres que podrían estar relacionadas con Port.

Este cocinero de 41 años conocía a sus víctimas a través de diferentes redes sociales, les invitaba a su apartamento y les metía GHB en el alcohol para conseguir dejarlos inconscientes y luego penetrarles, algo que le excitaba enormemente y que muchas veces grababa en su propio móvil. La policía ha recuperado seis de esos vídeos.

La Comisión Independiente de Quejas contra la Policía -IPCC por sus siglas en inglés- ha iniciado una investigación contra varios agentes de Scotland Yard, para descubrir si ha habido una mala praxis y si la homofobia ha tenido algo que ver en la incapacidad de estos para detener antes a Port. Había claras evidencias de las intenciones de Port en su ordenador, ya en el primer caso, el de Anthony Walgate. Después de contactar con el joven, Port había buscado palabras como "chicos inconscientes", "drogado y violado", "chico violado y torturado joven desnudo". Pero los agentes no analizaron ese ordenador hasta después de las cuatro muertes. También había grabaciones de cámaras de seguridad que mostraban a Port con sus víctimas.

Peter Tatchell, activista por los derechos del colectivo LGBT, ha asegurado en el medio británico The Guardian  que aunque "las relaciones entre la policía y la comunidad LGTB son mucho mejores que hace décadas, este caso despierta la alerta sobre el actual descuido, las actitudes negativas y el comportamiento de algunos oficiales de policía en algunos distritos". Según él, "si cuatro mujeres de clase media hubieran sido asesinadas [...] creo que la policía habría hecho un llamamiento público mucho antes y habría organizado una investigación muchísimo más minuciosa".