Apoyar La Explotación Infantil Es Fácil Si Compras En Nike

En septiembre ocurren dos cosas: la primera, de sobras es conocido, empieza el curso escolar. La segunda, algo más complicada de saber si no vives en un país como Uzbekistán, es que da comienzo la época de la cosecha del algodón. En un principio lo uno no tiene que ver con lo otro, pero si vives en un país como Uzbekistán, sí lo tiene.

En el noveno mes del año, mientras millones de críos de todo el mundo acuden a las clases otros “cientos de miles de niños y niñas acuden al campo”, tal y como denuncia la ONG Anti-Slavery, para ser explotados en la recolección del "oro blanco", tal y como lo define el Gobierno uzbeko.

Esta organización lleva años quejándose de la explotación infantil que se practica en el país, el sexto productor de algodón de todo el mundo. Se calcula que la mitad de este bien se consigue a partir de trabajos forzados. Según Lydia Sangüesa, responsable de la entidad Clean Clothes Campaign, “las escuelas son cerradas durante la recogida y siembra del algodón para obligar a los niños y a las niñas a trabajar”.

Una de las imágenes con las que la ONG denuncia a los que usan algodón fruto de la explotación.
Una de las imágenes con las que la ONG denuncia a los que usan algodón fruto de la explotación.

En febrero de 2013, la CNN elaboró un reportaje en el que explicaba que cada ciudadano que labora los campos tiene una cuota mínima de recogida, que en el caso de los niños puede llegar a los 60 kilos diarios (básicamente dos veces el peso de un crío). En caso de no cumplirse los mínimos exigidos, la persona era castigada con más días de “trabajo”.

"Un chaval de seis años murió aplastado bajo unas cargas de algodón mientras descansaba tras una jornada de duro trabajo.", según Radio Free Europe.

Tras la presión internacional a Uzbekistán, el Gobierno del presidente Islam Karimov, que lleva 24 años en el poder desde que el país se independizara de la URSS, aceptó el pasado año prescindir del uso de menores de dieciséis para la recogida, puesto que supone una gran fuente de ingresos para el país que lo exporta.

“Aunque lo incumplen, siguen usando menores, o se las ingenian para obligar a maestros de escuela, enfermeros y funcionarios a recoger el algodón. Obligados y sin cobrar, por supuesto”, puntualiza Nicolás de Pedro, experto en Asia Central e investigador del CIDOB.

De hecho, las autoridades son las que organizan e “invitan” a la recolección forzada, ya que según Ferghana, portal de noticias ruso, en Tashkent se publican poemas en los periódicos que rezan:

“Si eres un auténtico amante de la Patria participa en la campaña benéfica de cosecha de algodón”

Según explica este mismo medio, durante la época de recogida y siembra, las tiendas y comercios de la región tienen que permanecer cerradas por orden del Gobierno “para no distraer a los trabajadores del campo”. En enero de este año se permitió a la Organización Internacional del Trabajo, que vela por unas prácticas laborales justas y dignas por todo el mundo, acudir a Uzbekistán para certificar si se incumplían los derechos humanos en la recogida de algodón. Un mes después, tal y como explica la CNN, fueron expulsados del país sin que pudieran llegar a realizar un informe conclusivo.

Al presidente Karimov no se le conoce precisamente por su respeto a los derechos humanos.
Al presidente Karimov no se le conoce precisamente por su respeto a los derechos humanos.

Elena Urlaeva, de la Human Rights Watch uzbeca, denuncia que “a los niños y a sus padres se les ha enseñado que el algodón es el oro blanco y el orgullo nacional del país. Lo estudian en la escuela desde el primer grado. Y quienes no están de acuerdo han sido presentados como enemigos del Estado”.

Urlaeva señala que la esclavitud algodonera no es nada nuevo, sino que es una práctica habitual desde la era soviética.  La activista y sus compañeros de la entidad han sido detenidos y encarcelados a lo largo de este último año. Y posiblemente condenados a recoger algodón, la misma pena a la que se enfrentan los infractores de la ley de tráfico y los presos comunes.

H&M también compraba algodón manchado de sangre, pero después de la campaña de la ONG se vio forzado a parar.

Con todo, ha sido durante el pasado año que, tras campañas como “Cotton crimes”, impulsada por la ONG Anti-Slavery, 130 marcas de ropa de todo el mundo han decidido no comprar más de este producto uzbeko si no se acompaña de una garantía de su procedencia respetuosa con los derechos humanos. Sin embargo, multinacionales como Nike siguen adquiriendo el producto responsable de la muerte y esclavitud de tanta gente. “No comprar algodón manchado de sangre es lo mejor que se puede hacer para combatir la explotación infantil”, recuerda Anti-Slavery.

Clean Clothes no solo ha perseguido las actividades ilegales de Nike y H&M.
Clean Clothes no solo ha perseguido las actividades ilegales de Nike y H&M.

Sea a causa de la campaña de Anti-Slavery o no, lo cierto es que en 2013 Uzbekistán ha ingresado 530 millones de dólares  menos en exportaciones que en 2012, según el portal Trading Economics.