Antiespecismo: Cuando La Vida De Una Persona No Vale Más Que La De Un Animal

Si eres de esas personas que piensan que los antitaurinos son demasiado radicales, además de tener la piel un poco fina, es que no tienes la menor idea de cómo tratan a quienes matan animales en otras partes del planeta. Por ejemplo, en el Parque Nacional de Kaziranga (India), que actualmente alberga dos terceras partes de la población mundial de rinocerontes, los guardianes de la reserva tienen derecho a disparar contra los cazadores furtivos. La situación es tan loca que durante el último año se han matado más cazadores que rinocerontes, concretamente 20 personas.

Sin duda, se trata de una forma de amor por los animales a priori radical que, como indica la ONG Survival International, esconde un plan tenebroso del gobierno indio: trasladar centenares de pueblos indígenas de la zona para duplicar el espacio del Parque Kaziranga, mediante el método de "primero disparo, luego pregunto". Con todo, desde hace algunos años existe una teoría con cada vez más seguidores que de algún modo tiene relación con la actuación de los guardas en estos parques: el antiespecismo.

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¿Qué es el antiespecismo?

Antes de definir qué es, debemos preguntarnos qué no es. Por definición, la teoría contraria, el especismo, considera que los Homo Sapiens —lo que todos conocemos como seres humanos— somos una especie superior al resto de los animales. De aquí se deriva que los especistas tengan un mayor respeto por los seres humanos que por el resto de los habitantes del reino animal. Los motivos parecen claros: dado que somos la especie más inteligente de todas, podemos comer sushi, hacer corridas de toros o fabricar abrigos con pieles de visón o zorro de Canadá.

En contra de esta idea nace el antiespecismo. Para esta corriente, la definición de animal nada tiene que ver con la inteligencia. Tanto humanos como aves, insectos o reptiles tienen en común el hecho de querer vivir, sentir dolor y sentir placer. Es por ello que, según los antiespecistas, debemos respetar tanto la vida como la libertad de los seres no humanos. Por supuesto, piensan, el veganismo es la única opción alimenticia, y añaden que es igual de esclavista tener un animal doméstico en casa o castrar a los animales para que sean mejores objetos de compañía. Según ellos, utilizar animales para labrar la tierra es un verdadero crimen.

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En contra del argumento basado en la inteligencia, los antiespecistas ponen por delante el llamado ‘argumento de casos marginales’. También denominado ‘argumento de la superposición de especies’ se basa en afirmar que, aunque existen diferencias intelectuales entre los propios seres humanos, no por ello decidimos comerlos, usarlos para entretenernos o hacernos una chaqueta con nuestro prójimo. En este sentido utilizan a bebés, niños, seniles, enfermos en coma o los llamados incapaces cognitivos que tienen, obviamente, los mismos derechos que el resto de humanos.

¿Qué dicen los detractores del antiespecismo?

Podríamos hablar de dos tipos de argumentos en contra del antiespecismo: los cavernícolas y los lógicos. En el primer caso, no estamos frente a argumentaciones propiamente dichas sino aberraciones intelectuales. ¿Sabéis aquel señor muy castizo que afirma que matar a un toro en el ruedo está muy bien porque es arte y es tradición, y además el torero expresa la esencia del carácter español? En fin, no hay que darles bombo que ya los conocemos de sobra.

En cambio, en el otro extremo de la balanza hay personas que tienen argumentos contra el antiespecismo de mayor peso. Son las mismas que entienden que una cosa es comer pescado que ha vivido libre y la otra cultivar pollos. Los mismos que saben que el consumo de carne actual es insostenible para el planeta. Son también los que afirman que los humanos pueden comer animales porque son omnívoros desde hace miles de años. Aunque, si se tienen en cuenta los estudios que desmienten esta afirmación y consideran que el Homo Sapiens era herbívoro en su origen, este argumento no resulta del todo aceptable.

Y es que, a pesar de que los humanos actuales somos tan omnívoros como los osos, también tenemos leyes, tomamos decisiones racionales y, por lo tanto, comer carne es algo que si no ponemos de acuerdo podemos evitar. Al fin y al cabo, tampoco los primeros pobladores usaban teléfono móvil y no por ello vamos a dejar de enviarnos Whatsapps, ¿no?

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Otro argumento de peso: en un mundo de veganismo y antespecismo ¿cómo viviría la gente de Groenlandia, que cultivarían los esquimales o qué sería de algunos pueblos africanos que únicamente disponen de ganado para cultivar tierras? La única solución, consideran los críticos, pasaría por importar y exportar grandes cantidades de comida no animal de un lado de la tierra a otro. Eso a la postre, produciría un gran colapso ecológico.

Por último, y como puntilla final al antiespecismo, añaden que esta concepción no parece preocupada en el propio ser humano que, para ellos, es el que más sufre los efectos de las guerras, hambrunas y enfermedades. En definitiva, no faltan argumentos a favor y en contra del antiespecismo. Sin embargo, la última palabra depende de uno mismo: si sientes que este mundo es lo suficientemente maduro como para preocuparse realmente por sus animales esta debería ser tu nueva tendencia. Aunque no lo sabes, ya eres un antiespecista más.