Analizamos el peligro real de los tutoriales de Youtube que te enseñan a abrir cerraduras

“Con cinco euros y cinco minutos puedes abrir prácticamente cualquier puerta en España”. Así, a bote pronto, la declaración dejará mosqueado a más de uno. Pero, lo peor de todo, es que no lo dice cualquier persona sino un profesional de la cerrajería con más de una década de experiencia en el sector. Al otro lado del teléfono, Rubén, un cerrajero 24 horas del área metropolitana de Barcelona, no puede contener su rabia al hablar de la difusión de la técnica del bumping en las redes sociales.

“Lo que no puede ser es que los profesionales de esto gastemos 1.000 euros en un curso de formación de tres días y que ahora cualquier hijo de vecino pueda acceder a estas técnicas a través de un vídeo de Youtube. Se está incitando al delito”, se lamenta. No es para menos, algunos vídeos tutoriales de esta plataforma acumulan más de 300.000 visualizaciones, lo que significa que casi medio millón de personas han aprendido, en poco más de dos minutos, cómo pueden abrir la puerta de tu casa y desbalijarte sin forzar tu cerradura o dejar rastro.

Básicamente, la técnica del bumping consiste en la inserción en la cerradura de una llave de ‘bump’, es decir, una llave previamente preparada con unas muescas que dependerán de la marca del bombín instalado en la cerradura. Una vez dentro, se aplican una serie de golpes con un destornillador o martillo mientras se gira levemente la llave. En teoría, la vibración producida por las percusiones provocará el movimiento de los pistones de la cerradura que, al alinearse, acabarán por permitir su apertura.

“Algunos de los bombines más comunes del mercado se abren en 30 segundos”, añade Rubén, que no duda en asegurar que el 80% de las cerraduras en España son vulnerables a esta técnica. Para este cerrajero, la irrupción de esta técnica en España durante el 2014 supuso “una fiebre” de asaltos en viviendas a mano de bandas organizadas, en su mayoría de Europa del Este. De hecho, la plataforma Trisindical de los Mossos d´Esquadra denunció a finales de 2015 un aumento del 38% de los casos de robo con fuerza en domicilios del área metropolitana de Barcelona.

Sin embargo, esta fiebre inicial parece haber pasado, ya que las últimas cifras ofrecidas por el Ministerio de Interior apuntaron a que el número total del robos con fuerza en viviendas en España se redujo un 2,1% en 2016, con un total 112.925 denuncias. Aunque está claro que eso no significa que el peligro haya pasado: hace apenas un mes la Policía Nacional anunció a bombo y platillo la detención en Barcelona de uno de los miembros de la banda de los “rompellaves”, un grupo itinerante cuyos miembros, en su mayoría georgianos y rumanos, recorrieron el país asaltando casas mediante el método del bumping.

Pero, si el uso de estas técnicas parece estar mayoritariamente en manos de bandas criminales, ¿cuál es entonces el efecto de la difusión de estas técnicas en las redes sociales? El responsable del canal Cerrajería Directa, el más visto en Youtube sobre el tema en español, lo tiene claro. “Esto es como la gente que cuelga vídeos con técnicas de artes marciales. No por exponer una técnica la gente se va a poner a emplear. Nosotros enseñamos nuestro trabajo de una manera 100% legal”, asegura Francisco.

En su opinión, compartir estas técnicas en internet no supone ningún peligro ya que “su aplicación dependerá de la ética de cada uno”. En este sentido, Francisco argumenta que “en internet también hay información sobre la fabricación de explosivos con artículos de farmacia”, pero que, en su caso particular, “los vídeos sirven para alertar al ciudadano común sobre los peligros de estas técnicas y recomendar sistemas de cerraduras a prueba del bumping o de ganzúas manipuladas”.

Aunque los argumentos de Francisco parecen de lo más lógico, el cabo de la Unidad Central De Proximidad y Atención al Ciudadano de los Mossos d´Esquadra, Guillem Goset, reconoce que “las plataformas de internet permiten la posibilidad de que se filtren conocimientos técnicos que anteriormente se encontraban limitados a determinados gremios”. En lo que sí están de acuerdo los tres entrevistados es en la facilidad con la que cualquier ciudadano, incluido un menor, pueden acceder a las herramientas que facilitan la aplicación del bumping, es decir, a juegos de llaves diseñados específicamente para este propósito.

La curiosidad por comprobar estas afirmaciones nos invade. Simplemente escribiendo llaves de bumping en Google, aparecen ante nosotros decenas de anuncios ofreciendo auténticos kits de cerrajero a muy bajo precio. Por apenas 179 euros, un vendedor de Ciudad Real ofrece en Milanuncios.com un juego profesional de 25 llaves multipunto y 50 llaves de serreta que, según asegura, “abarca el 90% de bombines del mercado nacional”. Por si fuera poco, su anuncio también incluye láminas de plástico que simulan radiografías y que se utilizan en la apertura de puertas y una pistola eléctrica para el ganzuado. Además, ofrece la posibilidad de adquirir una llave de una marca específica por solo cinco o siete euros la unidad.

Un verdadero arsenal en manos equivocadas cuyo vendedor podría enviar directamente a tu casa en 24 horas por mensajería urgente. Lo único que necesitarás es realizar el pago contrareembolso. Con eso y un par de tutoriales estarías, en teoría, listo para acceder al 90% de las viviendas de este país sin dejar rastro. “Para adquirir estas herramientas antes había que presentar el alta de autónomos y justificar que sería usado en cerrajería profesional, ahora todo se compra por internet”, sentencia Rubén, el primero de los cerrajeros entrevistados. Por su parte, Francisco recuerda que “mientras aduanas no lo detecte, se pueden comprar juegos enteros de cerrajería de China por 100 euros”.

Llegados a este punto, en el que sufrir el bumping parece poco menos que inevitable si alguien realmente se propone entrar en nuestro domicilio, el cabo Goset recomienda aplicar un conjunto de medidas simples de prevención antes de dejarnos los más de 1.000 euros que pueden costar las cerraduras antibumping. “Lo primero que debemos hacer es un análisis de vulnerabilidad de nuestra vivienda. No está igualmente expuesto un piso en un bloque de viviendas que un chalet en una urbanización”, apunta Goset quien cree que “el gasto en seguridad debe ser proporcional a lo que nos gustaría proteger en nuestra casa”.

Si pensamos en que la mayoría de joven no es que andemos sobrados de dinero ni de artículos de lujo, el consejo del cabo Goset de mudar nuestros hábitos de seguridad antes que rascarnos el bolsillo nos viene como anillo al dedo. “El ladrón piensa como tú, aplicando la ley del mínimo esfuerzo. Si ve que en el domicilio hay movimiento constante, que no pasa temporadas prolongadas vacío, que siempre se cierra con doble vuelta o que el bombín de la cerradura no es de los más comunes, lo más probable es que termine por abandonar la idea”, asegura.

“Al final siempre es más fácil trepar a un balcón o saltar por una ventana abierta”, recuerda el Mosso en referencia a los despistes habituales que facilitan la labor a los delincuentes y que, en muchas ocasiones, están por detrás de los robos en domicilios. “Es lo mismo que ocurre en un piso por el que han pasado muchos inquilinos y cada uno ha hecho una copia de la llave. Lo más seguro será lo más simple: cambiar el bombín y controlar el número de copias”, añade Goset. Algo similar opina Rubén, el cerrajero: “si han decidido entrar a tu domicilio entrarán igualmente, lo importante es disuadir de que tu vivienda es un lugar atractivo para ellos”.

Tras hablar con cada uno de ellos, la conclusión que puede extraerse es que técnicas como el bumping o el ganzuado siempre estarán a disposición de las personas que tengan interés en ponerlas en práctica ya sea en Youtube, la deep web o el boca a boca. Y que, la mejor solución a esta amenaza ,pasa por una buena prevención. Modificar nuestros hábitos, estar al tanto de las informaciones que la policía difunde periódicamente sobre estas actividades o simplemente controlando qué tipo de personas frecuentan nuestro portal podría ser suficiente para evitar convertirse en una potencial víctima del bumping.