Por qué un algoritmo sabe quién te escribe por whatsapp para que te aparezca en facebook

Estoy enganchada a los gatos en Instagram. Bueno, y a los pájaros; me encantan los pájaros. Pero también veo otras cosas: DIYs, trucos de decoración, fotografía, ilustraciones y cómics… Y no lo voy a ocultar, también cotilleo. Más o menos era feliz con las sugerencias que me salían, hasta el día en que decidí buscar la cuenta de una barbería para mi novio. Entonces, el algoritmo se volvió loco y empezó a mostrarme un montón de sugerencias sobre cuidados para la barba, degradados en el corte de hombre, productos para no quedarse calvo, o para tapar si ya es demasiado tarde… Para Instagram me convertí en un tío. ¿Qué había pasado con el Instagram que me molaba?

Vivimos a través de algoritmos que median cada vez más en lo todo lo que consumimos dentro y fuera de internet. A menudo nos sirven de guía para tomar la mayor parte de nuestras elecciones: dónde comer, dónde alojarnos, con quién… ¿Has pensado alguna vez si esas elecciones son resultado de tu decisión individual?, ¿o se trata de algo que un algoritmo eligió por ti? Yo no sé si me gustan tantísimo los gatos desde siempre o ha sido a raíz de Instagram, porque la verdad es que nunca he tenido uno.

La web personalizada, esa que aprende con nuestras interacciones y que nos ofrece principalmente Google y todo lo que a él está conectado (Facebook, Instagram, etc), hace, sin embargo, que si dos personas introducen lo mismo en un buscador, los resultados posiblemente no sean iguales. Con Internet, pensábamos que teníamos acceso a toda la información disponible, pero no es así. La nueva información que querrías obtener se vería contaminada, además de por tus búsquedas anteriores, por tu edad, tu género, tu idioma o el lugar en el que vives, entre vete a saber qué muchas otras cosas. 

Esto es lo que el ciberactivista Eli Pariser llama “burbuja de filtros”: un universo personalizado en el que solo se nos muestra lo que queremos ver, o más bien, lo que el algoritmo piensa que nos interesa. Esa personalización hace que sea menos probable que encontremos información que ponga en duda o que simplemente amplíe nuestra forma de ver el mundo. Todo estará basado en nuestros gustos y en lo que los algoritmos han ido recabando de nosotros, nada va a contradecir tu forma de pensar o lo que podría gustarte. Y salir de ahí… no es fácil.

Esa burbuja de filtros nos oculta otras perspectivas del mundo y refuerza posturas inmovilistas. Nadie va a cuestionar tus ideales ni a conocer otras culturas porque no vas a ver otra cosa más que lo que te rodea. Antes de que el algoritmo de mi cuenta de Instagram enloqueciera, solo me mostraba el mismo tipo de contenidos. ¿Qué me he estado perdiendo todo este tiempo?

Los algoritmos toman decisiones por nosotros, eligiendo sin nuestra participación lo que en teoría queremos ver y sin ser siquiera un proceso transparente. Llega un momento en el que no nos deja ver más allá de nuestro pasado; búsquedas, likes y un sinfín más de interacciones realizadas con anterioridad que no paran de perseguirnos a través de contenidos “relacionados con nuestros intereses”. Y no salimos de lo mismo, no solo a la hora de consumir información. ¿Te ha pasado alguna vez que, por ejemplo, tu casero nuevo te apareciese como sugerencia de amistad en Facebook? Pues eso tampoco es cosa del destino ni magia negra.

La llegada de los smartphones supuso la apertura de una puerta directa a nuestra privacidad. Además de toda la información que ya tiene Facebook sobre nosotros, la red usa nuestra agenda de contactos y basa en ella nuestras futuras amistades online. Podemos estar tranquilos, de momento, porque no utiliza nuestra localización para sugerirnos nuevos amigos ni tampoco nuestros mensajes o llamadas. Aunque desde un teléfono Android ya se podría hacer, ya que Google sí permite compartir este tipo de información (revisa tus ajustes). Y no olvidemos tampoco que la mayoría de nuestra mensajería privada viaja a través de Whatsapp y que la app fue comprada hace ya tiempo por Facebook... Por lo que parece, no tenemos escapatoria. 

Desde que 'rompí' mi Instagram intento no autocensurar la información que consumo en internet y mis redes sociales y seguir una serie de consejos para salir de la burbuja de filtros. Aún así parece muy difícil pincharla.