Más allá de Alcàsser: los crímenes sin resolver más misteriosos de España

Hay muchos crímenes cargados de misterio en España. En estos tres casos, la policía todavía no sabe el nombre de los criminales ni es capaz de detallar toda la cronología

Todos conocemos el truculento caso de las niñas de Alcàsser. Y si no lo conocías, seguro que ahora sí, después de la docuserie viral que ha estrenado Netflix. Un caso que todavía a día de hoy da escalofríos por el circo mediático que envolvió el horror y por las incógnitas que siguen en el aire. Pero no es el único caso que sigue sin una respuesta clara en nuestro país. Aun hay muchos crímenes sin resolver. Estos son tres de los más misteriosos.

1. El caso Macastre

En 2019 se cumplieron tres décadas de este triple crimen sin resolver. Las víctimas fueron Rosario, Valeriano y Pilar, de 15, 14 y 15 años, respectivamente. El 15 de enero de 1989, los tres jóvenes fueron a un bar en Catadau (Valencia), curiosamente el mismo donde los sospechosos del crimen de las niñas de Alcàsser compraron bocadillos la noche que se cometieron los asesinatos. El bar fue el último lugar donde los vieron con vida, acompañados de un hombre que los invitaba a bebidas. Pero cuando encontraron los cadáveres el hombre no fue procesado: no había pruebas que lo vinculasen a las muertes, solo había la certeza de que habló con ellos en el bar.

Al día siguiente de la desaparición, un pastor llegó a una caseta que tenía en el campo, donde se encontró la cerradura forzada. En la cama estaba el cadáver de Rosario con la cremallera del pantalón bajada. El resto de la casa estaba en perfecto estado, sin rastros de pelea. En la zona genital había restos de una sustancia blanca desconocida (que no era semen) y sangre.

85 días después, se encontró a medio kilómetro de la caseta el cadáver de Valeriano. Le faltaba una de las manos, las falanges de la otra y vértebras de la columna vertebral. A su alrededor había rastros de cabello pelirrojo, aunque ninguno de los niños tenía el pelo de ese color, y una vela. Según los criminólogos que llevaron el caso, es probable que fuera estrangulado mientras veía a Rosario siendo forzada sexualmente por uno o varios hombres.

Una semana después de encontrar a Rosario, los investigadores hallaron un pie junto a un local de la calle Alcàsser de Valencia. Cuatro meses más tarde descubrieron que era de Pilar. En mayo, habían dado con su cadáver, que tenía la cara desfigurada y le faltaba un pie y una mano. Días antes de encontrarlo, alguien llamó anónimamente a la policía, alertando del lugar donde se encontraba el cadáver e implicando a un traficante de drogas muy conocido. Fue el segundo sospechoso, pero no se le pudo procesar. Según los criminólogos Félix Ríos y Amós Vanacloig, habían querido culpar del asesinato a alguien con antecedentes para que dejasen de investigar. "Lo que está claro es que la persona que llamó sabía perfectamente dónde estaba el cuerpo de Pilar", aseguran. Todavía sigue sin resolverse el caso.

2. La familia Barrio

Este crimen que sucedió en Burgos tiene muchísimas incógnitas, todas sin resolver. Era 2004, y la familia Barrio estaba en su casa. A las 5 de la mañana, alguien entró en la casa sin forzar la puerta. Era el asesino que acabaría con la vida de Salvador, el padre, Julia, la madre, y Álvaro, el hijo, de 12 años. Solo sobrevivió Rodrigo, de 16 años, que ese mismo día había sido mandado a estudiar a un internado.

El asesino entró y apuñaló a Salvador 50 veces. Tras matar al padre, entró al dormitorio familiar. Apuñaló 17 veces a la madre. Finalmente, solo quedaba el niño, que cerró la puerta con candado al oírlo todo. El atacante derribó la puerta de una patada, lo cogió de debajo de la cama, y lo arrastró hasta el pasillo, donde le propinó 17 navajazos y luego le cortó el cuello. El hijo que sobrevivió fue, durante un tiempo, sospechoso. Sin embargo, para los criminólogos era imposible que un adolescente hubiera diseñado un plan perfecto como este.

La familia de Barrio

Hay muchas incógnitas. La primera: no hay pruebas de ADN ni ninguna huella. El asesino usó guantes todo el rato y no dejó cabello. La única huella fue la del zapato en la puerta derribada de Álvaro. Sin duda, tuvo que cambiarse de zapatos y ropa antes de salir, pero no se encontró nunca nada en los contenedores ni en el vertedero. El crimen fue perfecto, también, porque los vecinos no oyeron nada.

No saben quién los mató. Según todos sus conocidos, nadie los odiaba. Pero en la tumba del padre pusieron “te lo mereces”.

3. El asesinato de Helena Jubany

Helena Jubany, de 27 años, vivía en Sabadell. Un día llegó a su casa y se encontró una botella de horchata y unas pastas con una nota escrita a mano: “sorpresa, pasábamos por aquí y hemos dicho: a ver qué se explica Helena. Somos ¿? (te llamaremos, ¡cómetelo todo!)”. No se lo comió. Días más tarde, de nuevo, apareció un zumo y una nota: “a ver si coincidimos otra vez en una excusión de la unión excursionista de Sabadell. Al tercer regalo desvelaremos el misterio de quién somos. Te hartarás a reír”. Esta vez sí se tomó el zumo y se encontró muy mal. Llevó a investigarlo y descubrió que la habían intentado envenenar con benzodiazepina, un tipo de somnífero.

Helena salió el 30 de noviembre de su casa y no llegó al trabajo. Fue al piso de una conocida suya, Montse Careta y Santi Laiglesia, su pareja y abogado criminalista. Fue drogada con somníferos y lanzada desde la terraza del edificio. La encontraron desnuda y con quemaduras en los dedos y los genitales.

Montserrat fue detenida cuando encontraron en su casa los somníferos y las cerillas que se usaron para quemarla. Pero ella siempre defendió que era inocente. Se suicidó colgándose de su celda. No fue la única víctima del proceso, el padre de Helena murió de un ataque al corazón por el estrés de la situación.

Fueron imputados Laiglesia y otra compañera de la unión excursionista, Ana Echaguivel, que se determinó que era autora de los anónimos que había recibido Helena. Pero se liberaron porque no había pruebas sólidas. Los abogados del caso señalan que probablemente se trataba de un juego de rol en el que estaban todos metidos y que ella desconocía que acabaría en su muerte.