9 Señales Que Indican Que Tu Trabajo Te Está Consumiendo Y Deberías Dejarlo

Hoy en día tener curro es importante, y aunque no te guste, por lo general tienes que tragar con lo que sea. Ya te hemos explicado en otros artículos algunos trucos para mejorar el día a día en tu trabajo, pero a veces esto no sirve de nada. Porque en ocasiones lo más recomendable, si quieres evitar que tu vida se vaya por el desagüe, es salir de ese trabajo y dedicarte a otra cosa. Lo importante aquí es darse cuenta de esas señales que van apareciendo poco a poco, asimilar la situación y poner remedio lo antes posible. Vamos a describir algunas de estas señales de las que no siempre es fácil darse cuenta:

1. Se hace difícil levantarse y acudir al trabajo. Rezas porque te encuentres algún impedimento que sea la excusa perfecta para no asistir. La falta de motivación y la ansiedad acabarán por crearte un problema mayor.

2. Desvías la atención cuando te preguntan qué tal en tu curro. Sacas otros temas, reproduces frases genéricas y te pones nervioso. No solo te sientes mal por no saber qué contestar sino que proyectas en la otra persona inseguridad y desgana.

3. Empiezas a coger volumen. Vamos, que progresivamente engordas, sin vuelta atrás. El trabajo te lleva por el camino de la desesperación y lo pagas comiendo y bebiendo más; no te preocupa tu aspecto, sino suplir la desesperación.

4. Sarna con gusto no pica. Cuando empiezas a estar a gusto haciendo esa clase de tareas que realmente odias. Es lo peor, sabiendo que no te gusta nada pero no te queda otra, por lo que te lo tomas lo mejor posible. ¿No sería mejor hacer las cosas con placer?

5. Cuando más de la mitad de tus compañeros están como tú o incluso peor que tú, quemado, descontento, zombi. Llegas todos los días, todos se miran y se dicen todo sin necesidad de hablar mientras agachan la cabeza.

6. Lo más productivo de tu jornada es tomarte un café o hacer una lista de la compra. Entonces te das cuenta de que la mayor parte del tiempo es vacío, un sinsentido, sin alma.

7. Cuando ya no te piden que hagas cosas fuera de lo común. Tareas rutinarias y que alienan. Han dejado de confiar en ti para nuevas funciones, estás apalancado.

8. Cuando nada de lo que dijiste en la entrevista ya tiene sentido. Ellos querían a alguien que lo diera todo, proactivo y con capacidad de crecer en la empresa. Tú también les dijiste lo mismo, pero todo ha quedado en la poesía encantadora de las entrevistas de trabajo. Nada fue como se esperaba.

9. Vagas como un zombi por toda la oficina. Los hombros encogidos y caídos, cara larga, mirada de abatimiento y te tropiezas con todo tipo de objetos contundentes. No tienes ilusión por nada y caminas por inercia.

Crédito de la imagen: gointothestory.blcklst.com