Las 5 Mayores Mentiras Sobre Los Inmigrantes Que Han Querido Meter En Tu Cabeza

En estos tiempos en los que Donald Trump está al mando de la mayor potencia del mundo o que la francesa Marine Le Pen puede alcanzar el Elíseo con su discurso contrario a la inmigración, recibimos cada semana decenas de noticias en las que se demoniza a refugiados e inmigrantes: que si nos quitan el trabajo, que si nuestro país no es para ellos, que si en su mayoría son violadores y criminales o que nunca se adaptan y forman guetos.

Sin embargo, la mayor parte de estas afirmaciones son más emotivas que racionales. Son, por decirlo con el término de moda, pura posverdad: creencias en las que influyen más la emoción y las opiniones personales que los hechos objetivos. Aquí están los datos y los expertos que desenmascaran estas mentiras que han querido meter en nuestra cabezas repitiéndolas una y otra vez.

1. Nos roban el trabajo

Esta es una de las afirmaciones estrella. Para empezar, hay un fallo semántico: para robarnos el trabajo, este debe ser nuestro, y no se ven precisamente muchos casos en los que despidan a un español de una oficina para contratar a un subsahariano, un paquistaní o un sudamericano. Por suerte, nuestros derechos laborales no permiten que el jefe o la empresa de turno quiten y pongan trabajadores contratados como si fuesen calzoncillos.

Más allá de este error semántico, muchos españoles —el 50% según un estudio del CIS de 2014— creen que los extranjeros ocupan empleos en los que podría estar una persona nativa. La realidad, sin embargo, es distinta: los inmigrantes muchas veces abren sus propios negocios y, además, el mercado de trabajo no es como el juego de las sillas, en el que todos se pueden sentar en cualquier sitio, sino que está segmentado: no competimos para los mismos puestos ya que eso depende de la formación específica, no del origen, como explica el doctor en Sociología Jorge Galindo en un artículo en Politikon.

Además, los investigadores del estudio Efectos de la inmigración en el mercado de trabajo español llegaron a la misma conclusión: "No se detectan indicios de que la mano de obra inmigrante compita intensamente por los mismos puestos de trabajo con la población española de origen".

2. Nuestro país no es para ellos

¿Por qué? ¿Por qué no va a ser para ellos? Para empezar, se calcula que en torno a 3,2 millones de españoles emigraron a otros países durante el primer tercio del siglo XX: Francia, Suiza, Alemania y un puñado de estados latinoamericanos recibieron a quienes escapaban de la Guerra Civil, del franquismo o de la pobreza de los campos de España. A nosotros nos acogían, pero nosotros no queremos acoger.

Más allá de estos argumentos humanistas y solidarios, también hay razones científicas y demográficas: una parte de la inmigración que llega completa el mercado de trabajo, con perfiles complementarios que incrementan la productividad, como explica Jorge Galindo. Un ejemplo muy clásico es el de las multinacionales: qué mejor que gente de todos los países en los que operan para aportar un plus —además de la formación específica necesaria—.

Otro de los motivos por los que los inmigrantes son necesarios viene de nuestra pirámide de población. Con muchas personas mayores y pocas parejas jóvenes con pocos hijos, España necesitará un boom de inmigrantes que trabaje para mantener las prestaciones sociales y cubrir la mano de obra que el país necesitará en los próximos años. Según los últimos cálculos de la Comisión Europea, nuestro país necesitará 7 millones de inmigrantes hasta 2030 para mantener el equilibrio entre población activa y jubilados.

3. No los necesitamos

En realidad, en un mundo tan globalizado, todos estamos interconectados y la economía de un país depende, y mucho, de lo que pase en otros Estados. En España, por ejemplo, los inmigrantes no cualificados son necesarios para ejercer trabajos que los españoles no queremos: la vendimia, la recogida de fruta, la pesca de altura. De hecho, en 2010 , y a pesar de la desbandada provocada por la crisis económica, todavía ocupaban el 17,5% de los puestos de trabajo no cualificados por apenas un 3,6% de puestos altamente cualificados.Resultado de imagen de le pen gif

Los empleos física y psicológicamente jodidos son los que muchas veces tienen los extranjeros, como apuntó un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) que analizó el impacto de la inmigración en los salarios y la oferta de trabajo en nuestro país. Según ellos, estos ocupaban puestos que los trabajadores nativos no deseaban ejercer y no provocaban ningún efecto negativo ni sobre los salarios ni en el desempleo de los españoles.

4. Son violadores y criminales

Estos calificativos, que popularizó Donald Trump durante la carrera electoral para llegar a la Casa Blanca para referirse a los mexicanos indocumentados, son el paradigma de lo que piensan muchas personas sobre quienes llegan a su país: que son peligrosos, violentos, y agresivos. En realidad, es como si equiparas a todos los colombianos con un narcotraficante como Pablo Escobar. En todos los países hay delincuentes, pero nunca es la norma general.

“La criminalidad en España es baja en comparación con el resto de Europa. En los últimos años los índices de delincuencia han aumentado ligeramente, mientras que la población inmigrante ha crecido a un ritmo mucho mayor. Ello apunta una correlación positiva, pero baja, entre inmigración y delincuencia”, apuntó en uno de sus artículos el profesor del Departamento de Economía de la UC3M, César Alonso Borrego.

5. Se llevan todas las ayudas sociales

Es otro de los grandes clásicos. Los extranjeros no solo ocupan puestos de trabajo que podríamos tener nosotros, sino que también se llevan cuanta ayuda otorga la Administración. Sin embargo, la normativa que establece las concesiones que da el Estado no va en función de la nacionalidad, sino de las circunstancias particulares de cada persona. Si no cumplen unos requisitos económicos, personales y sociales mínimos, no podrán ver un euro aunque sean de la Conchinchina. Las cifras son elocuentes: de las ayudas que hay por desempleo, los inmigrantes solo se llevan el 8,6% y el otro 91,4% es para los españoles.

Su impacto fiscal, por cierto, no solo consiste en restar: además de las ayudas que reciben, también aportan vía impuestos y cotizan a la Seguridad Social. Según Amnistía Internacional, la diferencia entre lo que se llevan y lo que dan arroja un saldo positivo de 5.500 millones de euros, lo que equivale a un 0,54% del PIB. Casi nada.