5 Maneras Inteligentes Para Trabajar Menos Y Ser Más Eficiente

“Solo si trabajas duro alcanzarás el éxito”. Este es un cliché muy repetido con el que estamos de acuerdo, al menos parcialmente. En Código Nuevo, uno de nuestros hobbies favoritos es romper con los tópicos, y hoy vamos a demostrarte como no siempre el trabajo duro es la clave del éxito.

Y es que lo importante muchas veces no es “trabajar duro”, sino trabajar de manera más inteligente. Optimizar tu esfuerzo para que, trabajando menos, obtengas incluso mejores resultados. ¿Dónde hay que firmar para conseguir eso? En ningún sitio, simplemente sigue leyendo. A continuación, te explicamos cinco secretos para que aprendas a trabajar de manera más eficiente y sin sudar gotas de sangre.

1. Una retirada a tiempo a veces es la mejor estrategia

Aunque se hayan empeñado en hacerte creer lo contrario, en ocasiones la mejor manera de afrontar un problema es huyendo de él. Cuando una tarea se te atragante hasta el punto de nublarte la vista, prueba a levantarte de la silla e ir a dar una vuelta para respirar un aire más limpio.

Si te empeñas en sacar adelante una labor que se te resiste, puedes caer en un círculo vicioso que solo te generará estrés, impotencia y mal humor, y eso acabará afectándote a ti y a tu entorno negativamente. Así que pon un poco de tierra de por medio, piensa en un lugar bonito y deja reposar el problema. La solución acabará apareciendo en tu cabeza sin siquiera pretenderlo.


2. Todo a su debido tiempo

Aunque no lo reconozcas (y menos delante de tu jefe), tú también eres de los que consulta su Facebook o le echa un ojo al WhatsApp durante la jornada laboral. Y lo cierto es que no tiene nada de malo; te ayuda a descansar la mente y recargar las pilas. El problema es cuando se convierte en una distracción constante y requiere gran parte de tu atención.

No puedes pretender tener 25 pestañas abiertas en el ordenador y ser eficiente al mismo tiempo. Intenta identificar cuáles son tus fuentes de distracción y dosifícalas. Por ejemplo, puedes dedicar 5 minutos a chafardear tus redes sociales después de cada hora de trabajo. Menos distracciones es igual a más eficiencia.


3. Virtudes y defectos

Reconocer las virtudes de uno mismo a menudo resulta complicado, pero más difícil suele ser reconocer los defectos. Pero sí, todos y todas tenemos de las dos, e identificarlas aplicadas al mundo laboral es esencial para obtener mejores resultados.

Si sabes que una tarea no se te da especialmente bien, intenta delegarla en otra persona (por lo que también es importante reconocer las virtudes de los demás, algo que nos suele costar incluso más). Del mismo modo, si sabes que eres muy bueno en algo, hazlo tú y solo tú. Conseguirás agilizar el ritmo de trabajo y optimizar los resultados, con lo que todos saldréis ganando (entre ellos, tu ego, lo que tampoco está nada mal).


4. Vayamos por partes...

Ponerse pequeñas metas mentales es especialmente útil para reducir la ansiedad. No te propongas acabar con grandes cantidades de trabajo del tirón, eso solo te sobrecargará a nivel físico y mental.

Sin embargo, si creas pequeños objetivos y vas a por ellos, verás que todo se hace mucho más llevadero. Regálate pequeñas recompensas cada vez que cumplas con una de estas metas, como comer un dulce o escuchar una de tus canciones favoritas; psicólogicamente te animará más de lo que crees.


5. Lo primero es lo primero

Aprender a priorizar las tareas es fundamental, aunque no siempre es fácil. Durante una jornada laboral es probable que recibas montones de emails, todos pidiéndote que hagas un montón de cosas y todos marcados con la etiqueta de “alta importancia”.

Debes detenerte y analizar cuál es realmente el nivel de urgencia de cada cosa, y dejar para después las que sean menos importantes o las que pueden esperar sin que se vaya a hundir la empresa. No dejes que las tareas menos relevantes rompan tu ritmo de trabajo. Al fin y al cabo, tú solo tienes dos manos, y es posible que una la tengas ocupada contestado un WhatsApp.