5 expatriados se abren para contar por qué no volverán a casa aunque el paro baje

Que levante la mano quien no tenga un amigo o conocido viviendo en el extranjero, a quien vea dos veces al año y con quien tenga que mantener el contacto por Skype. Unos se marcharon por aventura, por aprender un idioma, mejorar el currículum, pero otros tantos se fueron por necesidad, porque España no les daba ningún tipo de oportunidad para incorporarse al mercado laboral. Ahora no paramos de leer y escuchar que todo va mejor, que las cifras cambian pero, ¿tanto como para que nuestros colegas puedan volver a casa?

Según el último informe de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicado este jueves, el paro en España ha caído en 541.700 personas dejando la tasa en un 18,63%. Un porcentaje que no se alcanzaba desde 2009. Pero, ojo, que estos números no te alegren todavía el día, porque el paro juvenil sigue alto, y mucho. Un 42,9% de los jóvenes menores de 25 años no tiene trabajo.

Núria Ribas se fue a Bruselas hace tres años, poco antes de terminar la carrera. Es arquitecta y, a sus 27 años, ya ha echado raíces en Bélgica. "Después de tanto tiempo hay muchas cosas que me ligan aquí (pareja, amigos...), pero ganas de volver no me faltan", nos cuenta por teléfono. Los que están en su situación, cuando preguntan a sus amigos, cuando comparan cómo les podrían ir las cosas si volvieran a casa, las respuestas les echan atrás.

"No podemos hacer predicciones de futuro, obviamente, se trata de un proceso lento, no creo que la gente empiece a volver de golpe ni que dejen de irse", explica Sergi Jiménez, profesor del Departamento de Economía y Empresa de la Universitat Pompeu Fabra y experto en economía laboral.

Aythami Luis en Picadilly Square en Londres.

En el extranjero el trabajo es mejor, más fácil de encontrar y más estable. Y ante la pregunta de si se plantean volver a España viendo estos indicios de mejora, se lo piensan poco: "Mi respuesta es un NO rotundo. No creo que la situación tan confusa que hay en España sea lo suficientemente atractiva para volver", dice Aythami Luis, que dejó Tenerife para mejorar su inglés. Por muchos titulares y ruedas de prensa que anuncien crecimiento, los expatriados no se fían de los números ni de los políticos. "No creo en la recuperación ni en estos macrodatos, yo creo en lo que me cuentan mis amigos y conocidos. Tampoco siento que las perspectivas de futuro hayan mejorado ni que la cosa esté para plantearme volver. Ahora mismo, creo mucho más en lo que tengo aquí", sentencia Oriol Salvador. Tanto Aythami como Oriol se marcharon a probar suerte al primer lugar en el que pensamos todos cuando hablamos de largarnos: Londres. Una ciudad y un país que pasan por un momento políticamente complicado en relación a los europeos, pero que sigue siendo, tal vez por el idioma, la meca del expatriado español.

Sin embargo, la capital inglesa es una gran urbe plagada de las mismas injusticias que las de aquí: ofertas de becarios con sueldos ridículos e incluso sin ellos. "Cuando encontré mi primer trabajo en Londres, cobraba un sueldo por debajo del living wage (es la cantidad que se considera aceptable para vivir sin preocupaciones en una ciudad tan cara como Londres). Además, las tres cuartas partes de la plantilla eran becarios y no cobraban. Yo creía que esto solo pasaba en España. En seguida empecé a buscar otra cosa", recuerda Oriol.

Pero aunque todo eso existe, sí hay trabajo y no lo cambian por uno en nuestro país. "En España hay muchísima gente buscando el mismo trabajo cualificado, para pasar el listón tienes que tener un nivel altísimo y mucha experiencia por un sueldo ridículo. Aquí, contando con un poco menos de experiencia, se puede conseguir esa oportunidad que se anda buscando", cuenta Oriol. "Mi trabajo me da para pagar el alquiler y comer. Tengo un nivel de vida bajo en Londres, pero cuando voy a España a ver a mis amigos, noto que más alto que el suyo. Muchos de ellos tienen trabajos temporales y precarios", cuenta Aythami.

Oriol Salvador en Londres.

María Fernandez también vivió unos años en Londres, se fue hace dos años por estudios y sigue sin volver a casa, "mucha gente que he conocido en Inglaterra llegó chapurreando inglés y claro, no podían hacer trabajos que requerían más cualificación o trato con el público. Una vez que superaron eso han tenido muchas oportunidades. El mercado laboral en Reino Unido es muchísimo más flexible que en España. A veces eso significa precariedad y dobles trabajos, pero a menudo también mayor oferta laboral y posibilidades de desarrollo profesional".

A pesar de que en otras ciudades europeas los precios sean muy altos, los sueldos suelen ir en consecuencia. "El nivel de vida es alto aquí, pero con el sueldo que se obtiene no te tienes que preocupar de no poder pagar las facturas o de no llegar a fin de mes", cuenta Laura Illa sobre Zurich, un destino menos concurrido por los españoles y uno de los destinos europeos con mayor calidad de vida.

A la derecha, Laura Illa con sus amigos en las cataratas del Rin (Suiza)

Han encontrado trabajo 'de lo suyo', eso también puede pasarle a uno aquí. Pero, para ellos, eso no es lo único que importa si el puesto y las condiciones no son buenas y, sobre todo, seguras. "Lo bueno es que tengo estabilidad. Sé que mi jefe no me va a despedir mañana. Y si pasara o si no me gustara mi trabajo, sé que puedo encontrar otro en seguida", dice Núria.

Tanto los expatriados como los expertos tienen claro que han de cambiar todavía muchas cosas para que los jóvenes abandonen la vida que han construido en otros países. "Los sueldos han caído mucho estos años y eso hace que la gente que se fue no considere ofertas en España. Para que la cosa mejorara de verdad debería menguar la precariedad y los contratos deberían ser más estables", sentencia Sergi Jiménez. Como decía este experto, la recuperación que se ve en titulares y cifras, no se percibe en la calle. Y, sin duda, que todavía no compensa ni a los de aquí, ni a los de allí.