Las 3 preguntas que debes hacerte antes de comprar algo que no necesitas

Ahí está, mirándote desde el escaparate. Ibas caminando por la calle y una fuerza sobrehumana te ha gritado en silencio. Un impulso recorre todo tu cuerpo y concentra su energía en tu cartera. No lo piensas. Lo haces. Tecleas el PIN imbuido por el éxtasis y sales de la tienda con el pecho hinchado, todavía palpitante. Llegas a casa. Lo sacas de la bolsa. Y ni siquiera te gusta. O sí, pero no tanto como creías. Has caído en las garras de la compra compulsiva. Pero como para todo, ese veneno también tiene su antídoto. Esta vez, en forma de preguntas. Estas son las tres cuestiones que debes plantearte antes de pegarle un palo innecesario a tu cuenta:Resultado de imagen de shopping gif

¿De verdad lo necesito lo usaré con regularidad?

La sociedad ha impuesto sus reglas y la influencia de la publicidad y la concepción del materialismo como indicador de éxito social nos empujan a consumir de forma, a veces, exacerbada. Según los estudios llevados a cabo entre los pacientes del Hospital de Bellvitge, en Barcelona, hasta el 7% de la población española podría catalogarse como compradora compulsiva. Las compras por impulso se hacen sin ser razonadas, sin tener detrás un proceso de reflexión. Así, lo más recomendable es preguntarse si realmente esa prenda o ese gadget cubrirá una necesidad real en nuestro día a día o si responde, más bien, a un capricho que terminará en el fondo del armario o si será utilizado habitualmente, cumpliendo una función fundamental en nuestras rutinas. Una potente arma disuasoria es hacer girar tus gastos en torno a unos retos de ahorro que tú mismo te impongas.


¿Tengo ya algo similar que satisface esa supuesta necesidad?

Productos de cosmética, complementos y ropa son los productos más adquiridos por las mujeres de forma compulsiva, mientras que los hombres se decantan más por material informático y accesorios para el coche, según el estudio de los expertos del Bellvitge. En cualquier caso, y dado que la oferta es tan amplia, normalmente los productos se solapan. ¿Realmente quieres esos zapatos cuando tal vez tengas varios pares todavía prácticamente nuevos? ¿Para qué necesitas ese juego de alfombrillas si las que vienen con el coche están perfectas? Comprar para sustituir cuando lo que tienes todavía cumple su función es otra de las trampas de la compra compulsiva, que lleva a la necesidad de hacerse esta segunda pregunta.Resultado de imagen de shopping gif

Y una buena forma de saber qué necesidades tienes cubiertas es poder contar con una herramienta que aglutine las compras que realizas, como la de ImaginBank que asocia tus gastos a una fotografía y que puedes consultar en una app en tu smartphone. Es sencillo: escoges la compra realizada, añades una foto y la etiquetas. Así sabrás, de un solo vistazo, qué cosas has comprado y cuándo y, por ende, cuáles necesitas sustituir o no.


¿De verdad puedo permitirme este gasto?

Conviene anticiparte a las consecuencias. Porque tal vez una compra no se note demasiado, pero una, tras otra, tras otra y tras otra termina, obviamente, haciendo mella en los ahorros. Los expertos recomiendan pensar fríamente si la incidencia de ese gasto, aunque no sea demasiado elevado, hará un flaco favor a nuestras cuentas, y utilizar ese razonamiento como arma disuasoria. Porque esas compras no serán nunca tan satisfactorias como prometen. Otra buena práctica es dejar enfriar la idea. Sí, tal vez el impulso sea muy fuerte pero, si no le haces caso de forma instantánea, tal vez se diluya y podamos evitar el gasto innecesario.

De lo contrario, el canto de sirena que se escapa por las rendijas del escaparate se esfumará rápidamente. El subidón por la compra, esa sensación de triunfo al balancear la bolsa en la mano, desaparecerá al llegar a casa y constatar que, efectivamente, hemos comprado algo que no necesitamos. Esa tendencia sostenida en el tiempo abre la puerta a la oniomanía, el trastorno psicológico que define a los compradores compulsivos que terminan por no ser dueños de sus actos.

Los psicólogos determinan que los compradores compulsivos terminan siendo adictos de ese sentimiento de satisfacción puntual o, en otros casos, se sirven de esta conducta para evadirse o como vía de escape emocional. Y, aunque ese es el extremo, las primeras piedras se ponen casi sin darse cuenta. Por eso, la próxima vez que sientas ese fuego, ese ardor, y notes cómo algo se apodera de ti y te ‘obliga’ a echar mano a la cartera, detente, respira hondo y plantéate estas tres preguntas. Tu bolsillo te lo agradecerá.