3 claves para controlar los estrés y nervios en una entrevista de trabajo

El refranero castellano lo tiene claro: mujer preparada vale por dos. Obviando la consideración sexista del refrán, lo cierto es que la preparación es una de las claves que te puede llevar a superar una de las fases previas a conseguir el trabajo de tus sueños: la entrevista personal. Bien, ya has conseguido que tu curriculum pase la selección, pero a la hora de enfrentarte a la persona que decidirá tu futuro profesional, puede surgir un factor que hay que controlar: el estrés. No te preocupes, no eres al único que le pasa. Sentir nervios ante esta situación es normal, al fin y al cabo, solo tienes una oportunidad para causar una buena impresión. Sin embargo, y aunque el estrés no tiene por qué ser malo, si es muy alto, puede alejarte de tu objetivo.

Según explica Orestes Wensell, director Comercial y de Marketing de Lee Hecht Harrion, del grupo Adecco, un cierto nivel de estrés “puede ser bueno, porque nos ayuda a estar más alerta, atento y observar más, pero siempre y cuando no nos deje bloqueados, nos haga dudar, y lo transmitamos a través de la comunicación verbal y no verbal”. Así pues, a la hora de pensar en la entrevista de trabajo, lo que tienes que hacer es prepararte, en todos los sentidos. Según aconsejan en Randstad, “prepara con antelación las respuestas, porque esto te ayudará a estar más seguro de ti mismo y más tranquilo. Demuestra interés hacia el puesto y la empresa y argumenta cada respuesta”.

Las preguntas más comunes

Es difícil anticipar todas las preguntas que te pueden hacer en una entrevista personal, pero hay una serie de cuestiones que, de una manera u otra, te van a realizar. Por ejemplo, ‘¿Qué conoces de nuestra empresa?’ sería un buen comienzo para este proceso, y sólo tienes que informarte antes de ir. Además de la historia de la empresa, busca un dato curioso o un proyecto que te haya llamado la atención para demostrar que eres un persona activa y motivada. Pero también otras como: ‘¿Qué puedes aportar a nuestra compañía?’, ‘¿Cuál es tu mejor cualidad o tu peor defecto?’, ‘¿Cuál es el momento más difícil al que te has enfrentado en tu vida laboral?’ o ‘¿Qué harías si estuvieras en desacuerdo con tu jefe?’. Y, para todas ellas, puedes tener una respuesta preparada pero que suene muy natural.

En muchas de estas ocasiones, lo que busca el entrevistador no es conocer tu nivel de competencias técnicas, es decir, lo que sabes o lo que no sabes hacer, sino cuáles son tus cualidades personales y cómo gestionarías ciertas situaciones. Orestes Wensell indica que “antes de afrontar un proceso de selección debemos realizar un proceso de autoconocimiento, de nuestras fortalezas, debilidades, experiencia profesional donde seamos conscientes de las funciones desempeñadas, pero sobre todo, los logros y competencias desarrolladas, y, por supuesto, cuáles son nuestros valores y motivaciones personales”.

Practica

Una vez tenemos claros todos estos factores, lo importante es controlar los nervios y el nivel de estrés que puede generar esta situación. Y, ¿qué mejor manera de hacerlo que practicando? Puedes empezar por ensayar las respuestas, e incluso, la comunicación no verbal (gestos de las manos, la postura del cuerpo, la expresión facial…) ante un espejo. Una vez que tengas clara tu puesta en escena, recrea el entorno. Es decir, busca una persona con la crear una performance de lo que podría ser la entrevista.

“Después de preparar la entrevista debemos practicar con alguien”, explica el director Comercial de Lee Hecht Harrison que, además, recomienda hacerlo con alguien que "esté familiarizado con la selección de personal". Ese amigo que trabaja en recursos humanos, tu tío, que ha tenido que entrevistar a decenas de personas para su departament, lo que sea. Al final, lo importante es que te pueda dar un feedback de tu puesta en escena. “Esto nos ayudará a perder el miedo y mejorar”, explica el experto, quien asegura que “cuanto más se practica, menos estrés malo nos generará la entrevista real”.


Respira y cuenta hasta tres

Sin embargo, aunque puedas minimizar el efecto de los nervios, es difícil conseguir reducir el estrés a cero. No en vano, no se trata de una situación en la que no te juegues nada, por lo que estar completamente relajado, será casi imposible. Y tampoco es deseable, ya que un exceso de confianza puede llevarte a cometer un error. El entrevistador, por muy afable que sea, no es tu amigo. Es la persona de la que depende que consigas ese trabajo y puede llegar a ser tu jefe. Tiene que conocer la mejor versión de ti.

Por eso, una de las claves es que te sientas cómodo. Y puedes empezar por la ropa que eliges. El modelo de entrevistas tiene que te hacerte sentir seguro, pero también estar acorde con la cultura de empresa y el puesto al que estás optando. Pero también hay otras variables que puedes controlar, evitando circunstancias que podrían aumentar tu nivel de estrés. Duerme bien el día previo a la entrevista, no tomes bebidas estimulantes, come algo ligero, bebe agua y, por ejemplo, “escucha de camino música que te relaje”, indica Wensell. Pero también puedes, “desarrollar técnicas de meditación que hayas practicado anteriormente, y ese puede ser un buen momento de ponerlas en práctica”.

Durante la entrevista, la clave está en mantener la tranquilidad y para ello, puedes seguir alguno, o todos, de estos consejos:

  • Respira con profundidad de forma pausada.
  • Cuenta hasta tres antes de hablar.
  • Sonríe.
  • Piensa en cosas que te ayuden a relajarte (imágenes, sonidos…).
  • Recuérdate a ti mismo que es una oportunidad para aprender.
  • Haz preguntas que te ayuden a convertir la entrevista en una conversación y ayuden a rebajar la tensión y a reducir el estrés.
  • Repite la pregunta que te acaben de formular para ganar tiempo para pensar la respuesta.

Y recuerda, tu entrevistador también es humano.