El pueblo negacionista holandés que cree que Dios les salvará del covid

La pequeña ciudad se llama Urk y solo el 23% de su población cree que la vacuna es la mejor manera de sobrevivir al covid que su fe en Dios y su dieta de pescado

Si miras un mapa de población vacunada en los Países Bajos, te sorprenderá ver un punto rojo aislado que contrasta con un mapa azul. Es el porcentaje de población que ya se encuentra vacunada en el país y el rojo se corresponde con el municipio de Urk, una pequeña ciudad de pescadores del Mar del Sur (el enorme mar interior en el centro de los Países Bajos) en el que sus habitantes se creen protegidos por Dios, su aislamiento y su dieta a base de pescado. 

Un curioso reportaje de El Confidencial describe la surrealista situación del que podría considerarse el epicentro del negacionismo en el norte de Europa. Para empezar, este municipio de apenas 11 kilómetros cuadrados tiene una población de 21.300 vecinos de los cuales el 95% va de forma regular a la Iglesia, calvinista, por supuesto. Debido a que son extremadamente creyentes, aceptar la vacuna podría suponer interferir en los planes de un pueblo “bendecido por Dios”. Eso incluye desoír las recomendaciones del gobierno del país e, incluso, desobedecerlas. 

“No es que nos creamos mejores en Urk o que no queramos escuchar al Gobierno. Queremos obedecer, pero dentro de los mandamientos de Dios. Hacemos esto por la salvación de las almas de la gente. El contacto ha desaparecido, y no se tiene en cuenta el malestar psicológico del municipio”, explica en el reportaje el portavoz de la Iglesia Sionkerk, Hessel Snoek. 

El problema es que la resistencia a las medidas para contener el virus no han sido todo lo pacífica que podrían haber sido y más en un país tan pacífico como Holanda. A principio de año unos jóvenes quemaron uno de los centros de diagnóstico covid del pueblo en una manifestación violenta contra las restricciones. Al suscitar el interés de la prensa del país, los jóvenes de la localidad (que suponen un increíble 30% de la población debido a la alta natalidad de las familias), empezaron a tomarla contra los reporteros.

Un hombre de 35 años fue acusado de atropellar a un reportero con su coche y otros dos hermanos han sido condenados a 150 horas de trabajos comunitarios por agredir a un cámara de televisión. Es más, según el reportaje de El Confidencial, solamente el 23% de sus habitantes creen en la ciencia y solo 1 de cada 4 se ha vacunado, es decir, tienen la tasa más baja de todo el país con muchísima diferencia. Y, por si no fuera suficiente con todo, el narcotráfico está muy extendido al ser una de los lugares más pobres del país y casi todos los vecinos disponen de un barco para mover la droga dentro y fuera de la región. 

Pero lo más increíble de esta antigua isla, que fue unida por un dique al resto del país en 1939, es que su forma radicalmente diferente de ser viene de lejos. Considerada como la quinta esencia de la nación holandesa, su población tiene un acento propio, su propio himno, una bandera con un arenque y tan solo el 4% tiene algún pariente fuera del país. El aspecto alto, rubio y con ojos azules de su población da fe de su aislamiento completo así como de la consanguinidad de sus vecinos que arrastran algunas enfermedades hereditarias que son particularmente altas en el pueblo.

En fin, que no sabemos si Dios y la dieta de pescados salvará a Urk de los últimos coletazos de la pandemia, como ellos mismos afirman, pero su historia vale la pena para quitarnos todas esas ideas de que la gente del norte de Europa son tan avanzados y de mentalidad abierta. En todas partes existe gente que se resiste a cambiar y parece ser que hará falta mucho más que una pandemia global para cambiar el estilo de vida y la idiosincrasia de la gente de Urk.