Así son las pseudoterapias milagrosas que prometen curarlo todo gracias a su 'don celestial'

Un tratamiento tras otro. Dolor, hastío. Este no ha funcionado; habrá que probar con un nuevo. La espera se hace interminable y las revisiones no dejan lugar a la esperanza. La sombra del final se hace fuerte. Atenaza los músculos. Abruma el pensamiento. Y, de repente, llega él. Alabado por sus seguidores, defendido por aquellos a los que ha logrado salvar. Y dudas. Y lees, escuchas. Y, al final, te dejas llevar. Encomiendas tu espíritu a sus manos y le entregas tu alma y tu dinero. Él tiene la respuesta, la solución, la cura a tu mal. O eso crees. Porque en realidad es un timador, un ser sin escrúpulos que solo quiere aprovecharse de tu desesperación usando falsas promesas. Su método no es más que una pantomima, un engaño, una burla que juega con el sentimiento más oscuro que el ser humano puede sentir: el miedo a la muerte. Así de vomitivo es el mundo de las pseudoterapias.

“Estos individuos son capaces de curarlo todo con su ‘don celestial’, con pócimas milagrosas, con imposición de manos o con otras terapias de poso emocional, y se provechan de la desesperanza de los enfermos”. Así de categórica se muestra Carmen Flores, presidenta de la Asociación del Defensor del Paciente. En sus 20 años de actividad, Flores ha podido constatar cómo estos gurús se atreven a prometer la sanación a cualquier paciente, independientemente de su dolencia. Por eso, se muestra tan satisfecha por la decisión de la Organización Médica Colegial, que ha interpuesto una denuncia ante la Fiscalía General del Estado contra más de 90 páginas web que publicitan pseudoterapias milagrosas con, por el momento, total impunidad.

Adoptando en muchas ocasiones una apariencia profesional, los timadores tratan de captar a enfermos desesperados prometiéndoles una solución y, si bien en primera instancia no disuadiéndoles de abandonar sus tratamientos, sí alentando esa idea de forma velada. Habitualmente, y como estrategia de persuasión, imitan la apariencia de revistas científicas o adoptan la imagen de profesionales sanitarios para captar a personas asustadas. “Quizá la patología más llamativa, por su gravedad y su amplia incidencia en la sociedad, sea el cáncer”, comenta Flores, que alerta sobre la osadía de estos supuestos sanadores al proclamar que ellos dominan tratamientos alternativos al único que está probado, el médico y farmacológico.

Enric Corbera dirige un instituto que lleva su nombre y tiene sede en Barcelona. Imparte charlas por España y por el extranjero y arrastra a una legión de seguidores. Él habla de la ‘Bioneuroemoción’, una “nueva manera de entender nuestros problemas desde la relación inseparable entre cuerpo, mente y emociones”. Su página web ofrece información detallada sobre esta técnica, y es sencillo encontrar docenas de vídeos con las conferencias de este psicólogo en Youtube, subidos por él mismo. Pero también es fácil encontrar otras noticias, aquellas que recogen las denuncias del Colegio de Psicólogos de Cataluña o de asociaciones como RedUne, una entidad para la ayuda y el asesoramiento sobre grupos de manipulación psicológica.

Porque el tratamiento de Corbera, que pasa por mantener una cuarentena y alejarse de la familia, además de sugerirte el abandono del tratamiento de quimioterapia, se presenta como una solución tan potente que hace desaparecer los tumores. Corbera utilizó un testimonio real, el de Maribel Candelas, para ilustrarlo. Ante un auditorio repleto, Candelas narraba en 2014 cómo su dolencia había comenzado a remitir tras conocer la bioneuroemoción: “Mi vida ha cambiado de arriba a abajo. Hoy en día puedo dar gracias al cáncer, a mi enfermedad. Gracias a ella he entendido muchas cosas y ahora estoy haciendo lo que quiero, prácticamente hago lo que quiero”. Un año después, Candelas moría a causa de su enfermedad.

Esta realidad, obviamente, no es exclusiva de España. La Nueva Medicina Germánica, creada por el médico inhabilitado Ryke Geerd Hamer, critica las prácticas basadas en evidencias prometiendo un elevado porcentaje de éxito en la cura del cáncer y otras enfermedades. Y, del mismo modo, a pesar de haber sido catalogada por la Liga Suiza del Cáncer como una pseudoterapia “peligrosa, especialmente porque da a los pacientes una falsa sensación de seguridad que les lleva a abandonar los tratamientos efectivos”, cuenta en el mundo con cientos de miles de seguidores.

“Es difícil de entender pero, en el fondo y adoptando la posición del engañado, resulta lógico: las pseudoterapias se apoyan en la vulnerabilidad de las personas, que creen promesas que no creerían en otras situaciones”, explica Andrés Quinteros, psicólogo del Centro CEPSIM. A su consulta han acudido muchos pacientes que han sido víctimas de las pseudoterapias, “con cuadros de depresión y ansiedad que no hacen sino agravar una dolencia física que ya existía previamente”, afirma Quinteros, que añade: “A la enfermedad, deben añadir ahora el dolor emocional por sentirse estafados; esto les convierte en vulnerables por dos motivos, agravando cualquier sintomatología”.

Quinteros y Flores coinciden en que el papel de las víctimas resulta fundamental para perseguir las pseudoterapias, pero también comprenden que los engañados no se atrevan a denunciar ante el temor de la mofa. “Normalmente, una denuncia carece de validez si no es presentada por una persona física que haya sido objeto del problema. Por eso, las fiscalías no actúan contra este tipo de estafas, porque no reciben denuncias”, comenta Carmen Flores, que aboga por una mayor implicación de los agentes públicos en la persecución de estos engaños: “Es importante recordar que el Ministerio de Sanidad no es un edificio, sino que es un organismo integrado por personas elegidas por todos que tienen el deber de salvaguardar la salud de los ciudadanos”.

Los primeros pasos comienzan a darse, propiciados entre otros por la Organización Médica Colegial que, a través de su Observatorio, afirma que continuará investigando y denunciando las pseudoterapias peligrosas y velará por que se inicien investigaciones que lleven a su cierre. Porque las primeras 90 señaladas son solo la punta del iceberg. Mientras haya personas desesperadas e individuos dispuestos a aprovecharse de ello, la persecución continuará abierta.