La prueba para saber si lo tuyo con los porros ya es una adicción

Las personas dependientes utilizan los porros como herramientas de gestión emocional

Encontrar mileniales que no hayan probado el cannabis, aunque sea una o dos veces, resulta tan complicado como dar con el Santo Grial. La trivialización de los porros, casi tan extendida e intensa como la del alcohol o el tabaco, nos ha rodeado a todos desde muy jóvenes de esta sustancia psicoactiva. Pero mientras algunos nunca llegamos a pasar de esporádicos consumos o lo abandonamos en algún punto del camino, muchos jóvenes continúan abrazados al fruto de la planta del cáñamo. La pregunta es: ¿cómo saber si son adictos o no?

Déficit de gestión emocional

Para Daniel Martínez, psicólogo sanitario del centro de rehabilitación Fundación Recal, la clave para reconocer una dependencia al cannabis se esconde en la falta de capacidad para abandonar su consumo cuando comienza a generar consecuencias negativas en tu vida: "Una persona que no es adicta puede parar de consumir ante situaciones externas, como un trabajo que requiere que no fume o una pareja que le pide que lo deje. Pero el adicto seguirá consumiendo. Manipulará y engañará para seguir realizando esa conducta o cambiará de trabajo o de pareja".

Por eso muchos consumidores de cannabis terminan por abandonarlo pasada la juventud. Las exigencias de la vida les impide continuar fumando porros todo el día y terminan priorizando sus carreras profesionales, sus relaciones o su bienestar psicológico. Como cuenta Daniel, en el centro de rehabilitación donde trabaja apenas reciben personas mayores de 30 años con adicción al cannabis. Pero eso esconde también una verdad amarga: quienes fueron adictos al cannabis y no fueron tratados continúan siendo adictos, aunque hayan saltado a otra sustancia.

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"Para el adicto al cannabis, los porros son la herramienta que han utilizado toda su vida para gestionar la frustración, el estrés o la tristeza. Pero abusar de esta herramienta externa de gestión emocional le ha impedido desarrollar herramientas endógenas como la capacidad de aceptación, la conversión del pensamiento negativo en positivo o la expresión emocional a otras personas. Puede abandonar el consumo de cannabis porque su entorno favorezca esto, pero va a seguir progresando en su adicción pasando a otras sustancias", explica el especialista.

La razón es sencilla: a menos que reciba tratamiento, el adicto no va a desarrollar por arte de magia las habilidades necesarias para afrontar la vida. "El cannabis y el alcohol mezclan muy bien. Muchos adictos a los porros se enganchan al alcohol cuando pasa la juventud. Son susceptibles de engancharse a cualquier cosa que les saque de sí mismos o tapone de forma inmediata las emociones negativas. Como los antidepresivos o ansiolíticos, cuyo consumo ha aumentado enormemente, también en personas jóvenes", añade Daniel.

Rehabilitación: abstinencia y crecimiento personal

A diferencia del alcohol o la heorína, y como explica el psicólogo sanitario, el cannabis no genera una dependencia física muy grande: "Si una persona consume grandes dosis de alcohol y de pronto cesa de consumir, puede sufrir un desequilibrio orgánico y morir de la abstinencia. Esto no ocurre con el cannabis. Puedes hacer que un consumidor de cannabis, fume la cantidad que fume, deje de consumir de un día para otro sin comprometer su salud física. El riesgo está en el desequilibrio emocional y psicológico".

Porque si le quitas al adicto la herramienta con la que encara las vicisitudes de la vida, lo dejas desnudo. "Puede colapsar emocionalmente y tener un ataque de ansiedad muy grande debido al temor de que venga un sentimiento muy intenso y no tenga el cannabis a mano para anestesiarse, ya que es un depresor del sistema nervioso central. Y aunque deje de consumir, lo difícil será que no vuelva a hacerlo. Su cerebro buscará la ruta más inmediata de refuerzo cuando sufra un revés, la que sabe que funciona", explica el experto de la Fundación Recal.

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Esta es la razón de que, además de ayudar a los adictos con el abandono del consumo, desde este centro de rehabilitación sin ánimo de lucro traten de enseñar los recursos psicológicos necesarios para hacerse cargo de la existencia. Y lo hacen basándose en el famoso Modelo Minnesota, un programa de recuperación inspirado en los 12 pasos y cuyo objetivo es no solo promover la abstinencia sino también, y muy importante, fomentar el crecimiento personal del adicto. Para que esté completo. Para que solo dependa de sí mismo.

Otras veces el tratamiento de rehabilitación requiere también terapia psiquiátrica y farmacología. Porque el cannabis, como señala Daniel, es un disparador de los brotes psicóticos en personas que tienen predisposición genética. Y a partir del tercer brote psicótico, las posibilidades de establecerse en una esquizofrenia aumentan muchísimo. Sin embargo, quienes sufren estos brotes continúan fumando. Es lo que decíamos al principio: aunque graves consecuencias negativas llamen a su puerta, el adicto elige los porros. Aunque, si se pide ayuda, hay esperanza.