Prueba express de ITS: Así de fácil fue comprobar mi salud sexual

Drassanes Express es un programa que ofrece a cualquiera la posibilidad de saber si tiene VIH, clamidia, gonorrea o sífilis

Unas bragas bajadas hasta los tobillos, una taza de váter que un incontable número de personas habrán utilizado como asiento y un bastoncillo cuyo único destino es adentrarse en mi vagina. Esta es la escena que estoy protagonizando en un centro sanitario de Barcelona mientras estoy a punto de hacerme un frotis vaginal y un frotis faríngeo para saber si tengo alguna de las infecciones de transmisión sexual (ITS) más graves. Estoy casi segura de que no me he acostado con nadie que tuviera ninguna de estas, pero nunca se sabe. Nadie lleva grabado en la frente: “tengo una ITS”. Así que no puedo evitar que las dudas y el miedo se apoderen de mí al abandonar el lavabo, recorrer un pasillo desierto y dejar los resultados en una caja con un letrero que dice: “muestras”. La suerte ya está echada.

Lo que acabo de hacer es parte del proceso de Drassanes Express. Un programa impulsado por el Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona que, según el coordinador del proyecto, el Doctor Mateu Espasa, ofrece a cualquiera la posibilidad de hacerse un examen de detección de ITS para saber en un máximo de tres horas si tiene VIH, clamidia, gonorrea o sífilis. Estar dado de alta en la Seguridad Social no es un requisito para hacerse las pruebas, aunque sí que lo es no manifestar síntomas, no haber tenido relaciones sexuales con alguien que los tenga y, lo más importante, estar dispuesto a hacerte tú mism@ las pruebas. O, lo que es lo mismo, a introducirte un bastoncillo por la vagina, el culo o la boca.

Alba Losada

La necesidad de tener un diagnóstico rápido

Sentado en su despacho del Centro de Asistencia Primaria (CAP) de Drassanes, el doctor Espasa cuenta que un aumento de la cantidad de personas con ITS es lo que llevó a la Vall d’Hebron a iniciar dos años atrás este insólito proyecto en España, que de noviembre de 2016 a noviembre de 2017 fue capaz de realizar pruebas a cerca de 4.000 personas. "Mientras los casos de VIH se han mantenido porque los tratamientos son cada vez más eficientes, los de gonorrea, sífilis y clamidia se han multiplicado por tres en los últimos 10 años", detalla al hablar de una realidad que los hospitales no pueden afrontar por sí solos y que es consecuencia de múltiples causas.

Al ritmo de algún que otro “buenos días” y múltiples “hola” de los compañeros que pasan por delante de la puerta de su despacho, cuenta que los avances en el tratamiento del VIH, la pérdida de un respeto que antes hacía que la sociedad utilizara el preservativo con más regularidad, la escasez de información y la creciente promiscuidad generalizada, es lo que han provocado el aumento de las ITS. Unas tendencias que me hacen reflexionar mientras unos sudores fríos de nerviosismo se apoderan de mí. 

Alba Losada

Fijo la mirada en las maquinas de detección de ITS del laboratorio y no puedo evitar pensar en esa chica con la que me acosté sin apenas conocerla y en esa otra que había tenido relaciones con hombres antes de meterse en mi cama. Sé que con el sexo entre mujeres es difícil transmitir ITS, pero no es imposible —y aún menos si hablamos de una bisexual—. Las paranoias no desisten en aflorar y acaban provocando que piense en los posibles escenarios a los que podría enfrentarme en las siguientes horas. Si me detectan gonorrea, sífilis o clamidia, no pasaría nada —todo es más que curable—, y si tengo VIH tampoco, es una ITS más totalmente controlable y que bajo tratamiento no podría transmitir a nadie. Aun así el deseo de saber de una vez como estoy por dentro no para de perseguirme. Pero antes debo pasar a consulta con el enfermero.

Una visita exprés para hacer las pruebas exprés

“¿Tienes síntomas?” y “¿has estado recientemente con alguien con síntomas?”, son las dos preguntas con las que me recibe el enfermero, Mateo Cerro, para acto seguido, hacerme un cuestionario que determinarán qué pruebas necesito. "¿Has tenido sexo con hombres, mujeres o ambos en los últimos 12 meses?", "¿Qué tipo de sexo? ¿Oral, vaginal o anal?", "Has utilizado preservativo?" y "¿Te han diagnosticado VIH?", son algunas de las preguntas que lanza para acabar diciéndome que, después de que él me haga un análisis de sangre, tendré que hacerme en el lavabo un frotis vaginal y un frotis faríngeo.

Alba Losada

Empieza a sacarme una muestra de sangre sin que pueda evitar fijar la mirada en la jeringuilla que me la está extrayendo, hipnotizarme con la intensidad de su color y preguntarme: ¿qué habrá allí?, ¿qué encontrarán? Aparto la mirada para dejar de darle vueltas a la misma historia, me voy al lavabo para introducir dos bastoncillos por dos de mis orificios —la boca y la vagina— y dejo los resultados en la caja de muestras. Una enfermera o doctora —no he tenido tiempo de comprobar cual es su cargo—  me indica como hacerlo con una calurosa sonrisa y me marcho sin saber qué ocurrirá.

En el camino en bici hacia el trabajo las palabras del doctor Espasa vuelven a aparecer. Recuerdo que me ha contado que en menos de tres horas pueden llegar a mi móvil dos posibles respuestas que son algo como "los resultados son negativos" o "le invitamos a realizar una consulta". Esta segunda posibilidad podría surgir en el caso de que el paciente haya dado positivo en alguna de las pruebas o, bien, si alguna de ellas no se ha realizado correctamente. Así que mientras intento centrar la atención en el documento en blanco que acabo de abrir en el ordenador del trabajo, el miedo a recibir esta ambigua no me deja concentrarme. ¿La razón? Significará que tendré que estar en vilo hasta que me reciban en consulta —de uno a tres días, según el doctor—, y la incerteza es algo que siempre llevo fatal.

Alba Losada

No puedo parar de mirar si llega un sms a mi móvil, molestar a mi compañera con bromas estúpidas para sacarme el nerviosismo de dentro y perder la vista mirando al montón de papeles que tengo sobre mi mesa.Ya han rondado por mi cabeza todas la parejas sexuales que he tenido en los últimos meses y las ocasiones que he creído tener algún síntoma. Ya he pensado qué haré ante cualquiera de las dos situaciones y ya me he repetido 1.000 veces que, sea cual sea el resultado, no tengo que temer por mi salud. Un sms ilumina mi móvil y llega la respuesta que me hace darme cuenta de que llevo tres horas perdiendo el tiempo con ralladas sin fundamento: "Todos os resultados obtenidos en DrasExp de todas las muestras extraídas son negativas".

Puede que acercarse a un centro para meterse un bastoncillo y hacerse las pruebas sea difícil, pero la sensación de alivio al conocer que estás completamente sana es algo indescriptible. Sin lugar a dudas, la próxima vez que folle no me olvidaré de lo poco que cuesta tomar precauciones para no tener que volver a vivir las tres horas más tensas de mi vida.