Cómo saber si estás ante el precipicio de una depresión y qué hacer para no caer

Estás en el mejor momento de la vida, o eso dicen. Tendrías que estar radiante de felicidad y ansioso por comerte el mundo. Pero en lugar de ir derrochando buen rollo, te encierras en casa y cuelgas el cartel de 'No Molestar' en todas tus redes sociales. El mundo se te está comiendo. ¿Cómo saber si estás entrando en una depresión? ¿Qué hacer para dejar de estar deprimido? Tranquilo, no eres un bicho raro, -una reciente estimación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el año 2020 revela que la depresión será la segunda enfermedad más extendida en el mundo- ni estarás así todo el tiempo.

Todos pasamos por épocas de bajón en las que lo único que nos apetece es aislarnos de todo. No tenemos ganas de quitarnos el pijama en todo el puto día y nuestra motivación está por los suelos. Pero si para ti el helado ya no tiene propiedades curativas y la tristeza no se te pasa llamando a tu mejor amiga, quizás estés deprimido. Ahora en serio: hay dos síntomas clave para diagnosticar una depresión, como nos cuentan desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid:

1. La falta de motivación e interés por hacer cosas

2. El sentimiento de estar desesperanzado y de que la vida no merece la pena vivirla en esas condiciones

“Las personas que se están deprimiendo tienen el estado de ánimo bajo, están tristes casi todos los días, y por otro lado observan una pérdida significativa de actividad (laboral, social, para el ocio y la comunicación con los demás)”, señala Antonio Cano Vindel, psicólogo experto en trastornos depresivos. Y es que cuanto más deprimido estás, menos ganas de hacer cosas tienes.

Pero no confundas tu pereza habitual o el pasotismo de los domingos de resaca con excusas para asaltar el botiquín. Si compartes otros síntomas físicos como “problemas de insomnio o por el contrario estar durmiendo todo el día, cansancio o falta de energía, alteración del apetito (o bien no comes o comes demasiado) y pérdida de deseo sexual” tienes muchos números de que lo tuyo sea una depresión clínica. Si paralelamente desarrollas pensamientos negativos del tipo 'todo me sale mal' o 'todo en mi vida es negativo' sin fijarte en que también hay cosas positivas entre tanta catástrofe y sientes que has fracasado y defraudado a los demás y a ti mismo, estás metido hasta el cuello en una depresión.

“La persona deprimida padece un sesgo de la atención, ya que siempre se fija en las cosas negativas y nunca en las positivas”, señala Cano Vindel, “y también un sesgo de memoria, ya que solo recuerda los sucesos en los que ha habido resultados negativos”. Que sí, que todos tenemos amigos cenizos que ven solo lo que les sale mal. Pero hay que ir con cuidado cuando una persona empieza a manifestar actitudes extrañas, habla despacio, se mueve con poca energía y no es capaz de concentrarse. Y hay que empezar a alertarse cuando aparecen ideas de autolesiones o suicidio.

Estoy deprimido. ¿Qué hago?

El primer paso es admitir que estás deprimido. Una vez lo hayas reconocido tienes mucho ganado. Lo siguiente es ver ese estado de mierda en el que te encuentras como una oportunidad para cambiar lo que te ha llevado a él. Sea lo que sea lo que te haga ver la vida como un camino tortuoso que no lleva a ninguna parte, plántale cara y si no te gusta, acaba con ello, cámbialo, dale la vuelta. Haz algo.

Desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid indican que “lo primero es buscar apoyo social”. Lo mejor y más inmediato cuando uno está deprimido es “no aislarse sino contar con las personas que están alrededor”. No pienses que les vas a dar la lata a tus amigos o familia. Si fuera al revés, ¿no te gustaría ayudar a personas queridas en esta situación?

En el caso de que seamos del entorno cercano de una persona deprimida, somos los que tenemos que “empujar a esa persona a que busque más actividad, a que vea las cosas más en positivo y si eso no es suficiente, a que busque ayuda profesional”, recomienda el psicólogo Cano Vindel. Esto último pasa “por llevar a esa persona al médico de atención primaria y el tratamiento más indicado son los antidepresivos, pero no lo único”, matiza. “Esa persona debería aprender -qué es la depresión, cómo afrontar el estrés y resolver problemas, cómo mantener la motivación por hacer cosas, etc.- y no depender solamente de los antidepresivos, pues la probabilidad de que al dejar la medicación haya una recaída es alta”.

¿Somos la generación más deprimida?

Se dice que somos jóvenes que hemos crecido con más recursos socioeconómicos y con mejores posibilidades que generaciones anteriores pero que estamos sobreprotegidos y nos ahogamos en un vaso de agua. “Si a eso le sumamos la falta de actividad y en algunos casos las pocas perspectivas laborales y la pérdida de respeto o temor a algunas drogas como el hachís (que puede llevar a consumo recurrente de sustancias en jóvenes y a futuros problemas de salud mental) tenemos varios factores determinantes para desarrollar trastornos depresivos”, identifica Cano Vindel.

En España estamos fatal. Según un estudio presentado en el X Congreso Internacional de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), España es el segundo país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en consumo de tranquilizantes después de Portugal. Pero como advierte el presidente del congreso, este consumo “solo ayuda a aliviar los síntomas durante un período pequeño, puesto que si después se sigue con el mismo estilo de vida y con los mismos errores siempre se está dentro de un círculo vicioso”.

A este tipo de pacientes “se les puede enseñar a que reconozcan qué es el estrés, qué son las emociones, cómo se desarrollan estos desórdenes y, así, aprender a regularse sin necesidad de fármacos en la medida de lo posible”. Para ello se está aplicando un ensayo, aprobado el 3 de marzo en la Asamblea de Madrid, que aplica un entrenamiento psicológico en las consultas de atención primaria. Es más eficaz que lo que se hace habitualmente (recetar antidepresivos) y de este modo un paciente que acuda con depresión a su médico de cabecera tendrá no solamente la opción de la medicación sino también una terapia psicológica para aprender a manejar la depresión.