"Si piso las baldosas blancas mi familia podría morir", así viven las personas con TOC

Te levantas. Quizá no hayas puesto el pie correcto en el suelo. La duda juguetea en tu cerebro, como en un pinball. Dicen que es malo levantarse con el pie izquierdo, así que no puedes jugártela. Vuelves a la cama y te levantas con el derecho, por si acaso. Dos veces, y así se anula la anterior. Abres la puerta del baño con la mano derecha, sin que la izquierda ose rozarla. Después, los dientes: veinticinco cepilladas a la izquierda y veinticinco a la derecha, evitando la descompensación. Si pisas las baldosas blancas, tu familia podría estar en peligro. El psicólogo Ignacio Calvo, especializado en Terapia Cognitivo-Conductual, determina que el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) comprime en su seno tres características desesperantes: obsesión, compulsión y respuestas de evitación pasiva. Parece que coincide. Vale, tienes TOC.

El TOC busca la perfección, una tan delirante que solo existe en la imaginación del obsesivo. ¿Pero por qué? El mundo deber estar completo, debe girar sin que tú interfieras en su órbita. Es una ley no escrita. Es tu ley y no puedes saltártela.

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El miedo es el pasto del que se alimenta este trastorno. "¿Qué pasará si no enciendo y apago la luz 15 veces antes de entrar en la habitación? Si funcionó en el pasado será por algo", te repites. Todo ello motiva el perverso bucle de rituales autoestablecidos que debes seguir para el correcto funcionamiento del mundo. Salen de tu subconsciente y es el propio cerebro el que pone las reglas. Tú no decides nada, solo están ahí y debes obedecer.

Luego llegan las repeticiones, las principales culpables de la ansiedad asociada al TOC. Éstas están manejadas por los números: algunos números son perversos y otros bondadosos, pero ambos son muy estrictos. Si tocas una mesa tres veces, no puedes tocar nada más, o tendrás que volver a empezar. Así hasta cumplir el ritual y apaciguar la superstición. Así hasta que tu cerebro decida eliminarlo y sustituirlo por otro más macabro. El National Institute of Mental Health de Estados Unidos sitúa en una hora al día el tiempo empleado en estas psicóticas aventuras. Si pasas 16 horas despierto, seguro que habrá cosas mejores que hacer que comprobar 17 veces si el grifo está cerrado. Pero te da igual.

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Las personas sin afinidades jamás sufrirían este mal. Y es que perder o traicionar es una de las excusas más habituales del TOC, sus castigos, sus chantajes. Justificas tu obsesión con pensamientos que te dañan o dañan a tus seres queridos. De esta forma, no tienes más remedio que hacer el ritual para protegerlos. Deben ser diferenciados del resto de mortales. Si tu hermano te ha recomendado una canción, debes escucharla hasta el final para no faltarle al respeto. Si tus padres te han comprado algo muy caro, debe quedar fuera de todo peligro. En tu habitación desordenada, tus objetos de valor sentimental están perfectamente alineados, sin que nada les toque. A salvo. Eres ordenado dentro del caos, solo por ellos.

El ego juega un papel crucial. Te sientes lo suficientemente poderoso como para cambiar el mundo con tus decisiones, porque así lo quiere el destino. Serás un romántico, pero crees que todo sucede por un motivo. Tú determinas qué y cómo sucede todo y tu ignorancia puede joder a los demás. Eres capaz de acabar con males impresionantes si cierras siete veces la puerta de casa antes de salir a la calle.

Parece extraño compartir el tiempo con alguien así, pero hay cosas peores. En España, más de un millón de personas han caído en las redes del TOC, tal y como cuentan desde la Asociación de Trastorno Obsesivo Compulsivo de Andalucía. Incluso, Leonardo DiCaprio, Justin Timberlake, Beethoven, Beckham, Michael Jackson, Woody Allen o Howard Hughes lo han padecido. A no ser que el trastorno sea muy grave, puedes disimular como un autentico profesional. Si tienes que volver a salir y entrar en la habitación, finges que se te ha olvidado algo. Si tienes que pisar una línea determinada del pavimento, lo haces. El otro no se entera de nada. La única muestra de este mal se manifiesta a través de pequeños tics nerviosos, agravados tras acontecimientos negativos.

¿Cómo pueden reducir su ansiedad estas personas?

Ser preso de tu propio cerebro es una de las peores cárceles que existen. En este caso, como en todos, no dudes en pedir ayuda a un profesional. Según la Asociación Toc Madrid, los pacientes con TOC tardan una medía de 7'5 años en hacerlo, y eso no es una buena noticia. Sin embargo, si tu grado de obsesión es bajo, hay cosas que puedes hacer para empezar a controlarlo. Para ello, la piscóloga Jennifer Delgado Suárez puede ilustrarnos con algunas técnicas.

Primeramente, comprendiendo que sus pensamientos y rituales no tienen ningún sentido. "En la base del ritual y las compulsiones existen pensamientos irracionales que se deben eliminar", aconseja. ¿Qué relación tiene lavarse las manos con la posibilidad de que un ser querido tenga un accidente? Ninguna. Pero te pones a prueba para ver si, en esa circunstancia remota, de verdad te entregarías para salvarlo. Y lo haces. Pues bien: cuando olvidas la negatividad y te concentras en pensamientos positivos, algunos rituales esperpénticos pueden desaparecer de un plumazo. 

Por otro lado, hay que entender que los rituales no son la solución. Sucede como en una adicción: En un primer momento, la ansiedad desaparece. Después, surge ese síndrome de abstinencia multiplicado por culpa de la realización del ritual. Y, así, hasta el infinito. Al comprender que el ritual solo agrava la situación, el cerebro puede reaccionar y buscar la cura en la relajación progresiva y la respiración diafragmática.

Otra técnica para reducir la ansiedad es aceptar los pensamientos recurrentes que nos vuelven locos. Quizá sean ridículos y ello nos avergüenza, pero es mejor asimilarlo. Cuando los contemplamos con naturalidad, pierden poder emocional, reduciendo, por tanto, el componente de adicción que nos lleva a realizar el ritual asociado.

Good luck