Las Pastillas Para Dormir Enganchan Y Estos Son Los Riesgos Que Corres

Una época de estrés puntual, un problema familiar, un desengaño amoroso… Son muchos los motivos que pueden quitarte el sueño. Conforme se va acercando el momento de meterse en la cama, uno ya se va poniendo nervioso y empieza a pensar que no va a poder pegar ojo. Y una vez acostado te dices cosas como “ya verás qué sueño mañana”, “fíjate la hora que es y yo aquí con los ojos como platos”. Se hacen dos, las tres, las cuatro de la madrugada… y a las ocho, arriba, poco rato después de que el cuerpo no haya podido más y haya decidido dormirse. Y eso un día se puede soportar, pero cuando el insomnio es ya evidente, comienzan los problemas. Por eso, muchos recurren a las pastillas para dormir sin contar con los peligros a los que se exponen, entre ellos la dependencia. Antes de hacerlo, conviene hacerse unas cuantas preguntas. La fundamental es: ¿de verdad necesito estas pastillas? Y hay muchas más.

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El primer interrogante es el que ayuda a tomar conciencia del problema. Los expertos aconsejan analizar, antes de decidir nada, cuáles son las causas que están provocando esa falta de sueño. Porque no todos los tipos de insomnio comparten los mismo motivos. Por eso, el paso principal es, según centros como la Oficina para la Medicina del Sueño de la Clínica Mayo de Minnesota, exponer la situación al farmacéutico, que valorará la gravedad del cuadro y ofrecerá las alternativas. Hay que determinar el alcance del insomnio y cómo se manifiesta: algunos sólo tienen problemas para conciliar el sueño pero luego duermen plácidamente; otros sólo son capaces de mantenerse dormidos dos o tres horas; algunos se despiertan varias veces a lo largo de la noche… Así, estudiar el problema es la clave para dar el siguiente paso.  

Una vez sabiendo lo que ocurre, se abre un gran abanico de posibilidades y otro gran interrogante: ¿cómo se ataja? Existen, para situaciones puntuales y no demasiado importantes, remedios naturales sin ningún efecto secundario como la valeriana, la tila, la melisa o la pasiflora, que ayudan a recuperar los ritmos del sueño. Para problemas de mayor calado, el farmacéutico puede suministrar pastillas sin receta, esas que todos hemos vistos en los anuncios. Pero si de verdad el insomnio tiene difícil solución, el farmacéutico sugerirá una visita al médico para que sea este quien valore qué camino tomar y para que, en el caso de que sea necesario, recete medicamentos más potentes como el diazepam o el lorazepam.

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Y, sí, el insomnio hay que tratarlo, pero con mucha cautela. Porque aparece aquí el tercer interrogante: ¿enganchan las pastillas para dormir? Los médicos distinguen entre dos términos, los de la tolerancia y la dependencia. Y ambos están relacionados con estos fármacos. Consumir una dosis sostenida de estas pastillas provoca que el cuerpo genere tolerancia y termine por pedir más, puesto que se inmuniza poco a poco a su efecto. Además, estos medicamentos acostumbran al organismo a tener una ayuda extra para conciliar el sueño, provocando cierto grado de dependencia, tal y como asegura la doctora Lisa Shives, fundadora del NorthShore Sleep Medicine en Evaston Illinois. Por eso, la supervisión médica es imprescindible.

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Porque, en vista de todo esto, ¿pueden provocar problemas más graves? Siguiente pregunta. Todos los medicamentos, utilizados según los consejos de los expertos, cumplen una función necesaria y no revisten peligro. Están para ayudar, no para entorpecer o para provocar otras dolencias. Por ello, no hay que apartarse jamás de las indicaciones de los médicos y farmacéuticos, y más teniendo en cuenta alertas lanzadas por la Organización Mundial de Salud sobre las bezodiacepinas, cuyos síndromes de abstinencia pueden llegar a ser mucho peores que los provocados por la heroína. Y también hay que tener en cuenta que el insomnio terminará desapareciendo cuando también se eliminen las causas que lo provocan, y todo cuadro de ansiedad o estrés acaba por superarse tarde o temprano.

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Así que, ¿pastillas para dormir? Sí, pero siempre con supervisión de un farmacéutico o de un médico. Jamás a voluntad, porque su mala utilización o el abuso de las mismas puede terminar desencadenando un problema peor, como somnolencia diurna, lagunas en la memoria, desorientación, apneas obstructivas, trastornos del movimiento, sequedad de boca, dolores de cabeza o mareos, según Eric Olson, de la Clínica Mayo. Son medicamentos y, como tales, hay que tenerles respeto y no entenderlos como pastillas mágicas que acaban con los problemas, sino como una ayuda puntual con unas normas de consumo asociadas.