Trabajar de noche te está jodiendo la salud (pero no de la forma en que te habían dicho)

Mientras la gente revienta su Instagram con fotos en playas paradisíacas todo morenos, sonrientes y repletos de vitalidad, tú eres el ser que se oculta en la sombrilla con gafas de sol y que se queda sobado/a la mayor parte del tiempo. Sí, crack, eres uno/a de los ‘pringaos’ a los que les toca trabajar de noche este verano y tus ojeras, tu total falta de atención y tu eterno cansancio parece que quieran pedir socorro a todos tus colegas.

Pues tenemos malas noticias para ti. Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) formas parte del 19% de los trabajadores europeos que tienen un trabajo nocturno y que, por desgracia, tienen todas las papeletas de sufrir la interminable lista de enfermedades y trastornos (entre ellos algunos tipos de cáncer) que se asocian a las personas que se atreven a ganarse el pan desafiando su reloj biológico y sus ritmos circadianos.

Las consecuencias de ver el sol únicamente en las fotos de Instagram de tus colegas y pasarte por el forro los ciclos de sueño-vigilia es que, según apuntó el epidemiólogo Ricard Stevens, tus niveles de melanina, la hormona que impide la creación de tumores y que se produce durante las horas de oscuridad, pueden decaer peligrosamente y trollear tu sistema inmunitario. Otro tanto ocurre con la serotonina y tu estado de ánimo, con tu presión arterial, alteraciones digestivas, fatiga crónica, etc.

En fin, que la lista da miedito. Pero, antes de que se te ocurra mandar a tu jefe a paseo y te dejes ese curro maravilloso que te permitirá sobrevivir en el próximo invierno (ya lo dice Jon Snow: “Winter is coming”), hemos consultado al psiquiatra y director del departamento de psiquiatría y medicina legal de la UAB, Antoni Bulbena, que nos ha explicado lo que realmente te debería preocupar a ti como joven que se deja los párpados cada noche por sacar a su cuenta bancaria del cero absoluto.

“Por suerte, las personas no somos como los pollos y tenemos una capacidad excepcional para adaptar nuestro reloj biológico a nuestras necesidades laborales. Eso sí, debemos compensar de manera consciente las consecuencias físicas y mentales que romper los ciclos de día/noche tendrá en nuestras vidas”, apunta. Así que, en principio, no deberíamos acojonarnos demasiado por las consecuencias inmediatas de un verano en Ibiza poniendo copas o de pillar tu primer contrato en un periódico y comerte el turno de noche.

Otra cosa es si nos bebemos hasta el agua de los floreros para aguantar o nos fundimos las ganancias en la máquina de los cafés. Precisamente, los cambios en nuestra dieta y el abuso de estimulantes son, en el caso de los jóvenes, los que multiplican tus posibilidades de arruinar tu salud con un curro nocturno. “Se han observado cambios en los patrones alimenticios dando prioridad al consumo de carbohidratos que se han asociado a problemas digestivos, obesidad y problemas cardiacos”, señala Bulbena que dedica un capítulo aparte al alcohol.

De hecho, para el psiquiatra el verdadero origen del problema reside en que muchos jóvenes no están dispuestos a renunciar a su vida social aunque salgan a las seis de la madrugada del curro. “Si a una persona que altera como norma los ciclos de sueño le añadimos el consumo del alcohol, los problemas derivados se multiplican y es cuando comienzan a ser peligrosos: a un cerebro que ya está fatigado por los cambios de ritmo le pediremos un esfuerzo extra”, advierte Balbuena.

No en vano, uno de los aspectos que entidades como la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales relacionan a ese esfuerzo extra que le estamos pidiendo a nuestro cerebro, son el aumento de accidentes laborales (o de tráfico), la pérdida de memoria, fatiga crónica, altos niveles de estrés, irritabilidad y caída en el rendimiento. Algo que podría evitarse según el experto: “Aprender a medirse y renunciar al ansia social por salir y no descolgarse de la vida social es la clave para evitar que la salud resienta el esfuerzo”.

Pero si no te puedes librar del curro y tampoco quieres desaparecer del mapa, Balbuena te da un consejo fundamental para esquivar los efectos secundarios y que seguramente te sonará: la siesta de toda la vida. “Compensar las horas de sueño en la medida de lo posible es importantísimo, hasta la NASA reconoció que las siestas de 20 minutos pueden ayudar más a nuestro físico y nuestra mente que cualquier medicina o sustancia”, dice el psiquiatra.

Así que ya lo sabes, puede que te toque convertirte en un búho este verano (o el resto del año) pero ni tu salud, ni tu vida social tienen que verse afectadas por eso. Basta con tomar unas precauciones básicas para contrarrestar todo lo bajonero que arrastra el trabajo nocturno: descansa todo lo que puedas y métete pequeñas cabezadas de 20 minutos, no abuses de los estimulantes, alcohol o las comidas pesadas y, sobre todo, levanta el pie del acelerador cuando salgas de fiesta en tus ratos libres.

¡Ah! Y si todavía te estabas comiendo la olla con lo del tema del cáncer y los niveles de melanina, Balbuena es de los que opinan que antes de preocuparte por teorías que 30 años después todavía no están 100% demostradas, deberías cuidar de los pequeños detalles que sí que podrían suponerte problemas a tu salud a corto plazo antes que complacer tus millones de compromisos sociales post-curro: “A veces estamos tan pendientes de nuestras relaciones con los demás que nos olvidamos de cuidarnos a nosotros mismos”.