Sobre Cómo No Morirás Si Te Tragas Un Chicle Y Otros Mitos Sobre Tu Salud

Ay, las madres, protectoras, siempre alerta para que no nos falte de nada y crezcamos alejados de todo peligro. Y muy mentirosas. Porque todos les hemos oído decir alguna vez eso de “para bañarte, tienes que hacer una hora de digestión” o “¡bébete rápido el zumo, que se le van las vitaminas!”. Son, además, sentencias universales y multigeneracionales. Todas las madres las repiten como mantras y nos atosigan con ellos. Aun así, las seguimos queriendo a dolor. Pero ahí quedan esos consejos pseudo-científicos, retrasando nuestros chapuzones de verano y angustiandonos sin respirar para que se pase el hipo.


Esas inquietas vitaminas del zumo

Los nutricionistas aseguran que solamente hirviendo un zumo perdería sus propiedades. De hecho, la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética es categórica con esto: "las vitaminas se conservan perfectamente hasta 12 horas después, aunque su sabor puede volverse más amargo". Así que relajémonos, que ya son muchos años sin poder disfrutar de un zumo de naranja tranquilamente sin temor a que se le fuera "lo bueno". ¿A dónde? Quién sabe…


Las temidas dos horas de digestión

En el peor momento, cuando hace un calor infernal y sólo piensas en meterte en la piscina. Pues no, a sudar como un pollo, y con la barriga llena. Está probado que los cortes de digestión únicamente se producen por los cambios bruscos de temperatura, así que valdría con no tirarse de golpe. Tu cuerpo, durante la digestión, concentra gran cantidad de sangre en el estómago, por lo que no está en una situación "normal", sino conentrando su energía en una tarea concreta. Por eso, conviene no darle un susto y es preferible ir dejando que se acostumbre al agua mojando las muñecas, la nuca, entrando despacio... Además, ¿a quién le apetece tirarse de bomba justo después de comer?


Tragarte el chicle, la antesala de la muerte

Porque, decían, se te iba a organizar una en las tripas que como mínimo te iban a tener que llevar a Houston. Que si pegado a la pared del estómago, que si dentro de ti durante 7 años, y otras decenas de verdades pseudo-científicas. Sin embargo, algo de verdad había en todo esto. Los chicles está compuesto por azúcares, conservantes, endulzantes y goma, un material que no puede ser digerido por las enzimas del estómago. Y, por eso, el cuerpo lo expulsa sin más.

Otra cosa es que los ingieras sistemáticamente y llegues a tragarte una gran cantidad. Un estudio elaborado para la revista Pediatrics sí analizó las obstrucciones intestinales de algunos niños que, cuidado, se tragaban entre 5 y 7 chicles al día. Siendo así, es normal que se generase un tapón colosal.


La ceguera televisiva

Lo que todavía no saben los médicos es qué gusto encuentran los niños a ver la televisión a un palmo de distancia. Pero es algo que todos hemos hecho de pequeños y no nos hemos quedado ciegos. La Academia Americana de Oftalmología así lo considera, y defiende que los niños pueden enfocar perfectamente de cerca sin notar cansancio ocular, capacidad que se va perdiendo con el tiempo.

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No obstante, todo en exceso es malo. Según un estudio del Erasmus Medical Center en Rotterdam (Holanda), acostumbrar demasiado al ojo a registrar imágenes desde muy poca distancia puede, a la larga, producir miopía. Por lo que conviene no abusar y proyectar también nuestra mirada a objetivos más lejanos y amplios. Así que, ¿un poco de tele a un palmo? Tampoco pasa nada. Pero también hay que salir al parque a jugar al escondite para no terminar llevando gafas.


Crujirte los dedos es el principio de la artritis

Que si te vas a deformar los dedos, que si de mayor vas a tener artritis, que si te estás desgastando los huesos. Y de eso, nada. En las articulaciones hay líquido sinovial y contiene aire, así que esos chasquidos son fruto del movimiento de ese aire, que forma burbujas que terminan por estallar. Aunque no es una práctica demasiado estudiada por la ciencia, sí destaca el estudio del doctor Donald Unger, que pasó 60 años de su vida crujiéndose los dedos de su mano izquierda y dejando libres de chasquidos los de la derecha para para después comparar. ¿El resultado? "Examino mis dedos y no hay ni un rastro de artritis en ninguna mano". Así que no hay peligro. Fin.


Bizcar los ojos, una ruleta rusa

“Porque, como te dé un aire, te vas a quedar así para siempre”. ¡Madre mía! No solo no se conoce ningún caso, sino que ningún médico dirá que los ojos pueden salirse de sus órbitas únicamente por bizcarlos un momento. El doctor Giordiano Pérez Gaxiola destierra este falso mito, desvinculando el hecho de jugar un instante con la dirección de tus ojos y la consecuencia de quedarte bizco: "la creencia de que un niño puede quedar así para siempre es falsa". Menos mal, porque cuántos bizcos habría...


Mirar el fuego podía generar incontinencia

Era una estampa típica. Tú, de pequeño, frente a la chimenea y tirando papeles de periódico para verlos arder, primero rápido y luego lentamente, hasta quedar reducidos a cenizas. Pero ahí estaba el típico familiar para aguarte la fiesta diciéndote que te ibas a mear en la cama. ¿Qué tendrá que ver? Aquí sí hay que recurrir a la mitología española inventada por nuestros mayores. En vez de recordarnos que había que ir al baño antes de dormir, preferían hacernos creer en los poderes del fuego sobre la incontinencia. Y así no había que recoger las cenizas. Dos pájaros de un tiro.

Y quedan muchos más: aquello de no acostarse con el pelo mojado para evitar un catarro, lo de caminar erguido para no terminar teniendo chepa, lo de no morderse las uñas para no deformarse los dedos... Algunos con más fundamento (e incluso ciertos), otros con menos, tal vez la mayoría exagerados por nuestras madres. Y todos con una premisa básica: si ves que te duele, para. 

Crédito de la imagen: Huffington Post