Mira siempre cómo es tu caca antes de tirar de la cadena

La escala de Bristol te enseñará la textura de tus heces para que sepas más sobre tu digestión

Los humanos estamos colonizados por un ecosistema variado y equilibrado de bacterias, parásitos, hongos y virus. Todos juntos y revueltos. Con el paso de los años y el papel de factores externos –alimentación, estrés, tóxicos, infecciones, medicamentos, etc.-, este equilibrio se ve alterado y puede acarrear problemas digestivos, entre otros, que son motivo de consulta dietética en muchas ocasiones. Generalmente, somos capaces de detectar si tenemos gases, hinchazón abdominal o pesadez pero, en cambio, valorar las características de las heces es más complicado. Muchas personas ni se fijan y, en la mayoría de los casos, resulta un tema escatológico del que se avergüenzan y, por consecuente, del que no quieren hablar. 

Seguramente nunca le has dado la importancia que tiene tener una cita con tu baño. ¿Lo vas a visitar a diario? En caso afirmativo, ¿cuántas veces sueles ir en un mismo día? ¿Alguna vez te has parado a contemplar la consistencia, forma, olor y color de tus heces? Hoy te propongo que, si has respondido NO a la última pregunta, te conviertas en Sherlock Holmes y tomes nota de lo que observas antes de presionar el botón de tu inodoro, ya que puede cambiarte la vida.

Escala de Bristol

La conocida “escala de Bristol” fue desarrollada y validada por el grupo de K.W. Heaton y S.J. Lewis en la Universidad de Bristol. El principal objetivo de dicha escala era poder evaluar de manera descriptiva y gráfica siete tipos diferentes de heces en función de su forma y consistencia, algo que se sigue utilizando a nivel médico para poder sacar información que puede ayudar a establecer un diagnóstico clínico.

Para el/la paciente resulta una herramienta súper útil, ya que le permite ver un dibujo con la forma de las heces además de una breve explicación que detalla con ejemplos la consistencia de las mismas. De esta manera, el paciente únicamente tiene que seleccionar el tipo de cacas que se asemeja más a las que expulsa habitualmente.

¿Sabías que alrededor de un 30% de la población española presenta estreñimiento cuando a lo mejor ni lo sabe? Se ha normalizado el no ir al baño a diario. Para formar parte de este grupo, se deben cumplir como mínimo dos de los siguientes requisitos: 

  • Evacuar con una frecuencia inferior a 3 veces por semana

  • Que una cuarta parte de las deposiciones sean como trozos duros separados o como una salchicha compuesta de fragmentos (tipo 1-2 de la escala de Bristol)

  • Que la expulsión sea forzada

  • Que la sensación de evacuación sea incompleta

Si todo va sobre ruedas estas situaciones no deberían darse, ya que nuestros nervios intestinales trabajan constantemente para activar los músculos del intestino y optimizar el proceso digestivo. Por lo contrario, si éstos perciben una situación de estrés (ya sea físico o emocional), se detienen hasta que detectan vía libre para seguir su curso.

Seguro que alguna vez has ido de viaje y has tenido algún cambio a la hora de ir al baño, ¿verdad? Las prisas y el estrés por no perder el avión, el cambio de alimentación y de aguas, el desfase horario, etc., son factores que alteran el ritmo habitual de cada organismo. Esto no supone un problema siempre y cuando se trate de una situación excepcional pero sí que lo es cuando se mantiene en el tiempo debido a unos malos hábitos o a un estrés crónico.  

La hidratación, el ejercicio físico y el consumo de alimentos ricos en fibra, es básico para asegurar un correcto peristaltismo que nos proteja del estreñimiento crónico. Asimismo, consumir alimentos prebióticos (fibra que alimenta a tus inquilinos intestinales) y probióticos (bichitos que diversifican tu familia bacteriana) ayudará a que todo funcione mejor en el tracto intestinal. De la misma manera, normalizar el hecho de ir al baño es también un punto importante, ya que el retrasar la defecación por estar fuera de casa puede acentuar este desequilibrio. 

En el otro extremo se encuentra la diarrea, lo que se conoce como la realización de ≥3 deposiciones de consistencia líquida (tipo 6-7 de la escala de Bristol) en 24 horas puede clasificar según la temporalidad de la siguiente manera:

  • Diarrea aguda: si la duración no supera los 14 días 

  • Diarrea persistente: cuando dura entre 15-30 días

  • Diarrea crónica: aquella que supera los 30 días

Mientras que una diarrea aguda suele cesar sin graves repercusiones, una diarrea crónica (la que puede ser debida a varios aspectos), al igual que se ha visto en el caso del estreñimiento, puede ser un problema importante

La cronicidad de las diarreas provoca carencias nutricionales a largo plazo, ya que el intestino delgado es el encargado de absorber nutrientes para llevarlos a nuestras células y, en caso de diarrea crónica, todo se arrastrará y se eliminará sin ser absorbido, promoviendo la deshidratación, la desnutrición y la aparición de ansiedad, fatiga y sequedad de piel mucosas, entre otras alteraciones. Es importante detectar la razón por la que existe la diarrea y poner solución.

Finalmente, el olor y el color de las heces, así como observar si flotan o no en el agua del inodoro también puede ofrecer información interesante. Un color amarillento puede ser sinónimo de infección, obstrucción del conducto biliar, celiaquía o simplemente haber comido algún alimento que le haya dado esa coloración; si es roja puede deberse al consumo de remolacha o por la presencia de sangre; si es negra puede ser que hayas comido un arroz negro el día anterior, te hayas pasado con los arándanos o estés tomando un suplemento de hierro. Si flotan, es posible que no estés digiriendo bien las grasas y, consecuentemente, puedas tener déficit de vitaminas liposolubles –A,D,K,E-.

En definitiva, deja de avergonzarte por algo tan natural y fisiológico como es el defecar y dedícale el tiempo y la atención que merece. La digestión empieza en la cavidad bucal con la masticación y finaliza en el ano con la expulsión de las heces. Obsérvalas, huélelas y, si hace falta, elabora un diario fecal para llevar un registro que te permita conectar más con tu cuerpo y poder detectar qué necesita, ya que su aspecto puede estar reflejando una intolerancia alimentaria, la presencia de una infección vírica o bacteriana, una patología inflamatoria intestinal o un estrés crónico, entre otros, que deben ser tratados para poder poner solución al problema desde su raíz. 

Unas deposiciones sanas son aquellas que son prácticamente inodoras, que se dan sin dificultad, de color marrón, del tipo 3-4 de la escala de Bristol y que no flotan generalmente. ¿Cómo son las tuyas?