Esta es la mejor manera de ayudar a un amigo que se está pasando con las drogas

En todo grupo de amigos que se precie existe el típico colega que se gana el apelativo de ‘desfasado’, ‘liado’ y demás joyitas de la inventiva juvenil. Es el/la que siempre está dispuesto a meterse una nueva ronda de chupitos del alcohol más duro, el que se pasa la mitad del tiempo mirando hacia abajo con un papelillo entre las manos o el que, a partir de las dos de la madrugada, es incapaz de encajar las mandíbulas. Es el drogas del grupo y su adicción, con el tiempo, acaba teniendo poco o nada de gracioso para el resto de los integrantes del mismo.

Probablemente, al leer esta entradilla habrás pensado en ese amig@ que os tiene tan preocupados pero que no sabéis como decirle que la cosa se le está yendo de las manos sin acabar discutiendo y de mal rollo. Pues bien, para aclararnos un poco en qué punto debéis realmente sentiros preocupados por ese colega y cuál es la mejor estrategia para ayudarle a abandonar el consumo irresponsable de hasta el agua de los floreros, hemos contactado con la coordinadora del proyecto Energy Control (ABD), Núria Calzada.

En los grupos de amigos en los que se produce el consumo ya se tiene un instinto para detectar si alguno de sus miembros tiene un problema. Aun así, es importante que estén atentos a si se consume cada vez en mayor cantidad o periodos más largos, si la persona tiene el deseo de reducir ese consumo pero no lo consigue o, directamente, la relación con la sustancia le ocupa gran parte del día a día”, explica Núria que, en este último punto, señala la aparición del ‘trapicheo’ como síntoma más claro de la dependencia de esta persona y que puede provocar otros problemas derivados.

Pero, más allá de la detección del problema (algo que suele estar bastante claro), la verdadera dificultad es enfrentarlo. Desde su punto de vista, las intervenciones forzosas del tipo avisar a los padres sobre el consumo o dar ultimátums o, incluso, recomendar el internamiento en una clínica de desintoxicación no suelen dar buenos resultados. En realidad, comenta Núria, el mejor método para frenar una adicción es “analizar cada caso concreto y encontrar la carencia que empuja a esa persona a un abuso de la sustancia”. Es decir, atacar al raíz del problema y no sus efectos porque “volverán a caer”.

El paraíso de las ratas

“Muchas veces culpabilizamos a la sustancia y centramos nuestra atención en ella, pero la realidad es que el abuso puede venir porque simplemente esa persona se siente sola aunque esté rodeada de personas, que la droga sea su manera de escapar, etc.”, apunta Núria quien para ilustrar esta idea no duda en echar mano del experimento de ‘la caja de ratones’ llevado a cabo por el psicólogo Bruce Alexander en la década de los 70 y que inspiró a Johann Hari a publicar el libro Chasing The Scream: The First and Last Days of the War on Drugs.

En esencia, lo que Alexander consiguió en el laboratorio y lo que Hari contó a medio mundo a través de una reveladora conferencia de TEDTalk casi cuatro décadas después, es demostrar que nuestras adicciones tienen más que ver con nuestra felicidad personal que con un proceso físico. Para ello, el científico encerró en una caja a una rata a la que se le ofrecían dos botellas de agua: una completamente normal y otra con droga diluida. El resultado siempre era que la rata acababa creando una adicción y muriendo por sobredosis.

Sin embargo, Alexander repitió el experimento dotando de aquella rata de una especie de ‘edén’ para las ratas. En el Rat Park, así lo llamó, el roedor tenía otras ratas con las que interactuar y practicar sexo, toda la comida que quisiera, juguetes y mucho espacio para pasear, además de las dos botellas del experimento anterior. Como era de esperar, ninguna rata acabó volviéndose adicta a la botella con droga diluida (si bien consumían esporádicamente) y ninguna de ellas murió por sobredosis. Es más, las ratas enganchadas lo acababan dejando.

La verdadera droga es otra

De la manera más simple, Alexander había probado que la felicidad es una droga mucho más potente que la cocaína, el cannabis o el alcohol y que, lo que realmente decide si te vas a ‘enganchar’ o no a algo (ya sean drogas, pornografía o redes sociales), será lo bien que te sientas en tu ‘jaula’ particular, es decir, en tu vida. Como bien dijo Hari, que por algo consiguió un best seller con su libro: “El verdadero remedio para la drogadicción está en rodear a los adictos de un entorno social positivo”.

Una imagen original del Rat Park ideado por Bruce Alexander.

Es por eso que ‘pegar la chapa’ al amigo, que además ya sabe que tiene una adicción, o amenazarle con avisar a sus padres, familiares o quien sea, solamente aumentará su malestar y le empujará más hacia el consumo. Por ello, Núria recomienda “hacerle entender que vuestra preocupación por su consumo nace de la importancia que tiene esa persona y su amistad en vuestras vidas, que si os necesita os tendrá para lo que sea y que no tiene por qué sentirse solo porque vosotros estáis allí para él”.

Está claro que cada persona tiene su ritmo para poner en orden la ‘jaula’ de su vida  y que estar ahí para alguien que lo está pasando mal no es un camino de rosas, pero no dejar que nuestro amig@ se hunda (o se aísle aun más por causa de esa adicción) es la única manera de ayudarle. Como concluyó Hari al final de su charla TED, “lo opuesto a la adicción no es la sobriedad, es la conexión”. Pues eso, no dejes que ese amigo desconecte de vuestro grupo, la única manera de desengancharlo es que se reenganche a vuestra amistad.