Lo Que De Verdad Hay En Esa Lata De Comida Envasada Que Te Zampas Por Pereza A Cocinar

Tenemos la despensa llena de latas de conservas. Son asequibles y muy cómodas y más de una noche han sido nuestra salvación cuando la pereza nos vence y un bocadillo de mejillones en escabeche nos parece una cena de lo más digna. Pero, ¿son realmente seguros los alimentos enlatados? ¿Qué pasaría si tuviéramos que alimentarnos sólo de latas de conservas?

Afortunadamente España aún no ha entrado en alerta terrorista máxima como para tener que abastecerse de víveres a cascoporro. Tampoco se acerca, de momento, el Apocalipsis Zombie. Así que no hay motivo por el cual tengamos que encerrarnos en casa y sobrevivir a base de sopa enlatada.

Pero ¿y si tuviéramos que hacerlo? ¿Pasaría algo? Seguramente no, a corto plazo. Numerosos estudios confirman la inocuidad de los alimentos enlatados. De hecho, las latas no son más que envases que protegen a los alimentos frente a una larga conservación. Desde el Centro de Información de la Conserva Enlatada (CICE) informan de que “la fecha de consumo preferente indica hasta cuándo el producto se encuentra en sus condiciones óptimas de consumo en cuanto a sabor, textura y presencia”, pero que una vez superada la fecha “el producto no tiene por qué volverse peligroso”.

Las conserveras defienden que los productos enlatados no son más que recipientes herméticos que, tras someter al alimento a un proceso térmico para destruir los microorganismos e inactivar las enzimas, forman un vacío que impide la entrada de bacterias manteniendo el contenido estéril. Sin embargo, no en pocas ocasiones se abusa de los aditivos para compensar la pérdida de color o aroma tras el proceso de pasteurización o esterilización. Además de la pérdida de vitaminas que sufren los alimentos al someterse a altas temperaturas. En algunos tipos de conservas también se añade sal como conservante y este exceso de sodio frente a los alimentos frescos puede ser perjudicial en personas que sufren hipertensión. Vamos, nada que ver con comerse un tomate recién cogido del huerto. Pero las contraindicaciones de alimentarse a base de latas no solo tienen que ver con la pérdida de nutrientes.

Miquel Porta Serra, catedrático de salud pública de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor del libro "Nuestra contaminación interna. Concentraciones de compuestos tóxicos persistentes en la población española", no ve “a corto plazo efectos negativos para la salud” relacionados con el consumo de productos enlatados. “A largo plazo, es de sentido común que no es saludable comer durante años y muchos días al mes comida enlatada: no tanto por los compuestos químicos artificiales que puedan contener algunas latas, sino porque todo el mundo conoce los beneficios de comer alimentos frescos”, advierte el experto.

Lo que está demostrado que es perjudicial para la salud de las personas son algunos “compuestos químicos artificiales (no existentes en la naturaleza) que a menudo forman parte de las lacas y otros recubrimientos del interior de las latas”. El compuesto tóxico más conocido es el bisfenol A (BPA), un disruptor endocrino; o en cristiano: “una sustancia artificial que imita a las hormonas naturales del hombre y perturba el funcionamiento de funciones hormonales esenciales”. La exposición crónica al BPA contribuye a causar diabetes, como apunta Miquel. Y ha sido vinculado a enfermedades cardiovasculares y obesidad.

Una investigación llevada a cabo por la Escuela de Salud Pública de Harvard confirmó el aumento de más del 100% de concentraciones de BPA en la orina de los voluntarios que consumieron sopa enlatada durante cinco días, frente a la ausencia de este compuesto durante los días en que se alimentaron de sopa natural.

Miquel Porta Serra considera que las latas de conservas en sí mismas “no son nocivas”, pero “consumir mucha comida enlatada sí puede suponer una exposición continua a tóxicos no persistentes. Por eso las empresas más responsables e innovadoras buscan sustitutos a esos compuestos tóxicos”.

En 2010 Canadá fue el primer país que declaró el BPA una sustancia tóxica. También numerosos estados de EUA han restringido su uso, en la Unión Europea se prohibió en los biberones infantiles y Francia no permite su uso en plásticos destinados a estar en contacto con alimentos por la posibilidad de que se transmita a la comida y de ahí a las personas.

La prohibición en el país vecino ha hecho que algunas empresas españolas estén optando por elminar el BPA de sus envases, cambio positivo que apuntan desde la Fundación Vivo Sano, que ha elaborado un informe para conocer la posición de las empresas del sector al respecto. Desde la fundación, no obstante, señalan que de las 101 firmas españolas contactadas para la encuesta solo 28 respondieron, lo cual da una idea de la falta de transparencia y la poca predisposición de las empresas de mantener al consumidor informado acerca de la presencia de compuestos tóxicos como el BPA en los recipientes en contacto con alimentos.

Al final, la recomendación es clara: lo más seguro siempre será consumir alimentos frescos, y si hay que comprar conservas, decantarnos por las que vengan en envases de vidrio. Si compramos latas, descartar las que tengan golpes, ya que esto puede significar que hay grietas o fisuras que permiten la entrada de bacterias. Y si al abrir una lata no acabamos todo el contenido, debemos pasar rápidamente el alimento a otro envase y guardarlo en la nevera, ya que el contacto entre el alimento, el metal y el oxígeno puede provocar la aparición óxido.